Casta

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Péndulo político Franz Flores Castro 05/09/2023 00:05
Hoy se habla mucho de casta en alusión a las élites políticas que gobiernan varios países de América Latina
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Hoy se habla mucho de casta en alusión a las élites políticas que gobiernan varios países de América Latina. Este término fue popularizado por el político Javier Milei, que habla de una “casta maldita hija de puta” para referirse a quienes gobernaron Argentina en los últimos 70 años. Pero también fue el calificativo que el conocido sociólogo boliviano René Zavaleta daba la élite boliviana, fue un capítulo de sus 50 años de Historia, titulada “Los indios y la casta maldita”. 

¿Qué es una casta? ¿Cómo se forma? ¿Qué rasgos tiene? y ¿por qué es inevitable en nuestro continente?

Una casta se puede definir como un grupo pequeño de personas que medran a la sombra del Estado. Un rasgo de ellas es que permanecen en el poder aun cuando hayan cambiado los partidos a cargo del gobierno. Zavaleta decía que la misión del MNR en 1952 fue la de convertir a la casta oligárquica y premoderna en burguesía, aunque para esto tuvieran que aceptar a las masas en el poder político. Los mismo podría decirse del MAS, que mantuvo los privilegios de la banca y la agroindustria a cambio de que ellos acepten una nueva élite política, y compartan riqueza y privilegios con la burguesía cocalera, comercial y cooperativista. Esto quizá respalde la hipótesis que el MAS no representa un cambio político ni económico, sino un cambio en la composición de la élite boliviana.

Esto sucede por dos razones. La primera tiene que ver con los partidos políticos como instituciones oligarquizadas, tiranas, corruptas y nada afectas a la democracia interna. Si bien los partidos son imprescindible en todo orden democrático a la larga construyen élites cerradas que impiden el ingreso de grupos renovadores. En 1912, el politólogo Moisei Ostrogorski, señaló que los partidos políticos no agrupaban servidores de la ciudadanía, sino amos de la voluntad popular. Tenía razón. El MNR en su momento, así como el MAS en la actualidad, llegaron al poder aupados por sectores de trabajadores y campesinos, pero ya en la cumbre estatal funcionalizaron a estas organizaciones para sus objetivos de ampliar su estancia e impunidad en el poder. 

La segunda razón tiene relación con la debilidad del Estado que, expresada como ausencia de institucionalidad, facilita que los gobiernos construyan un aparato patrimonialista y clientelar que colabora en su objetivo de entornillarse en la silla gubernamental. Como el Estado no puede imponer sus proyectos y autoridad, al pactar con los grupos de poder económico, logra que sus intereses de casta se mantengan. Sólo como ejemplo: el gobierno del MAS acordó con los cooperativistas mineros desde 2006, que paguen exiguos impuestos, se puedan aliar con capitales transnacionales y exploten minerales a costa de dañar el medio ambiente y destruir el patrimonio histórico. Como resultado, tenemos a un gobierno que goza del respaldo político de un grupo de alto poder electoral y de presión social (miles de mineros con dinamita en las calles y los caminos), grupo al que, literalmente, se le permite todo. 

Por otro lado, la casta suele perder la noción de la realidad. En su momento más delirante desprecia el sentido común y la cordura en el manejo de sus propios intereses. Hoy la disputa interna entre evistas y arcistas tiene los rasgos de ser, a la vez, comedia, tragedia y drama. Comedia: los silletazos que se propinan entre facciones cada vez que intentan llevar a cabo una reunión. Tragedia: el uso de instituciones como el poder judicial y el Tribunal Electoral para que fallen o tomen determinaciones a favor de una u otra facción. Drama: el anuncio de la facción evista de trasladar su odio del arcismo a la totalidad del país con bloqueo de caminos y calles. 

La buena noticia es que la élite, rosca, casta (como se la quiera llamar), no es eterna. La misma puede ser removida por la senda electoral o por las vías no institucionales (la primera es la deseable, por supuesto), abriendo un nuevo campo de posibilidades para la redemocratización de la política. Empero, el riesgo de crear una nueva casta siempre estará vigente mientras tengamos un Estado con escasa autonomía respecto de los grupos de poder. Desgraciadamente, en América Latina la casta no desaparece sólo se transforma.  [P]

 

Franz Flores Castro, Politólogo

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