“La democracia está en crisis cuando los puños, las piedras o las balas reemplazan a los votos”
Adam Przeworski es un destacado politólogo e investigador infatigable de las democracias contemporáneas. Tiene origen polaco aunque actualmente es estadounidense. Es profesor titular en el Wilf Family Departamento of Politics de la Universidad de Nueva York. Tuvo estadías académicas en la India, Chile, Reino Unido, Francia, Alemania, España y Suiza. Hasta la fecha es autor de 13 libros y numerosos artículos. Y se podría decir que los títulos de sus últimas obras dialogan entre sí. La una pregunta ¿Qué esperar de la democracia? Y la reciente le responde: Las crisis de las democracias. Este será el tema precisamente de esta entrevista.
PREGUNTA. Acaba de publicar un libro bajo el sugestivo título Las crisis de las democracias, antes de entrar en el corazón del asunto, ¿qué debemos entender por “crisis”?
RESPUESTA. La palabra “crisis” proviene del griego antiguo, idioma en el cual significa “decisión”. Las crisis son situaciones que no pueden prolongarse en el tiempo, en las que algo debe decidirse. Surgen cuando el statu quo se vuelve insostenible, pero aún nada lo ha reemplazado.
P. Es decir, ¿las crisis marcan la posibilidad de un cambio de timón?
R. Las crisis, entonces, son situaciones que entrañan algún tipo de catástrofe en la condición en la cual imperan las actuales instituciones: no hay cambio alguno, pero podría haberlo.
P. ¿Cuáles son las señales visibles de que la democracia está en crisis?
R. Las señales visibles de que la democracia está en crisis incluye la pérdida repentina de apoyo a los partidos establecidos, desconfianza popular en las instituciones democráticas y en los políticos, conflictos manifiestos en las instituciones democráticas o la incapacidad de los gobiernos para mantener el orden público sin recurrir a la represión.
P. ¿Y su fase más aguda?
R. Quizá la señal más tangible de una crisis sea el derrumbe del orden público: en palabras de Linz, “las crisis más graves son aquellas en las cuales se vuelve imposible mantener el orden público en el marco de la democracia”. La democracia se encuentra en crisis cuando los puños, las piedras o las balas reemplazan a los votos.
P. ¿Y qué pasa con la oposición?
R. O bien quienes gobiernan no le dan a la oposición la posibilidad de removerlos de sus cargos y, por ende, a esa oposición no le queda otra opción que la resistencia, o bien la oposición no reconoce la legitimidad del gobierno y el gobierno se defiende reprimiendo, o bien grupos antagónicos no aceptan el resultado del juego institucional de intereses y recurren a las confrontaciones directas, a menudo violentas.
P. ¿Cómo saber si una democracia deja de serlo?
R. Existen algunos casos en el que el derrumbe de la democracia es manifiesto y está marcado por algún por algún suceso discreto, episódico, pero hay otros en los que el sistema democrático se desliza por una pendiente continua, de modo que no sólo no se cuenta con marcadores discretos, sino que además es posible disentir, con razón, respecto de si un régimen particular sigue siendo democrático o si ya pasó el punto de no retorno.
P. Y a contraria, ¿cuándo funcionan las democracias?
R. La democracia funciona correctamente cuando las instituciones políticas estructuran, absorben y regulan los conflictos que pueden surgir en la sociedad. Sin embargo, ese mecanismo sólo funciona bien si lo que está en juego no es demasiado, si perder una elección no constituye un desastre y si las fuerzas políticas derrotadas cuentan con posibilidades razonables de ganar en el futuro.
P. O sea, ¿el riesgo son partidos profundamente ideológicos?
R. Cuando estos partidos llegan al poder, procuran eliminar obstáculos institucionales con el fin de consolidar su ventaja política y ganar discrecionalidad en la elaboración de políticas, la democracia se deteriora o “retrocede”.
P. ¿O el mayor riesgo es cuando el gobierno simula ser democrático?
R. Esta perspectiva resulta inquietante porque el proceso no necesariamente implica violaciones a la constitucionalidad y, a la vez, cuando la autocratización sigue una trayectoria constitucional, cuando el gobierno se cuida de preservar la apariencia de legalidad, los ciudadanos carecen de un motivo para coordinar su resistencia. [P]
La parábola de la rana en la olla
R. El enigma inherente a la destrucción de la democracia por un proceso de autocratización radica en de qué modo es posible que un estado catastrófico del mundo pueda ser provocado gradualmente mediante pequeños actos frente a los cuales las personas que se verá afectadas por ese estado no reaccionan a tiempo. Según reza la parábola de la rana en la olla, si una rana es sumergida de pronto en agua hirviendo, saltará; pero si se la coloca en agua fría, que luego se calienta en forma paulatina, el animal no percibirá el peligro y será cocido hasta morir.
P. ¿El peligro entonces radica en qué no es posible a ciencia cierta detectar ese pase de régimen?
R. En un contexto más amplio, un abogado constitucionalista llega a la conclusión de que “es difícil detectar un punto de inflexión durante los sucesos: no hay una única ley, decisión o transformación que parezca suficiente para dar la voz de alerta; sólo advertimos ex post que la línea que divide la democracia liberal de una falsa democracia ha sido superada: los momentos-umbral no se ven como tales cuando vivimos en ellos”. [P]
ACLARACIÓN: El antireportaje es una técnica periodística que consiste en simular una entrevista a un personaje público a través de extractos textuales de unos o varios de sus libros para así socializar su pensamiento.