Este domingo son las elecciones presidenciales en la Argentina, a decir de muchos, es la elección del siglo. Ciertamente es una elección atípica, con variables muy interesantes desde el punto de vista del análisis político. Ha suscitado un gran interés a nivel regional y también en otras latitudes del mundo. Compiten tres fuerzas, cuyos resultados en las elecciones PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), han configurado un escenario de infarto, triple empate, como diría un otrora político boliviano en la década de los 90s.
Para entender la política argentina, principalmente desde la segunda mitad del siglo XX, es preciso conocer medianamente la historia del Partido Justicialista (1945), a su líder fundador, Juan Domingo Perón, y, a lo que posteriormente sería la corriente política más extensa y arraigada en la argentina: el peronismo. El peronismo de impronta populista y matriz sindical, aún pervive casi religiosamente en el pensamiento y sentimiento de una gran parte de la población argentina.
“Han configurado un escenario de infarto, triple empate, como diría un otrora político boliviano en la década de los 90s”
La historia argentina del siglo XX está plagada de dictaduras al igual que muchos países de la región, por efecto de la polarización global después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), donde Latinoamérica quedó bajo la égida norteamericana y la implantación sistemática de gobiernos de facto. Fue recién en 1983, con Raúl Alfonsín (1983-1989), que Argentina retornó a la democracia de forma ininterrumpida. A partir de ese momento, la corriente peronista se fue rearticulando y potenciando, hasta alcanzar el brío esperado en el siglo XXI con la era Kirchner. Primero Néstor Kirchner (2003-2007) y luego su esposa Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011 y 2011-2015).
El siglo XXI marca otra historia, y a horas de conocer los resultados finales de las elecciones argentinas, veamos el escenario actual. Entre la corriente de centro derecha, Juntos por el Cambio (JxC), cuya candidata es Patricia Bullrich, y la corriente kirchnerista de Unidos por la Patria (UP), con Sergio Massa como candidato, irrumpe como un tren, un tercero, llevándose todo por delante, un liberal libertario químicamente puro: Javier Milei.
Muy conocido en Argentina, por sus intervenciones vehementes e histriónicas en programas de televisión, pero al mismo tiempo, con un sólido bagaje de conocimientos particularmente en economía. Su crítica frontal a las políticas de izquierda, a las cuales acusa de haber llevado a la ruina al país más rico del mundo a principios del siglo XX, es su mantra. Sin complejos ni recato, el libertario, aborrece al peronismo, aduciendo que son los responsables de la decadencia moral argentina; sin embargo, a la hora de definir a la casta política, no hace diferencias, para él, todos los políticos son unos “chorros” (ladrones), que independientemente de si son de izquierda o derecha, son lo mismo.
La potencialidad de Milei, hasta hace unos tres años, no era tomada en serio, era un showman que generaba altos ratings para regocijo de los medios de comunicación. Pero Milei, un hombre extremadamente inteligente (poco se habla al respecto), al mismo tiempo que fue utilizado por los medios, él también se sirvió de ellos (win-win), al punto de estar a “cinco minutos de ser presidente” (Feinmann, 2023). Una de las cosas más notables de este proceso electoral, es que cuando el “establishment” (Conjunto de personas, instituciones y entidades influyentes en la sociedad que procuran mantener y controlar el orden establecido), se percataron de que el libertario tenía serias posibilidades de ganar la presidencia, comenzaron una “operación de demolición” desde todos los frentes (Fantino, 2023). Los ataques a Milei fueron sin contemplaciones, no pasó ni un día en el que no le pegaran con todo y por todo. Que si habla con su perro, que si está enamorado de su hermana, que si es misógino y tantos otros.
“Los ataques a Milei fueron sin contemplaciones, no pasó ni un día en el que no le pegaran con todo y por todo. Que si habla con su perro, que si está enamorado de su hermana, que si es misógino y tantos otros”
Pero no funcionó. Los ataques en un país con más del 100% de inflación, más de 1000 pesos por dólar, precios por las nubes, salarios miserables y una inseguridad aterradora, sólo auparon más a Milei, muchos llaman a eso el voto “bronca”, en tono despectivo. La “casta tiene miedo” (Milei, 2022) y trata de protegerse, pero el libertario podría ganar; sin embargo, nada está dicho, quien ha literalmente votado la casa por la ventana en plan de dádivas, regalos y prebendas con recursos públicos, en un último intento por conservar el poder, es el oficialista Sergio Massa. Para propios y extraños, resulta inaudito que la fuerza oficialista, a pesar de ser la causante del descalabro argentino, aún esté en la lucha y con las probabilidades de ganar intactas, además de estar haciendo una gran campaña, sí, como lo oye, una gran campaña. Objetivamente, Massa tiene todo en su contra y, aun así, está dando una dura pelea. A eso nos referimos que la fuerza del peronismo, es un verdadero culto religioso.
Más allá del aspecto rockero de Milei, su carácter explosivo y sus declaraciones incendiarias, el libertario no se va con chiquitas. Terminar con la inflación, dolarizar la moneda, eliminar el Banco Central, modificar el Código Penal, achicar el tamaño del Estado, quitarles el financiamiento a los medios de comunicación (pauta) y revisar sus relaciones con los países comunistas, son tareas tan complejas como inalcanzables, en razón de que no cuenta con un Escudo Legislativo (menos de un tercio de representantes en el congreso), y quizás no le alcance el Escudo Popular (Malamud, 2023). Desde un inicio estaría condicionado a factores y actores externos.
Ante una eventual victoria de Milei (probablemente en segunda vuelta), a nivel regional, el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla pierden un miembro, y con la victoria del anticorreista Noboa en Ecuador, su influencia se vería mermada. Pero las grandes dudas surgen: ¿cómo va llevar adelante su política económica?, ¿aplicará el shock o el gradualismo?, ¿cómo será su relación con Brasil o China? A pesar de sus posturas radicales, Milei actúa como gerente, descentraliza las tareas y decisiones, y en lo que respecta a la política exterior, en caso de ganar, su ministra de Relaciones Exteriores, Diana Mondino, es una señal de tranquilidad, coherencia y realismo que podría ponerle un cable a tierra al libertario.
Para el gobierno boliviano, Milei no serían buenas noticias, es un declarado crítico del evismo y por ende de la línea izquierdista boliviana
Para el gobierno boliviano (que no es lo mismo que Bolivia), Milei no serían buenas noticias, es un declarado crítico del evismo y por ende de la línea izquierdista boliviana, la política exterior en materia de seguridad y narcotráfico se vería endurecida y reforzaría la lucha en coordinación con Estados Unidos. Su vicepresidente, Victoria Villarroel, también es rígida en este apartado. Por otra parte, dificultaría las relaciones comerciales y avanzaría en una política agresiva en el plano hidrocarburífero (Vaca Muerta), desplazando en gran medida a Bolivia. Finalmente, cambiaría completamente el eje, virando a Estados Unidos, Europa e Israel (Occidente). En materia económica, en caso de dolarizarse, cosa que recién se produciría en 24 meses, los productos argentinos podrían encarecerse, disminuyendo la boyante labor del contrabando para Bolivia.
Y si es Bullrich, podría ser un factor de mayor estabilidad, tiene un ánimo concertador, dentro y fuera de la Argentina, con Brasil la relación podría ser muy pragmática, con China es muy probable que profundice las relaciones comerciales, y a diferencia de Milei, el MERCOSUR es una prioridad. En el plano legislativo, cuenta con una bancada y presencia territorial importante, por tanto, se la percibe con mayor peso específico; pero sola, no podría.
Ahora bien, si gana Massa, se habrá consumado una de las afirmaciones de Jaime Bayly (reconocido periodista peruano): “Los argentinos, son autodestructivos”. [P]
Franklin Pareja, politólogo