El siglo que vivió Kissinger

El siglo que vivió Kissinger

Péndulo político Javier Viscarra Valdivia 11/12/2023 02:16
Henry Kissinger, secretario de Estado de los Estados Unidos, diplomático y autor de diversos libros en el campo de las relaciones internacionales, falleció a los 100 años. Se trata de uno de los diplomáticos más importantes del siglo XX. Sus logros son variados, controvertidos y de estruendo planeta
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Son las 3 am del sábado, un avión llega al aeropuerto de Ovda, en Eilat, Israel. De su interior desciende Henry Kissinger (HK), para sostener un encuentro con Netanyahu, el líder israelí, en una sala espacialmente apartada y acondicionada para la crucial conversación sobre la situación en la Franja de Gaza.

Unos 10 minutos después, en las redes aparece la fotografía difusa del ahora asesor de Estados Unidos para asuntos de Medio Oriente, HK. Las redes explotan en todo el mundo, dejando al descubierto el encuentro que pretendió ser secreto.

De este relato ficticio, lo único evidente es que en la actualidad es muy improbable mantener en secreto una reunión de esa magnitud, además de que el maestro de la diplomacia ya descansa en paz hace algunas semanas.

Cabe preguntarse entonces, si todo el éxito de las misiones secretas del judío alemán, convertido luego en uno de los personajes más importantes de la política exterior de los Estados Unidos de fines de los años 60 hacia adelante del siglo pasado, habría sido posible en los modernos tiempos que corren.

Una reflexión muy cercana a esta le fue expuesta por Hilary Clinton, la fallida candidata presidencial demócrata, comentario que hacía referencia al descomunal crecimiento de la tecnología en comunicaciones. Claro que el chascarrillo sólo arrancó unas sonrisas entre ambos, muy al estilo de ese HK cuando no quería emitir comentarios comprometedores.

Sin embargo, para los fieles admiradores de HK, toda la ficción relatada aquí, sí habría sido posible. Él habría ideado algo inédito, volcando la misma tecnología para sus propósitos, creando un sistema que le permitiera dialogar “en secreto”.

Sin duda, la figura de HK fue descollante en toda la época de la llamada Guerra Fría, en el auge del espionaje y el contra espionaje del que él era una máquina de crear escenarios, siempre reales.

Su habilidad le llevó a crear un insólito sistema de escucha en la Casa Blanca del cual salió sin polvo en las mangas, porque siempre había un hombre fusible. En este caso era James Dean, clave en el sistema de escuchas.

Y es que el trabajo de HK estaba más allá de la creación de ese entramado de espionaje telefónico, tanto que los supuestos objetivos sabían perfectamente que estaban siendo grabados. Esto hace suponer que muchas de las conversaciones fueran especialmente armadas para que los escuchas las utilicen con un fin específico.

La guerra del Vietnam

La mancha negra en la historia contemporánea de los Estados Unidos es la guerra del Vietnam, no sólo porque perdieron y tuvieron que salir de Saigón un 30 de abril de 1975 perdiendo los zapatos, sino por toda la secuela que dejó esa guerra librada entre una selva tupida, túneles inesperados y un enemigo que se movía de una forma muy poco convencional.

Las imágenes de la salida de las tropas y civiles norteamericanos de lo que hoy es Ho Chi Minh, siguen provocando angustia a los ciudadanos estadounidenses, que aún se preguntan el porqué de la participación de Estados Unidos a costa de decenas de miles de muertos.

El lastre de la incursión en Vietnam dejó muchas víctimas y no únicamente los casi 60 mil caídos en combate, sino los innumerables “Rambos” que hoy todavía sufren el trauma de la guerra.

Pero HK estaba por encima de todo ese sufrimiento, le importaba ganar, hacer prevalecer la hegemonía de Washington en el mundo. Por ello muchos lo han calificado como un hombre que en el tratamiento de la política exterior había perdido todo escrúpulo o nunca lo tuvo.

Aplicó la realpolitik (El realismo político) en toda su magnitud, porque primero estaban los intereses estadounidenses. Es justamente en este periodo donde surgió la dicotomía amigo-enemigo, sin términos medios. El maestro de la política tomó decisiones prácticas con base en la realidad y muchas veces sin apego a normas morales. HK no era partidario de utilizar constructos abstractos.

Entre los estudiosos de la vida de Kissinger, siempre se ha especulado sobre si fue él o no, el que dio la orden de filtrar la información del bombardeo a Camboya en marzo de 1969 y que provocó una notable extensión del conflicto. La “Operación Manu” como se conoció ese ataque se mantuvo en secreto por un año, hasta que Washington reveló los detalles, aparentemente sin autorización de HK que, para entonces, era asesor de seguridad del gobierno de Richard Nixon. 

Nunca quedó claro si realmente fue él quien autorizó que se divulgue esa información, pero sí está claro que una de sus especialidades fue la de manejar con astucia la información sobre la guerra.

Apenas hubo insinuaciones, como las del periodista Willam Besher, que puso en el debate el tema de los escrúpulos en la política, pero nunca se atrevió a señalar directamente al asesor presidencial.

Hasta el FBI intervino la intimidad de los más cercanos de Nixon y del propio Kissinger para conocer el sistema de escuchas. Y aunque estas investigaciones molestaron mucho, nunca se pudo establecer certezas. 

El bombardeo a Camboya fue lo más arriesgado que promovió HK apenas comenzada su carrera en la Casa Blanca, después de asumir la responsabilidad de la seguridad nacional en la administración Nixon, dejando atrás una vida dedicada a la academia en Harvard de donde era un reconocido profesor en el área de las Relaciones Internacionales. Le tocaba pasar de la teoría a la práctica y vaya que lo hizo con fuerza.

Después la dupla Nixon - Kissinger siguió buscando la forma de parar la guerra que Kennedy y Johnson habían iniciado, pero a pesar de los viajes hasta la misma zona del Vietnam, los esfuerzos eran inútiles.

Con China

Uno de los pasajes que consagró el manejo político de Kissinger fue su viaje a la China en 1971, donde llego a su estilo, sin fanfarrias ni anuncios. Más bien en secreto. Su periplo fue por la India y Pakistán, hasta llegar al mismísimo Pekín, donde se entrevistó con el líder chino, Mao Zedong.

Como por arte de magia o arte de Kissinger, las relaciones que estuvieron congeladas por dos décadas se abrieron y un año más tarde Nixon recorría el camino que había construido su más cercano colaborados en política exterior.

Este acercamiento entre Estados Unidos y China fue clave en un momento crucial de ese mundo bipolar que siempre amenazaba con el botón nuclear, para acabar en una catástrofe. La movida de HK en China abrió un espacio entre Moscú y Pekín y con ello, se disiparon los fantasmas de una guerra.

El 21 de febrero de 1972, Nixon llegaba a Pekín, en una visita que parecía impensable décadas antes. En Pekín lo esperaba el jefe del gobierno chino, Zhou Enlai.

Lo inimaginable ocurría ante los ojos del mundo, después de que en 1954 el entonces secretario de Estado, John Foster se había negado a saludar a Zhou Enlai en la Cumbre de Ginebra, hecho que había llevado a la frialdad las inexistentes relaciones diplomáticas por más de 20 años.

Este encuentro no fue fugaz, duró una semana y tuvo la virtud de cambiar el curso de la Guerra Fría. La cabeza creadora de todo esto, HK.

Pero el docente de Harvard en plena acción, no se queda en China, en 1972 viaja a Moscú, en medio de los ataques a Hanoi y Camboya que torna muy ríspido el encuentro en la capital soviética. Sin embargo, en una reunión a puerta cerrada entre Leonid Brézhnev y Henry Kissinger se allanan los caminos.

Los discursos que trascendieron de ese episodio son, sin embargo, muy duros desde el Kremlin con EEUU, pero luego del protocolo. Ya en la cena, plagada de manjares rusos, corrió mucho vodka y aunque HK no bebía, pues tenía la teoría que la sobriedad era una ventaja, se distendieron las relaciones bilaterales y otra vez HK se ufanaba de una victoria diplomática.

Poco después se produce la retirada de Vietnam y la reducción de las ojivas nucleares, algo que había tejido muy bien Kissinger. La famosa diplomacia del coctel que tanto se critica en Bolivia, había tenido su efecto y la realpolitik se asomaba victoriosa. Casi era el fin de la Guerra Fría.

El comportamiento de Kissinger según sus propios colaboradores no estaba regido por sentimientos o principios éticos. Los Estados se comportan de manera diferente, precautelan sus intereses, negocian y tienen relaciones hasta con sus más acérrimos rivales. Solo en Bolivia se entiende la diplomacia como el encierro a causa de intransigentes posiciones ideológicas. 

El Nobel de la Paz

La paz de Vietnam se firmó el 27 de enero de 1973 en la ciudad de París, Francia. Acudía a la firma el Secretario de Estado de Estados Unidos, Willam Rogers, pero tras bambalinas y manipulando toda la cita estaba HK.

Evidentemente, Estados Unidos perdió la guerra, pero Kissinger ganó el premio Nobel de la Paz. Más adelante debió ir a recoger su distinción hasta Oslo en Noruega, pero enterado que lo recibiría una masa furiosa de los anti guerra, prefirió encomendar el recojo de la estatuilla al embajador norteamericano en París.

La paz en Vietnam, sin embargo, no llegaría sino hasta abril de 1975 con una humillante retirada de las tropas estadounidenses y miles de civiles que se apiñaban por conseguir espacio en las aeronaves que decolaban de Saigón, entre los nervios y el llanto de los pasajeros.

Después vino el caso Watergate, pero Kissinger, fiel a su estilo hizo un pase de torero, casi una verónica, dejando pasar el escándalo lejos de su figura.

INFLEXIÓN

“Este acercamiento entre Estados Unidos y China fue clave en un momento crucial de ese mundo bipolar que siempre amenazaba con el botón nuclear, para acabar en una catástrofe

Con Latinoamérica

Kissinger miraba con preocupación a Latinoamérica, por el supuesto fantasma del comunismo. No estaba equivocado, quizá desde su tumba hoy estaría mirando el giro que dio el mundo y los nuevos enfoques del socialismo que se presentan, aunque más que socialismo, un fantoche de esa ideología y sí, más bien, un claro populismo convenientemente maquillado como socialismo del siglo XXI.

Con Chile, Kissinger pensaba que Salvador Allende podía convertirse en un nuevo Fidel Castro y por ello también promueve diversas actividades encubiertas. El bombardeo del Palacio presidencial de Chile fue el comienzo de la debacle se ese experimento en el país vecino, por lo menos hasta ese tiempo.

El mandato de Kissinger terminó en 1977, pero su influencia perduró. Incluso fue llamado por el presidente George Bush para analizar el caso 11 de septiembre.

En su vida personal tuvo también devaneos notables. Decía, si eres poderoso eres atractivo. Muchas veces se lo vio rodeado de lindas mujeres y en segundas nupcias se casó con una de ellas.

Si usted se ocupa únicamente de los elementos de una situación actual está condenado al estancamiento y sólo llegará a conocer dificultades, no oportunidades que conduzcan a los límites de la capacidad de una sociedad.” Decía Kissinger. [P]

 

Javier Viscarra Valdivia, abogado, periodista y diplomático

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