El MAS no tiene líder

El MAS no tiene líder

Péndulo político Franklin Pareja 23/04/2024 17:40
“El drama masista se acentúa porque nadie logró sustituir el otrora liderazgo de Morales. El actual Presidente (Luis Arce), está muy lejos de ser un líder, no tiene luchas sociales.”
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El 12 de noviembre de 2019 el MAS perdió a su líder. Evo Morales después de renunciar a la presidencia por el escandaloso proceso electoral, se marchó del país en una aeronave del gobierno mexicano, enviada a Bolivia por orden del presidente Andrés Manuel López Obrador. No es propósito de este artículo analizar si fue fraude o golpe. 

La arista en cuestión recala en el hecho de que, de un día para otro, ese hombre supuestamente corajudo, valiente, capaz de hacer frente a todo y a todos, que además muy entusiastamente acuñó y obligó a las fuerzas armadas de su país a repetir la frase “patria o muerte”, simplemente huyó, dejando a toda su base social desconcertada. Ese día es crucial en la vida política del MAS, porque su líder supremo, semidiós e invencible, huyó con lágrimas en los ojos, acompañado de su consorte también compungido.

Claramente las cosas no le salieron bien al autócrata, porque la orden en ese momento (a decir de legisladores masistas de esa época), fue que renunciaran todos, no sólo los presidentes y vicepresidentes de las dos cámaras, sino todos. Y claro, la negativa de la otrora bancada masista fue rotunda, de tal manera que ejercieron sus funciones de manera constitucional con el nuevo gobierno. El “shock” duró un tiempo, en principio parecía que el líder indiscutible debía ser comprendido (no entendido), había que ser tolerantes con él, al fin y al cabo, fue víctima. Así vendió Morales su situación, sin hacer mención jamás hasta el día de hoy, que su tercer mandato ya fue inconstitucional y su cuarto intento fallido, con el desconocimiento un referéndum incluido (21F), la gota que rebalsó el vaso y movilizó como nunca antes a una inmensa cantidad de bolivianos en los nueve departamentos, que no estaban dispuestos a seguir tolerando sus tropelías.

Ese día es crucial en la vida política del MAS, porque su líder supremo, semidiós e invencible, huyó con lágrimas en los ojos, acompañado de su consorte también compungido”.

Pero Morales huyó y dejó al MAS sin cabeza. Es innegable que todavía en el imaginario popular de una parte de los bolivianos, el hombre sea visto como una personalidad que deviene de un linaje de auténticos luchadores sociales (situación sobrevalorada); no obstante, independientemente de afectos o desafectos, no se puede negar que no fue un simple jefe, sino un genuino líder, un hombre cuya firmeza era a prueba de todo, capaz de seducir a propios y extraños, un hombre que se fue ganando la admiración y la aceptación no sólo del bloque popular, sino también de las clases medias y altas, es decir, un verdadero fenómeno policlasista. 

Hoy por hoy, las cosas han cambiado notablemente, de ser visto como un auténtico líder, ha caído a la categoría de simple mortal, antes, donde iba, lo arropaban con cariño, respetaban, admiraban y sobre todo lo querían, además, por si fuera poco, era como un “Rock Star”, las multitudes se arremolinaban en torno a él y extendían las manos con el simple deseo de tocarle. Cuando hablaba, cosa que le encantaba hacer, decía cosas interesantes, pero también una interminable cantidad de sandeces que, dado el romance que vivía con el pueblo en esos tiempos, le aceptaban en plan de broma, o sea, sus afirmaciones muchas veces absurdas y carentes de sentido (para utilizar un lenguaje diplomático), eran motivo de risa, no de descalificaciones. 

Así fue Morales, un hombre al que le aceptaban todo, al que no le contradecían nunca (que se sepa), capaz de afirmar cualquier cosa y arrancar cándidas sonrisas o grotescas carcajadas, pero era un líder, además un líder con fortuna, porque se le alinearon los astros y en sus dos primeros periodos había mucha plata, y claro, eso le hizo ver adicionalmente a su arrollador carisma del momento, como un gobernante capaz. Tuvo todo en su favor.

“Líder con fortuna, porque se le alinearon los astros y en sus dos primeros periodos había mucha plata, y claro, eso le hizo ver adicionalmente a su arrollador carisma del momento, como un gobernante capaz.

¿Que queda de ese líder?, casi nada, sus reuniones son cada vez más turbulentas, las sillas vuelan sin control, nadie le celebra sus malos chistes y tampoco sus exabruptos causan gracia, le cuesta subir a un avión sin ser rechiflado, los medios no lo buscan, se atrincheró en los micrófonos de la radio Kawsachun Coca. Indudablemente muchos dejaron de admirarle, respetarle y quererle, de hecho, salta a la vista que en su propio partido no faltan quienes lo detestan, sí, como lo oye, y no disimulan su contrariedad al ver que el hombre porfía en creer que es el alfa y el omega (el principio y el fin), que, sin él, todo está perdido, que cualquier masista que ose aspirar a ser jefe o candidato, es un traidor. 

En tal contexto, el drama masista se acentúa porque nadie logró sustituir el otrora liderazgo de Morales. El actual Presidente (Luis Arce), está muy lejos de ser un líder, no tiene luchas sociales, laborales, sindicales y otros palmarés en sus espaldas, es un tecnócrata sin ningún carisma que básicamente le debe mucho a su aún jefe de partido, pero ese liderazgo poderoso de Morales, cargado de mucha simbología y adobado por una iconografía construida en plan casi impostado, pese a todo funcionó. Evo dejó la silla vacía, dejó de ser líder, es un simple jefe que tiene cada vez más problemas y menos apoyos. No da señales de querer dialogar y construir vasos comunicantes, es él o nadie, de tal manera que tiene un gran enemigo, él mismo. Cada que habla, se inmola, su irreverente y desafiante actitud develan su esencia, no puede disimular ni ocultar su profunda rabia contenida, dice una cosa y luego se desdice, o sea, perdió la coherencia. Su ocasional rival (Luis Arce Catacora), no dice mucho, casi nada, probablemente eso lo irrite más al otrora poderoso líder, porque el silencio es como un ninguneo, y claro, para quien se creía casi un dios, el peor desprecio que puede haber es ser ignorado.

En fin, el MAS no tiene líder, por eso tiene grandes problemas, porque aparte de sus disputas por los suculentos intereses, nadie tiene autoridad, respeto y el suficiente liderazgo que logre componer la situación. Evo dejó de ser ese portentoso mandamás, querido y respetado y Luis Arce no logra ser el sustituto que dé la talla. El campo político del MAS está pulverizado, por tanto, el que controle el campo no político (TSE, TCP), tiene ventaja, pero eso no le convierte en un líder. De todas formas, en vísperas de su congreso, están obligados a coordinar y consensuar, difícil tarea cuando no hay líder. [P]

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