Henry Kissinger (1923-2023), exsecretario de Estado norteamericano y Premio Nobel de la Paz (1973), fue uno de los hombres más influyentes del mundo. Su influencia en la geopolítica y los grandes asuntos globales, lo colocan en la galería de los hombres más poderosos a escala mundial. Kissinger es un referente y lectura obligada en materia de Relaciones Internacionales y Geopolítica; sin embargo, en esta oportunidad, no abordaré nada de su polémica vida repleta de luces y sombras, propias de especímenes extremadamente poderosos.
Habrá notado el amable lector que hago mención hasta el punto del hastío de la palabra poderoso, pues tiene un propósito. Kissinger acuñó la célebre frase: “el mayor afrodisíaco es el poder” (que excita o estimula el apetito sexual). En esa línea, cabe señalar que el sexo, la política y el poder forman una triada legendaria que ha dado para escándalos y candentes historias de amor y desenfreno (Pohls,2016).
La historia está plagada de hombres poderosos vinculados a la política, que literalmente fueron depredadores sexuales, algunos con cierto glamour, artes de seducción y estela de poder como estampa encandilante en busca permanente de presas y más presas para devorar; otros, simplemente burdos chimpancés en celo, obrando a lo bestia, destilando su depravación sin ningún rubor. No obstante, en este caso, las formas no importan, el fin es el mismo, hacer valer el desequilibrio de poder para someter a la presa débil, no necesariamente fácil.
“La lujuria, el deseo sexual irrefrenable, parecieran ser parte del comportamiento de los políticos poderosos”
Existen casos emblemáticos de políticos comprometidos en escándalos sexuales como el sexgate de Bill Clinton y la becaria Monica Lewinsky, situación que a Clinton casi le cuesta el cargo de presidente de los Estados Unidos, o el caso del ex Primer Ministro Italiano Silvio Berlusconi, acusado de organizar grandes fiestas con menores de edad, también el affaire del político francés Dominique Strauss-Khan expresidente del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien tuvo acusaciones de violación y se vio obligado a renunciar al cargo. Un caso más reciente involucra a Donal Trump, quien fue llevado a la corte por verse comprometido con la contratación de los servicios de una actriz porno (Stormy Daniels). Y así, los casos sobran y en todas las latitudes del mundo, los políticos poderosos de una u otra forma son hedonistas extremos e insaciables.
¿Pero por qué pareciera que el poder político se decanta en la lujuria? La lujuria, el deseo sexual irrefrenable, parecieran ser parte del comportamiento de los políticos poderosos, no son galanes seductores, no buscan amor, no se esfuerzan por conquistar, suelen ser impositivos y dominantes, al grado de la perversión. Obviamente, esta característica no es exclusiva de los políticos, en realidad es propia de los poderosos que no necesariamente son políticos, lo que sucede es que el poder en los políticos es circunstancial y a veces efímero, por tanto, sin poder, pierden en gran medida su acceso a los placeres. Nótese que las personas adineradas e inclusive sacerdotes, también aplican cuando hablamos de poderosos, pero es ese caso el poder no es efímero.
Recientemente en Argentina, se destapó un gigantesco escándalo que compromete al expresidente Alberto Fernández, el cual por un hecho casual (celular obsequiado a su hijo), se descubrió que sometió a su esposa a los peores vejámenes y violencia, y convirtió la Casa Rosada (Palacio de Gobierno argentino) en su burdel particular. La cantidad de mujeres famosas, periodistas y modelos con las que supuestamente se involucró, han dejado boquiabiertos a los argentinos que no salen de su asombro. Fernández, considerado uno de los peores presidentes que tuvo ese país, además de incompetente, era un “falopero” (drogadicto), golpeador y adicto al sexo, situación que llevó al actual presidente Javier Milei a afirmar que, en condiciones normales, Fernández jamás hubiera podido acceder a las mujeres con las cuales aparentemente tuvo algo, dicho de otra forma, no era un seductor, su atractivo era su poder, nada más.
Pero en medio de esta abyecta constelación de animales (no me refiero a animales políticos), surgen cosas aún peores. Las aberrantes conductas parafílicas que transitan en prácticas anti-natura, mucho más allá de la sexualidad. Tienen diversas expresiones y una de las peores es la pedofilia (atracción sexual de un adulto hacia niños/niñas). El famoso político argentino Juan Domingo Perón (1895-1974), creador la corriente peronista, hizo de una niña de 14 años su amante, cuando él tenía 58 años. Fue blanco de múltiples ataques, pero permaneció en total impunidad con el silencio cómplice de los peronistas cercanos a él y un sistema judicial ominoso.
“Los casos sobran y en todas las latitudes del mundo, los políticos poderosos de una u otra forma son hedonistas extremos e insaciables.”
¿Y cómo andamos en casa?
Hace poco más de un año, un inefable diputado del MAS fue denunciado por extorsión y pedofilia (ANF, 2023), se presentaron audios y videos, sin embargo y como era de esperar, el caso no prosperó, la impunidad se impuso. Pero el caso del diputado es mínimo en comparación a las denuncias en contra del expresidente Evo Morales, que supuestamente (caso en investigación) mantuvo una relación con una menor 15 años, con la cual tuvo una niña a sus 16 años (por comprobar), un caso tipificado de estupro que va en concordancia con el artículo 309 del código penal boliviano.
A la luz de los hechos, las denuncias contra el presidente Morales no parecen recientes, por tanto, pareciera que un silencio cómplice y archivo de obrados es la clara muestra de un sistema judicial que nos demuestra día a día que caer más bajo siempre es posible. La similitud del caso de Juan Domingo Perón y Evo Morales es impresionante. Ambos cincuentones (57 y 58), presidentes, con niñas adolescentes (15 y 14), cuyo rasgo principal fue que las menores eran muy pobres, vale decir un total desequilibrio de poder, pero en este caso, la situación es monstruosa, les robaron la inocencia a dos niñas completamente vulnerables, en flagrante uso de su poder político, ese poder que emana del cargo, porque en condiciones normales, es probable que no hubieran sido capaces de pillar ni un resfrío. El caso de Perón es real, el caso de Morales está en investigación, pero ya sabemos cómo funcionan las cosas por aquí, ¿verdad?
Ahora bien, tratar de afirmar que esta situación es una persecución política, lamentablemente es algo probable y deleznable, porque de repente y milagrosamente se acordaron de activar el caso de estupro, no para reparar el daño de la víctima (niña), sino para satisfacer una mezquina lucha política, como en el MAS existe una guerra intensa entre “arcistas” y “evistas”, esto también salpica a jueces, fiscales y políticos , que dan órdenes y contraórdenes, actuando en el marco de intereses políticos, donde la víctima es lo de menos. Simplemente un asco total. [P]
“La similitud del caso de Juan Domingo Perón y Evo Morales es impresionante. Ambos cincuentones (57 y 58), presidentes, con niñas adolescentes (15 y 14), cuyo rasgo principal fue que las menores eran muy pobres”