Las urnas redibujan el mapa político de la región

Las urnas redibujan el mapa político de la región

Péndulo político Redacción Péndulo Político 17/09/2025 11:06
Bolivia gira, Argentina frena, ¿Chile a dónde va? El fin de un ciclo en Bolivia, un revés inesperado para Milei y el probable viraje chileno dibujan un escenario de incertidumbre en la región. ¿Qué está pasando?
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¿Estamos frente a un volcán político en erupción en la región? Bolivia y dos países vecinos, Argentina y Chile, transitan por vaivenes ideológicos que pueden reconfigurar el mapa en la región en el corto plazo. Mientras Bolivia se prepara para sepultar en una segunda vuelta electoral casi dos décadas de hegemonía de la izquierda y en Chile los sondeos anticipan un posible regreso de la derecha al poder, el libertario Javier Milei trata de asimilar el freno a su proyecto tras una derrota estrepitosa en los comicios legislativos de la provincia de Buenos Aires. ¿Qué está pasando? ¿Se trata de un ciclo donde la derecha es apenas una “golondrina episódica” frente a una izquierda que es un “hábito adquirido” en la psique regional, como sugiere el analista Erick Fajardo? O, por el contrario, ¿se sumerge la región en una era de “incertidumbre” y confrontación permanente, un “polvorín” donde, según el análisis de Germán Gutiérrez, solo las democracias más sólidas logran procesar los cambios sin traumas institucionales?

Argentina: un revés inesperado

El disruptivo proyecto del presidente argentino sufrió el pasado domingo su primera y más significativa derrota electoral desde que Milei asumió el mando de su país. En las legislativas de Buenos Aires, el distrito más poblado y un termómetro clave de la política nacional (tiene casi el 40% del padrón), la coalición peronista Fuerza Patria se impuso de manera contundente sobre La Libertad Avanza (LLA). El resultado fue un golpe inesperado para el gobierno: la diferencia superó los 13 puntos porcentuales –47% para el peronismo frente a un 34% para LLA–, un margen mucho más abultado de lo que anticipaban las encuestas.

El veredicto de las urnas se interpretó como un claro voto castigo contra Milei. No solo a causa de los ajustes que implementó su gobierno y la todavía frágil situación económica, sino por los recientes escándalos de presunta corrupción que involucran a su hermana Karina. 

Esta derrota demostró también que, pese a su histórica victoria presidencial que rompió el sistema tradicional de partidos, el poder territorial del estridente mandatario sigue siendo frágil. 

El revés electoral en el corazón del poder político argentino evidenció la fuerte resistencia social que enfrenta su revolución libertaria y puso a prueba la gobernabilidad de un presidente con minoría en el Congreso. Aunque Milei ratificó que no modificará “ni un milímetro” el rumbo económico y, al contrario, lo acelerará, la contundencia de su primera gran prueba electoral lo obliga a recalcular su estrategia política. En ese contexto, cabe preguntarse si el peronismo, con Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, tiene posibilidades de recuperar el poder en las próximas elecciones. Por ahora, se mantiene al acecho del “león” libertario.

Chile: ¿fin de ciclo progresista?

El experimento progresista que llevó al poder a una nueva izquierda en Chile parece acercarse a su fin. A poco más de dos meses de las presidenciales del 16 de noviembre, la gestión del presidente Gabriel Boric —quien representó un cambio generacional que rompió con los bloques políticos tradicionales— arrastra una alta desaprobación en los sondeos, un factor que abona el terreno para un probable giro a la derecha. 

Este viraje, sin embargo, no sería un fenómeno aislado, pues se enmarcaría en el patrón de alternancia regular que caracteriza a la política chilena desde el final de la dictadura: el poder oscilando entre la centroizquierda y la centroderecha.

Si bien la candidata oficialista, Jeannette Jara, emerge como la opción para suceder a Boric en las recientes primarias del oficialismo –la Constitución de Chile no permite la reelección inmediata–, los sondeos ponen como favoritos tanto al candidato de la derecha republicana, José Antonio Kast, como a la abanderada de la derecha tradicional, Evelyn Matthei. 

Así, tras el estallido social de 2019 que impulsó a una nueva izquierda al poder, el péndulo político chileno parece moverse ahora en dirección contraria, empujado por las preocupaciones de la población sobre la seguridad, la economía y un visible agotamiento de la agenda de transformaciones del gobierno actual.

Bolivia: adiós hegemonía del MAS

Tras las elecciones del 17 de agosto, Bolivia se encamina a un balotaje en el que, por primera vez desde 2006, el Movimiento Al Socialismo (MAS) no será la fuerza protagónica. Este giro histórico pondrá fin a una era y abrirá un nuevo capítulo para el país, alejado del proyecto izquierdista que alguna vez se mostró imbatible, aunque todavía persista la sombra del “evismo” cuyo líder, el expresidente Morales, amenaza con seguir siendo uno de los protagonistas de la política nacional. 

La contienda por la presidencia la disputarán el candidato del PDC, Rodrigo Paz Pereira, y el expresidente Jorge Tuto Quiroga (Libre). La entrada en escena de estos actores políticos es consecuencia directa del colapso que sufrió el MAS en las urnas, donde quedó relegado a una posición marginal debido al agotamiento de su modelo, el impacto de la crisis económica y, fundamentalmente, a la autodestrucción provocada por las pugnas internas entre las facciones de Evo Morales y del presidente saliente Luis Arce. 

En ese marco, Bolivia se apresta no solo a cambiar de administración, sino a reconfigurar la representación y el poder político, tras la era del MAS. La pregunta es si el nuevo proyecto político podrá consolidarse o, al menos, acabar el siguiente periodo de gobierno. [P]

OPINAN LOS ANALISTAS

“La izquierda es un hábito adquirido, la derecha es episódica”

El giro a la derecha primero en Argentina, lo que viene en Bolivia y próximamente en Chile, si se cumplen los pronósticos, no es el inicio de un cambio estructural, sino un fenómeno circunstancial dentro de una matriz política regional profundamente arraigada en la izquierda, según el consultor y especialista en análisis de conflictos Erick Fajardo.

Para este experto, los triunfos de la derecha —en caso de que así suceda también en Chile— son meras “golondrinas haciendo breves primaveras en Latinoamérica”, incapaces de consolidar proyectos a largo plazo porque, a diferencia de sus adversarios, carecen de un verdadero proceso de acumulación histórica y social.

Según Fajardo, para entender los vaivenes actuales es crucial reconocer una dinámica fundamental: “la izquierda es un comportamiento recurrente en la psique de la política latinoamericana”.

“La izquierda es un hábito adquirido”, sostiene. En contraste, la oposición a estos movimientos hegemónicos siempre “ha sido episódica”. Fajardo, en ese sentido, es tajante sobre lo que le espera a la región: “Dudo mucho que puedas romper un ciclo perverso, como el kirchnerismo o el “evismo” o, en suma, el comunismo, de línea dura en Chile, si no es con una oposición que se construye en el largo plazo”. 

A su juicio, un verdadero contrapeso ideológico necesita un proceso histórico de largo aliento, similar al del movimiento “MAGA” (Make America Great Again, que se traduce como “Haz a Estados Unidos grande otra vez”) en Estados Unidos, que “es una evocación del originalismo de los colonos americanos” y que, tras sucesivas reencarnaciones, logró consolidarse. En la región, Fajardo no ve algo parecido. “En Latinoamérica, para que haya una verdadera oposición, (esto debe suponer) un proceso de largo aliento, un proceso histórico, por el que no veo apostar a los líderes políticos (de hoy), no con seriedad”, afirma.

Aplicando este lente a la realidad argentina, Fajardo describe la relación de los argentinos con el peronismo como una “relación perversa, como toda relación violenta”. No cree, en ese sentido, que Milei logre quebrar el “síndrome recurrente de 82 años” –“al menos no en un solo intento”, añade–, como tampoco pudo hacerlo el expresidente Mauricio Macri. 

El reciente revés de Milei en las provinciales de Buenos Aires es, para el analista boliviano, un claro ejemplo de esta dinámica: “Este mayo, temprano en la elección de la ciudad autónoma de Buenos Aires, gana contundentemente. Pero ahora tiene un revés en las provinciales de Buenos Aires. Es decir, una de cal y una de arena por ahora”.

En el caso de Bolivia, pinta un escenario muy similar. Fajardo pronostica que, sin importar quién gane el balotaje, el próximo será un “gobierno de transición” de no más de “18 o 20 meses”. La razón es la misma que la que señaló antes: la derecha es “episódica” y “circunstancial”, y se alimenta “del hambre, del descontento, del sentimiento de fracaso de la izquierda”. 

“Más temprano que tarde, la gente vuelve a su recurrencia, a su vieja actitud de tender hacia la izquierda”, añade y remarca que Bolivia está “más cerca del escenario del peronismo en Argentina” que el de un proceso largo de derecha.  

Respecto a Chile, Fajardo considera que la derecha nunca tuvo una verdadera “raigambre popular” más allá del “golpe institucional” de Augusto Pinochet. Y sin esa base social —argumenta— no se puede pensar en un proyecto sostenible. 

Una eventual victoria de la derecha en las próximas elecciones será, en su opinión, “un primer esfuerzo, probablemente similar al de Macri”, pero no una victoria que abra un ciclo duradero. “La izquierda tiene demasiada historia, tiene demasiada organicidad y está además muy penetrada dentro de la institucionalidad estatal”.

¿Por qué la derecha no logra construir un proyecto de largo plazo? “Primero, necesitas apóstoles antes que tener una religión, y eso es lo que nunca ha imaginado la derecha. La derecha en Latinoamérica es una derecha castrada. Porque se imagina la toma del gobierno como toma del poder, y eso es una violación del principio de Foucault. El principio de la microfísica del poder de Foucault es que nunca tomar el gobierno es tomar poder. El poder no se toma: no está en las instituciones, está en la microfísica de las relaciones humanas, está en la construcción de redes con la gente, con los votantes. Y eso es lo que no tiene la derecha, no tiene una idea de lo que es poder”, explica. [P]

Un “polvorín” frente a la estabilidad institucional

El docente universitario y analista Germán Gutiérrez plantea un diagnóstico distinto: la región no se encamina hacia un nuevo bloque hegemónico de izquierda o derecha, sino que se sumerge en una “etapa de incertidumbre” y de “vaivén”, donde los cambios se producirán de manera más rápida y los regímenes políticos serán “un poco más cortos”. 

Para Gutiérrez, el gran error es analizar la región como una unidad, cuando en realidad existe una fractura fundamental que define su futuro: la que separa a las democracias con cierta institucionalidad sólida de los países que son “un polvorín”.

En este último grupo, el analista chuquisaqueño sitúa sin dudar a Bolivia y Argentina. Según Gutiérrez, en estas naciones la disputa real no es entre izquierda y derecha, sino “entre dictadura y democracia”. La inestabilidad es producto de los “neopopulismos autoritarios, fascistoides” –como los de Kirchner y Morales–, cuyo papel principal fue “enquistarse en el gobierno destrozando la democracia y la precaria institucionalidad que existe”. 

Como consecuencia —añade— no hay reglas de juego preestablecidas, y los pueblos “están al vaivén de una forma y de una manera de comportamiento vinculados a la superficialidad, al populismo”. 

Por eso, fenómenos como la irrupción de Javier Milei no son vistos como una solución, sino como una reacción que cae en su propia trampa. El analista advierte que “el gran error del reemplazo del neopopulismo autoritario fue generar desde la otra acera otro tipo de autoritarismo”.

En la acera opuesta se encuentra Chile, un país que Gutiérrez describe como “más sólido, más estable”. A diferencia de sus vecinos, allí existe “una institucionalidad y una sociedad, parecería ser, mucho más madura”. Esta solidez permite que el péndulo político se mueva entre izquierda y derecha sin generar “los grandes traumas que están viviendo nuestros países”. En Chile sí existe una disputa real entre dos visiones para construir la democracia, mientras que en Bolivia o Argentina la democracia misma está siempre asediada, sostiene.

Por lo tanto, lo que se observa en la región no es un giro ideológico cohesionado, sino “países aislados que están en lo suyo y que están muy lejos de constituirse en un bloque”. 

Gutiérrez concluye que, lejos de un reacomodo ordenado, la región, con la notable excepción de sus democracias más estables, se adentra en una era de intranquilidad, confrontaciones coyunturales y una profunda debilidad institucional. [P]

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