Patricios y plebeyos, dos tradiciones políticas (muy) bolivianas

Patricios y plebeyos, dos tradiciones políticas (muy) bolivianas

Péndulo político Redacción Péndulo Político 24/11/2025 08:45
La posesión del presidente y el vicepresidente reflejó dos tradiciones políticas paralelas que han pululado en la historia nacional.
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Las múltiples avenidas de la historia

Gonzalo Mendieta Romero, abogado y analista político

La posesión del presidente y el vicepresidente reflejó dos tradiciones políticas paralelas que han pululado en la historia nacional. Por un lado, el presidente civil y patricio; por el otro, el uniformado y plebeyo. Estas tradiciones entroncan, además, en la narrativa pueblo-élite de esa corriente política que nació con la república o tal vez antes. Su narrativa se revela en la distinción de malos y buenos que el nacionalismo popular teoriza. Por ejemplo, entre los montoneros y los doctores de Charcas, entre el plebeyo Belzu y el elitista Ballivián o satanizando a los conservadores que enfrentaron la guerra con Chile y ensalzando a los populares, entre los que algunos incluyen a Hilarión Daza (la película Amargo Mar es paradigmática en esta visión).

El 8 de noviembre asistimos a una clase de historia. Contra lo que pudiera suponerse, ambas corrientes gozan de vitalidad. Al ver a Rodrigo Paz, puede uno imaginarse a Paz Estenssoro, Baptista o Frías. En Edmand Lara se encuentran fácilmente rastros de Barrientos, Busch o el propio Belzu. Se idealiza a Busch y se desdeña a Barrientos, pero ninguno era libresco, sino carismáticos hombres de acción sin gran pulimiento. Tal vez Lara es más Barrientos que Busch, en tanto conecta con el mundo popular, pero desde la derecha. Su saludo a Bukele en la posesión basta como prueba. A propósito, ¿qué dirán los que creyeron votar por un binomio de centroizquierda y contra el agro cruceño?

En la posesión, estas dos tradiciones pugnaron por prevalecer. Aunque las chispas surgieron posteriormente, el sábado 8 de noviembre pensé que Lara se comía el espectáculo. El efectismo de su discurso fue potente. Un arranque victimista que decía entre líneas: a mi familia la discriminan como a ti. Las lágrimas y gritos de mando, el retrato pormenorizado de cada ícono de nuestras calles: la vendedora, el campesino “con sombrero de tierra”, el policía, el comerciante y un largo etcétera. El alma de Carlos Palenque daba vueltas, aunque el compadre era más padre protector que víctima, a diferencia de Lara. Pero cómo no recordar las lágrimas de Palenque cuando la clausura de su canal de televisión RTP, en los años 80. Y su dramaturgia.

Cuando la mezcla del verde olivo y la arenga daban la impresión de abarcar toda la escena, Rodrigo Paz no se arredró. Expresó su legado personal y su cofre de valores desde Dios, patria y familia del juramento. Ignoro si supiera que otros lo precedieron en la historia con ese lema, con los que seguro él no quisiera que lo relacionen. Pero apostó así a las tradiciones de la patria conservadora, tan incrustada también en el mundo popular sin que se lo reconozca habitualmente. Más del 90% del país es cristiano, para horror de la minoría ilustrada y agnóstica. Y la familia es nuestra corporación madre. Ordinariamente, conseguimos empleos a través de los vínculos de parentesco. Y la patria es el modo de neutralizar la posición de clase o étnica; una emotiva manera de decir alianza de clases.

Paz Pereira hizo gala de su encanto y de su vitalidad. Improvisa con mejor sentido político que con el que lee. En una tierra supersticiosa y de pensamiento mágico, Paz desarmó la lluvia y los truenos. En vez de que fueran el signo ominoso que comenzábamos a atribuirle incluso los escépticos, el intuitivo presidente le dio la vuelta a la señal de los cielos.

En su discurso, Paz no aludió a los indígenas, enfocado como estaba en apostar por los símbolos unificadores: la patria, Bolivia, la tricolor. Como patricio, teme las distinciones étnicas. Y abomina la lucha de clases o la guerra de colores, como llamaban en Venezuela en la Independencia a la “guerra de razas”.

Lara revivió en su palabra la complementariedad del mundo andino o la santidad de “nuestras organizaciones sociales”, junto a la advertencia de que nadie las iba a excluir. Paz habló del mundo, de producir, de lo mal que le dejaban la economía. Endógenos y cosmopolitas estuvieron así retratados en un solo acto.

Es evidente que ambos mandatarios representan dos de las varias caras de la nación, facetas que tienen larga data y no se han cansado de retornar en nuestra historia. Paz y Lara podrían complementarse para hacer un Gobierno más efectivo, pero no será. Que ambos lo sepan quién sabe mitigue las decepciones.

Los días posteriores a la posesión confirmaron que estarán en competencia; quizás más Edmand que Rodrigo. Fiel a su linaje político, Lara no se contentará con el papel de secundar a Paz y a su tecnocrático equipo. Por su lado, Paz escoge por ahora bajarle la importancia a la fricción, pero es imposible que un político como él no sopese cómo va a recorrer este estrecho sendero para dos. Cuando Jaime Paz, sobreviviente de mil escaramuzas, dijo que estaba feliz, pero preocupado, seguramente una porción de su desasosiego tiene también que ver con Lara.

Los veinte años de Evo hicieron pensar que nunca más un criollo ocuparía la presidencia, que el cholaje daba paso definitivo al indianismo. Por lo visto, subestimamos las múltiples avenidas de nuestra historia. Ni la vertiente criolla ni el mestizaje estaban muertos. Solo tomaban fuerzas para resurgir.

Es una pena, empero, que las reyertas de nuestra historia reaparezcan también intactas para desplegarse otra vez, en un eterno retorno en espiral, con personajes renovados, pero enfrascados en las mismas peloteras de los abuelos de nuestros abuelos. [P]

El cambio de timón de Paz-Lara

Diego Ayo, politólogo

Rodrigo Paz envía señales ponderables. Su gabinete tecnocrático lo confirma y la llegada de gasolina sigue esta tendencia. Amerita aplaudir. Sin embargo, necesito comentar algunas señales que trasmite nuestro primer mandatario. ¿A qué me refiero? A una impronta no vista durante el periodo electoral que muestra a nuestra máxima autoridad impulsando un triplete de rasgos: negocia créditos con Estados Unidos, elige un gabinete de ministros meritocráticos y, sobre todo, promueve un acercamiento con Santa Cruz simbolizado en la nominación de Justiniano y Romero liderando el agro y la planificación respectivamente. ¿Me parece bien este triplete de rasgos? Sí, me parece sensato y lógico. Era indispensable contar con gente de talento. 

Empero, siento un débil acercamiento con el bastión electoral central del binomio Paz-Lara: el occidente, donde se obtuvo en primera vuelta el 75% del apoyo electoral. Veo, pues, un cambio de timón entre el periodo electoral y este periodo de la gestión pública visualizado en la “aparición” de estadounidenses, criollos y cruceños en la nueva política en curso.  Vivimos, pues, un notable cambio en relación a lo “vendido” durante la campaña electoral, menos propensa al acercamiento con los prestamistas gringos, más proclive al mundo mestizo-indígena de occidente donde se obtuvo el triunfo, y, “silenciosa” en relación al capitalismo agroindustrial que posiblemente se circunscribe al “capitalismo para todos” prometido.

Me recuerda lo sucedido en Perú y Argentina en 1990 con Fujimori y en 1989 con Menem. ¿Qué sucedió en aquellos casos? ¡Un cambio de timón!: juraron ser de izquierda durante la elección y acabaron siendo “hombres de mercado” una vez elegidos. Es a esa situación que la notable politóloga estadounidense Susan Stokes llamó “neoliberalismo por sorpresa” (Mandates and Democracy: Neoliberalism by Surprise in Latinamerica): el peronista de izquierda acabó poniendo en marcha el Plan de Convertibilidad en acercamiento permanente con Estados Unidos a pesar de su promesa de trabajar “al margen del Imperio” y el populista progresista peruano, que criticaba con unción al “neoliberal” Mario Vargas Llosa, terminó (casi) cumpliendo el plan de gobierno propuesto por el grandioso escritor-candidato. Se dieron la vuelta y optaron por la propuesta que solían criticar. Hoy Rodrigo da señales que se aproximan al plan de gobierno de Tuto. Ya Menem se acopló a las políticas propuestas por su rival Eduardo Angeloz y Fujimori a aquellas políticas lanzadas por Vargas Llosa.  

¿Qué efectos puede tener este vuelco de campana en el país? 

No hay duda que es imprescindible mencionar a Lara. Este nuevo vicepresidente representa a la población occidental. El “jaló” a ese electorado. ¿Significa esa certeza que se debería tener ministros de este nuestro occidente de raigambre indígena teniendo en cuenta que esa población votó por la dupla vencedora? Sí, seguro, aunque no bajo el tenor masista. No podemos ni debemos volver a posesionar a una autoridad de tanta relevancia sólo porque existen. ¡Ya no más! Lo que no significa que no se pueda tener autoridades meritocráticas de raíz indígena. ¡Claro que se puede! Dejar ese “vacío político” es abrir las compuertas a Lara para posicionarse como el opositor más destacado del gobierno. No digo que suceda, pero no se puede culpar a Lara si sucede.

Asimismo, se necesita comprender que los empresarios no están solo en el oriente. Claro que no: en occidente hay contrabandistas, deforestadores, narcos, mineros informales y del oro. El error es verlos solo como actores ilegales. Lo son, sin dudas, pero el desafío está en reconvertirlos a la legalidad, no en olvidarlos. ¿Se puede crear un ministerio de actores económicos informales? No lo sé, pero esa debe ser la premisa de partida teniendo en cuenta esa transformación decisiva de 2005 a 2025. ¡Sucedió!, y hoy las denominamos como burguesías aymaras, quechuas, indígenas. Han votado. Y sabemos por quién. Insisto: ¿deberíamos promover un ministerio para interactuar con ellos? Tal vez. Ya dieron una satisfacción al país votando al margen de su identidad (y, consiguientemente por Evo) y haciéndolo de acuerdo a su vocación económica (y, consecuentemente, por el PDC). Fueron empresarios votando. 

Finalmente, siguiendo esta línea, es vital priorizar una auténtica descentralización. El país está preparado para impulsar este proceso. La razón es contundente: de 1985 a 2005 el “bloque en el poder” (aquellos que mandaban) eran mineros medianos, burgueses agroindustriales, Estados Unidos y la Unión Europea; y de 2005 a 2025 ese bloque está conformado por cooperativistas mineros, campesinos, China y Rusia. ¿Se puede convivir en un país con esos dos bloques viviendo simultáneamente? Posiblemente y la descentralización parece ser el receptáculo elegido. No es ya una reforma administrativa. Es profundamente política, casi en un sentido de “diarquía” territorial -dos ejes territoriales visualizados geográficamente en el país: Santa Cruz y El Alto- como analizaba Javier Medina con notable capacidad proyectiva allá por los ´90.

¿Qué significa esta reflexión? Qué el vuelco de campana que ofrece Rodrigo al estilo Menem/Fujimori era necesario. No tengo dudas, pero ese vuelco desprovisto de lo “llenado en el tablero” durante las últimas dos décadas y teniendo a Lara como el representante ocasional de ese polo político-geográfico de Bolivia, parece que tiende a dar gusto a los agoreros de siempre. Agoreros que sólo ven el inminente retorno al neoliberalismo de los ´90. No parece relevante esta inquietud hoy en día gracias a la popularidad de la dupla vencedora, pero lo será a medida que pase el tiempo… [P]

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