¿Qué hay detrás de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela? Es el fin del multilateralismo y el regreso de la doctrina de las esferas de influencia. Con la resurrección de la Doctrina Monroe, bajo el “Corolario Trump”, Estados Unidos impone un nuevo orden global donde la fuerza parece sustituir a la diplomacia.
La incursión de fuerzas especiales estadounidenses en Miraflores la madrugada del 3 de enero de 2026 fue mucho más que la captura de un presidente: supuso el acta de defunción del multilateralismo, según varios analistas. Al extraer a Nicolás Maduro, la “Operación Absolute Resolve” mostró que hoy las fronteras son irrelevantes frente al interés de una superpotencia y que la diplomacia de las reglas ya caducó. Detrás del operativo militar se halla una reconfiguración geopolítica que obliga a plantear interrogantes urgentes: ¿Estamos ante el regreso agresivo de la doctrina de las esferas de influencia? ¿Inaugura este hecho el “Corolario Trump” y una nueva Doctrina Monroe para la región? Y en este tablero donde impera la ley del más fuerte, ¿dónde queda y qué debe hacer Bolivia?
El “Corolario Trump” o la “Doctrina Donroe”
Para comprender por qué helicópteros estadounidenses descendieron sobre Miraflores sin temor a una guerra mundial, hay que mirar más allá de la táctica militar y leer la letra chica de la nueva geopolítica mundial. La “Operación Absolute Resolve” no fue un acto aislado de justicia policial: fue la aplicación rigurosa de una hoja de ruta escrita meses antes: la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de Estados Unidos, publicada en noviembre de 2025.
Lo que se vio en Venezuela fue la ejecución de lo que el propio documento define como el “Corolario Trump”, también bautizado por el mandatario estadounidense como la “Doctrina Donroe” (por Donald). Es decir, una renovada y agresiva “Doctrina Monroe” de intervencionismo en Latinoamérica. El texto es explícito y no deja margen a la interpretación diplomática sobre la voluntad de Washington.
“Haremos valer y aplicaremos un ‘Corolario Trump’ a la Doctrina Monroe”, sentencia el nuevo documento rector de la Casa Blanca en su página 15. Y añade con brutal claridad el objetivo central: “Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”.
Para el presidente de la Asociación de Egresados de la Academia Diplomática de Bolivia, Javier Viscarra, la intervención confirmó que Washington decidió aplicar su legislación doméstica por encima de cualquier tratado internacional, validando la extraterritorialidad de su justicia como herramienta de su nueva política exterior. Es decir, la puesta en marcha de la “Doctrina Donroe”.
Estados Unidos decidió “aplicar en pleno su (nueva) política exterior, ahora definida bajo el ‘Corolario Trump’”, afirma Viscarra.
La estrategia estadounidense, no obstante, va más allá de la seguridad militar: impone un nuevo régimen económico y político a la región. El documento establece que “los términos de nuestras alianzas, y los términos bajo los cuales proporcionamos cualquier tipo de ayuda, deben estar supeditados a la reducción de la influencia exterior adversaria”. Es decir, China y Rusia, fundamentalmente.
Sin embargo, el consultor político y especialista en análisis de conflictos Erick Fajardo señala a Péndulo Político un matiz fundamental: no se trata del viejo imperialismo extractivista del siglo XX, sino de una estrategia de supervivencia ante el ascenso de los bloques asiáticos. Según Fajardo, Estados Unidos comprendió que, para competir con China, necesita transformar a las Américas en un bloque geopolítico monolítico como integrado.
“Pienso que estamos circulando por primera vez dentro de la posibilidad de una visión hemisférica. Es decir, que América se integre por primera vez como un bloque geopolítico”, sostiene.
De acuerdo con su lectura, la nueva Doctrina Monroe busca consolidar un “bloque continental” que garantice recursos y seguridad. “Los Estados Unidos ha entendido que jamás va a ser completamente fuerte, ni jamás va a ser completamente seguro, si no construye un bloque hemisférico alrededor de América”, insiste el experto.
Bajo esta óptica, la captura de Nicolás Maduro no buscaba solo “democracia” o “justicia”, sino limpiar el “patio trasero” de influencias hostiles para asegurar la retaguardia. Fajardo lo describe como parte de una “nueva geopolítica” donde se asume una responsabilidad compartida. “Estoy citando al secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth: ‘Vamos a garantizar de que haya un patio trasero, un vecindario seguro y un vecindario estable. Vamos a ayudar a que estabilicen sus economías, para que los Estados Unidos no tenga que lidiar ni con migraciones masivas ni tampoco con una delincuencia que se genere en la pobreza’. Creo que esa es la posición básica de la nueva Doctrina Monroe”.
El fin del multilateralismo
Si la Estrategia de Seguridad Nacional puso la teoría, la captura de Maduro la lápida sobre el sistema de convivencia global diseñado en 1945. La operación evidenció que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA) se convirtieron en espectadores burocráticos de una realidad que ya no controlan. En el nuevo tablero, la carta de la ONU es papel mojado frente a la voluntad de una superpotencia decidida a ejercer su fuerza, según distintos análisis de medios internacionales.
El diplomático de carrera Andrés Guzmán no duda en calificar este momento como el fin de una era. Para él, la incursión militar de Estados Unidos certificó la muerte del “orden liberal” que predominó durante décadas y dio paso a un escenario donde la supervivencia depende de la capacidad de coacción, no del derecho.
“Efectivamente. Este suceso, (el) que hemos visto en Venezuela, marca o confirma que el orden internacional basado en reglas, el orden internacional liberal que ha predominado en el mundo durante muchos años, está llegando a su fin”, sentencia Guzmán, entrevistado por este suplemento. “Ya no es ese globalismo multilateralista, que se basaba en las reglas, en la solución pacífica de las controversias, en la prohibición del uso de la fuerza: ahora predomina el imperialismo abierto, ya sin disimulo, y la política transaccional”, complementa.
La nueva norma es la ausencia de normas, o lo que Guzmán grafica como el retorno a la “ley de la selva”. “La línea es otra —dice él—, cada país se vale por sí mismo y busca sus propios intereses. Es la ‘ley de la selva’. Ya no existen las Naciones Unidas, pero es un ente muy venido a menos”.
Esta “ley de la selva” no implica caos absoluto, sino un reordenamiento del mapa en zonas de propiedad exclusiva. La misma Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos no oculta que su foco dejó de ser global para volverse hemisférico e intenso. El documento es tajante al declarar el fin de la distracción globalista para centrarse en casa: “Después de años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”, menciona la nueva estrategia de seguridad estadounidense.
¿Esta priorización implica un pacto tácito de reparto del mundo? Según Guzmán, las potencias parecen haber aceptado dividir el planeta en esferas de influencia. “Estados Unidos se va a consolidar en el hemisferio occidental, pero le va a dejar también seguramente a Rusia que haga lo mismo en Eurasia y China, en Asia-Pacífico o el Indo-Pacífico. Aunque ahí sí puede haber una disputa porque Estados Unidos mantiene muchos intereses en el Indo-Pacífico”, agrega el especialista.
Para Fajardo, con la intervención estadounidense en Caracas, también se derrumbó un mito: la retórica de la “alianza estratégica” entre Venezuela, Rusia y China. Él cuestiona: “¿Dónde estaban China y Rusia en la mala hora de Nicolás Maduro? (…) ¿Sabe lo que ha pasado en Miraflores? No cayó el régimen de Maduro. Cayó el mito de que la izquierda era más poderosa que los Estados Unidos, de que China tenía un poderío bélico, de que la izquierda era el poder más grande en la tierra. Y ha resurgido la claridad absoluta de que nunca los Estados Unidos dejó de ser militarmente y geopolíticamente el actor principal en este campo”.
Además —complementa Fajardo—, el multilateralismo ya era un cadáver insepulto mucho antes de la operación en Caracas, erosionado por la manipulación política de sus organismos. “El multilateralismo estuvo muerto desde el día que la Organización Mundial de la Salud decidió ocultar por 60 días que China había perdido el virus o lo había dejado escapar de Wuhan”, afirma, en referencia al covid-19. “El multilateralismo dejó de existir en el momento que se volvió servil a la visión geopolítica de China. El multilateralismo hace rato que funciona (…) a demanda de los imperios de Asia. El multilateralismo no lo ha quebrado Trump. El multilateralismo estaba ya funcionando en una lógica en la cual se podía pedir la cabeza de Netanyahu —me parece que todo presidente debería responder por sus juicios y responsabilidades de derechos humanos—, pero al mismo tiempo se prodigaba armas y se prodigaba resguardo a guerrilleros de Hamás. Es decir, ya no hay multilateralismo desde el momento en que este se volcó a la izquierda”.
¿Dónde queda Bolivia?
La respuesta del gobierno de Rodrigo Paz ante la caída de Maduro fue un ejercicio de equilibrismo diplomático: defender la democracia, sin criticar, ni muchos menos, la acción militar estadounidense como lo hicieron Brasil, México o Colombia.
Los analistas advierten, no obstante, que el margen de error para el país hoy es cero. En el mapa del “Corolario Trump”, Bolivia no puede darse el lujo de la ambigüedad, advierten.
Para Guzmán, la nueva realidad exige abandonar las trincheras ideológicas y abrazar un “realismo político” de pura supervivencia, es decir, actuar en función de los intereses nacionales. La recomendación es clara: intentar pelear contra la Doctrina Monroe sería un suicidio diplomático y económico. “Creo que más bien ahí hay que adoptar una política muy pragmática. Porque el rechazar y el ponerse del lado de quienes están criticando al ‘imperio’ (los gobiernos de izquierda), simplemente no les va a traer nada bueno”, dice el diplomático de carrera. “Y eso es lo que hemos estado haciendo durante muchos años con los gobiernos del MAS: adoptar una posición ideológica, política, antes que priorizar nuestros intereses. O sea, por criticar a Estados Unidos y señalar sus faltas, al final los que terminamos perjudicados somos nosotros”, añade.
En ese sentido, su lectura es que Bolivia debe leer el momento no desde la moral, sino desde la conveniencia. “Creo que esa tiene que ser la línea: no quejarse, no estar repudiando lo que es, además, inevitable. O sea, por más de que no nos guste, así es la cosa, así es como el mundo se está configurando, y Bolivia no va a cambiar nada tratando de oponerse”.
Esta postura coincide con la Viscarra, quien ve en la crisis venezolana una oportunidad para que Bolivia se reinserte en el sistema occidental tras años de aislamiento: “A lo que estamos es asistiendo exactamente a eso: al realismo político, donde el pragmatismo es el ingrediente indispensable del comportamiento de los Estados. Y, por lo que entiendo, Bolivia se está alineando a esa nueva concepción, a esa nueva mirada pragmática de las relaciones internacionales donde, cuando uno encuentra espacios de relacionamiento, lo hace en función del interés nacional, que es lo fundamental”.
Él celebra que el país haya salido de un gobierno “virtualmente totalitario” para sintonizar con un continente que gira hacia la derecha.
Pero el desafío no es solo diplomático. Bolivia posee las mayores reservas de litio del mundo y arrastra acuerdos estratégicos con potencias ahora consideradas “hostiles” por Washington, como China e Irán. Aquí es donde Fajardo lanza una advertencia: en la lógica de las esferas de influencia, ser un “proxy” o plataforma de enemigos extracontinentales convierte a cualquier país en un objetivo militar.
“Lo que no quiere los Estados Unidos es que ni Bolivia ni ningún otro país, por muy pequeño que sea, se convierta en una amenaza, se convierta en un terreno desde donde puedan desestabilizar (a la región)”, explica a Péndulo Político.
En criterio de Guzmán, “afortunadamente el gobierno de Rodrigo Paz parece entender todo esto y se ha acercado a Estados Unidos, y tenemos ya una relación fluida, al parecer, que tiene buenas perspectivas. Y digo que es afortunado porque, ¿qué hubiera sido si se mantenía el gobierno del MAS? Ahora estaríamos expuestos a sanciones económicas, a presiones militares, a una serie de situaciones que serían desfavorables para Bolivia”.
Lo de Estados Unidos en Caracas deja una lección: en la fortaleza americana, o se es socio o se es amenaza. No hay término medio. [P]
7 claves de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos
El documento que avaló la operación en Venezuela, publicado en noviembre de 2025, es una declaración de ruptura con el sistema anterior. Bajo el título “Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos”, la Casa Blanca establece los pilares que redefinen su relación con el mundo:
1. El fin del “Policía del Mundo”. Estados Unidos renuncia a construir democracias ajenas (“nation-building”) y prioriza exclusivamente sus intereses directos. Se acabó el idealismo liberal. “Nuestras élites calcularon mal la voluntad de Estados Unidos de cargar para siempre con fardos globales con los que el pueblo estadounidense no veía conexión alguna con el interés nacional”.
2. El “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe. Se declara al hemisferio occidental como zona cerrada y exclusiva, prohibiendo la presencia estratégica de China o Rusia bajo amenaza de intervención. “Después de años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”. “Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio”. “Este ‘Corolario Trump’ a la Doctrina Monroe es una restauración de sentido común y potente del poder y las prioridades de Estados Unidos”.
3. Ultimátum económico: ellos o nosotros. La ayuda financiera y las alianzas son transacciones condicionadas a que los países expulsen inversiones rivales (principalmente chinas). “Los términos de nuestras alianzas, y los términos bajo los cuales proporcionamos cualquier tipo de ayuda, deben estar supeditados a la reducción de la influencia exterior adversaria –desde el control de instalaciones militares, puertos e infraestructura clave hasta la compra de activos estratégicos”.
4. Soberanía sobre globalismo. Se declara la guerra a las organizaciones supranacionales (como la ONU) si interfieren con las leyes internas de Estados Unidos. “Nos oponemos a las incursiones en la soberanía de las organizaciones transnacionales más intrusivas”. “El mundo funciona mejor cuando las naciones priorizan sus intereses”.
5. Guerra al narcotráfico. El narcotráfico y la seguridad fronteriza dejan de ser asuntos de “aplicación de la ley” para convertirse en objetivos militares. Se autoriza el uso de fuerza máxima contra los cárteles. “Despliegues dirigidos para asegurar la frontera y derrotar a los cárteles, incluyendo donde sea necesario el uso de fuerza letal para reemplazar la fallida estrategia de solo aplicación de la ley (“law enforcement-only”) de las últimas décadas”.
6. El fin de la era de la migración masiva. La seguridad fronteriza se eleva al nivel de amenaza existencial y seguridad nacional primaria. Ya no se habla de gestión, sino de cierre y control total. “La era de la migración masiva debe terminar. La seguridad fronteriza es el elemento principal de la seguridad nacional”. “Queremos un mundo en el que la migración no sea meramente ‘ordenada’, sino uno en el que los países soberanos trabajen juntos para detener, en lugar de facilitar, los flujos de población desestabilizadores”.
7. Pragmatismo ideológico. Un cambio interesante es que la administración Trump parece dispuesta a trabajar con gobiernos de izquierda o ideologías diferentes, siempre y cuando no se alineen con China y cooperen en migración y seguridad. “No debemos pasar por alto a gobiernos con diferentes perspectivas con quienes, no obstante, compartimos intereses y que quieren trabajar con nosotros”. [P]