LA VISIÓN DEL MUNDO QUE TIENE TRUMP
Trump ha inaugurado la geopolítica postmoralista, lo que sucede cuando se produce el crepúsculo del deber: la fuerza y el poder se convierten en la única medida de los países y las relaciones internacionales. Y sin moral se erosiona la civilización y reaparece bajo la piel de los neoimperios el hombre hobessiano. Han saltado las salvaguardas y los blindajes contra las arbitrariedades. El mundo luce a la intemperie.
Trump y su atenta mirada sobre Latinoamérica
Paulo Velasco, Doctor en Ciencias Políticas y profesor asociado de la Universidad del Estado de Río de Janeiro
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca trajo cambios evidentes y profundos en la política exterior estadounidense. De hecho, el nombramiento de Marco Rubio como Secretario de Estado ya indicaba una mayor atención a las relaciones con América Latina y un claro enfoque en temas como el control migratorio. A lo largo de los meses, se han producido desacuerdos con importantes países latinoamericanos, como el Brasil de Lula da Silva, que estuvo sujeto a aranceles comerciales muy elevados, y también sufrió presiones para cambiar el curso del juicio al expresidente Jair Bolsonaro, quien finalmente sería condenado a más de veintisiete años de prisión.
Con Donald Trump se superó definitivamente el período de “benigna negligencia” hacia América Latina por parte de Estados Unidos, durante el cual la región permaneció en gran medida al margen del radar de la superpotencia. Esto abrió espacio para iniciativas locales, como el impulso de proyectos de integración regional, así como para una política exterior más autónoma, centrada en recortar la dependencia de Washington y diversificar las alianzas para reducir las vulnerabilidades. Todo ello condujo a un aumento significativo de la presencia de China en la región, convirtiéndola en el principal socio comercial de gran parte de los países latinoamericanos, pero también consolidándose como un importante inversor y financiador de proyectos de desarrollo en la región, especialmente en áreas como infraestructuras (en particular, energía y puertos), transporte, agricultura y minería.
La nueva prioridad otorgada a América Latina por Donald Trump supone una reacción geopolítica al avance chino en la región, así como al de otros actores extrarregionales como Irán y Rusia. Para el presidente de Estados Unidos, América Latina debe volver a figurar como un área de influencia natural para Washington, dentro de la perspectiva clásica de un “patio trasero” sobre el cual la potencia hegemónica podría y debería ejercer un amplio control. De hecho, se percibe un resurgimiento de la retórica de la antigua Doctrina Monroe del siglo XIX, sintetizada en el lema “América para los americanos”, pero también del Corolario Roosevelt y la política del “gran garrote” de principios del siglo XX. Esta es una perspectiva clásica y neoimperialista que confirma una nueva era en las relaciones internacionales, marcada por el “regreso de la geopolítica”, centrada en el territorio, las fronteras, la expansión de dominios y la proyección de poder.
Es la antigua práctica de las esferas de influencia la que ha regresado y que converge en gran medida con el pensamiento internacional de Donald Trump. En esa lógica, se espera que América Latina se someta a los caprichos de Estados Unidos (al igual que Canadá o Groenlandia). Rusia, a su vez, proyecta poder sobre Ucrania y su entorno estratégico, y China intensifica sus amenazas contra Taiwán.
Esas ideas se declararon explícitamente en la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre por la administración Trump, afirmando que el Hemisferio Occidental, asociado con la idea de América Latina, es un espacio naturalmente sujeto a la hegemonía de Estados Unidos, sobre el cual debe ejercer control y proyectar su poder.
Con el avance de los gobiernos de derecha en América Latina, confirmado por las recientes elecciones en países como Bolivia, Honduras y Chile, Donald Trump está expandiendo su influencia política en la región y las posibilidades de establecer algún tipo de alineamiento casi automático muchos gobiernos. De hecho, ya hay líderes muy afines a su discurso, como Milei en Argentina, Santiago Peña en Paraguay, Daniel Noboa en Ecuador y, por supuesto, Nayib Bukele en El Salvador.
Al mismo tiempo, las declaraciones del presidente Donald Trump sobre Groenlandia no son una mera curiosidad diplomática; representan un cambio drástico en la percepción del Ártico, que ha pasado de ser una zona de cooperación científica a un escenario de competencia de suma cero entre grandes potencias. Trump considera a Groenlandia como parte integral del hemisferio occidental. Bajo una reinterpretación de la Doctrina Monroe —denominada por los analistas como la “Doctrina Donroe”—, Washington busca consolidar un control total sobre lo que considera su “patio trasero” estratégico, con el objetivo de impedir que la influencia rusa o china se establezca en la puerta de entrada a Norteamérica.
Además, desde un punto de vista económico, con el deshielo acelerado, Groenlandia se ha convertido en una especie de “El Dorado” del siglo XXI, con importantes reservas de minerales críticos en general y de tierras raras en particular, esenciales para las tecnologías de defensa y la transición energética. Estratégicamente, la Base Espacial Pituffik (antes Thule) es vital para el sistema de alerta temprana de misiles balísticos, lo que la convierte en una de las ubicaciones militares estratégicamente más importantes del mundo.
La acción estadounidense en Venezuela a principios de 2026, que resultó en la captura del presidente Nicolás Maduro, quien fue encarcelado en Estados Unidos, donde será juzgado, pone de manifiesto la capacidad de acción del país en la región, sin los límites tradicionales que imponen principios de derecho internacional como la soberanía, la no intervención o la integridad territorial.
En una región latinoamericana azotada por el avance del crimen organizado transnacional, Donald Trump se siente con derecho a actuar con firmeza para salvar la vida de sus ciudadanos. De hecho, si bien su primer año de mandato ha registrado modestos avances económicos para la población, en particular debido a los precios aún muy altos, su administración se ha centrado en la ley y el orden, y en este contexto, Latinoamérica se ha convertido en un objetivo prioritario. Esto incluye tanto detener la migración ilegal a Estados Unidos —con deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados y repetidas acciones controvertidas y brutales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE)— como contener la llegada de drogas al mercado estadounidense. Con todo ello, nada indica que el enfoque de Trump sobre Latinoamérica vaya a disminuir, más bien todo lo contrario. [P]
*Artículo exclusivo para el Péndulo Político.
El presidente Trump, ¿arquitecto del nuevo orden internacional?
Álvaro del Pozo, experto en relaciones internacionales
Los sistemas internacionales tienen una vida precaria, cada orden expresa una voluntad de permanencia, sin embargo, sus componentes se encuentran en una dinámica de cambio constante. Tanto así que en cada siglo se ha ido reduciendo la duración de los sistemas internacionales. El orden que nació de la Paz de Westfalia duró siglo y medio. El sistema internacional creado por el Congreso de Viena se mantuvo durante un siglo. El orden internacional de la Guerra Fría concluyó luego de 40 años.
Ni duda cabe que en el desarrollo de la sociedad moderna siempre ha florecido alguna potencia que gravita notoriamente sobre el orden internacional. El Cardenal Richelieu, en una Europa que se expresaba a partir del Estado-nación, dio un enfoque moderno a las relaciones internacionales en el siglo XVII, motivado por los intereses nacionales franceses. Gran Bretaña introdujo el concepto de “equilibrio de poder” en el siglo XVIII. Ya en el siglo XIX, Metternich reconstruyó el concierto internacional y Bismark lo desmanteló. En el siglo XX, ningún país ha influido tan decididamente como Estados Unidos de Norteamérica, dicho poder se materializó muchas veces de forma contradictoria y sin limitar sus esfuerzos para imponer la vigencia de sus valores y la consecución de sus objetivos estratégicos.
Fueron los presidentes Woodrow Wilson, desde el idealismo más genuino, y Theodore Roosevelt, desde la intervención directa, los que trazaron este “excepcionalismo norteamericano”.
La mayoría de los analistas coincidían que la nueva configuración del sistema internacional se produciría en la convivencia de un sistema multipolar donde varias potencias determinarían el curso del nuevo orden internacional. Este escenario partía del presupuesto que los Estados Unidos de Norteamérica terminaría reconociendo la coexistencia de otras potencias al mando del timón mundial. Sin embargo, el presidente Donald Trump en su primer año de su segundo mandato está realizando todos los esfuerzos, primero, por ser el hombre que simbolice la erosión del sistema internacional liberal reflejado en un sistema de Naciones Unidas con competencias de los Estados, basadas en principios, reglas y derecho internacional; y segundo, que aunque la administración de Trump no puede negar la existencia de otras potencias que son parte de ajedrez mundial, desea ser la potencia que determine las condiciones y las áreas de influencia de cada una de ellas.
El fin de Maduro
La detención de Nicolas Maduro dio inicio al año 2026, si bien es cierto que la presión que ejercía Estados Unidos al gobierno de Maduro, durante parte del 2025, bajo la premisa de lucha contra el narcotráfico, esta avizoraba una acción de otro calibre, pero nadie imaginó la forma y contundencia de la misma. El mensaje para el mundo en general y la región en particular fue alto y claro. Estados Unidos en aras del logro de sus objetivos geoestratégicos y geoeconómicos no deparará en el cuidado de la soberanía nacional o las reglas del Derecho Internacional. El hemisferio occidental es dominio de los Estados Unidos, recordando el sustento de la Doctrina Monroe. No olvidemos que aproximadamente en el primer cuarto de siglo, China había logrado desbancar a los Estados Unidos como el socio principal de la región sudamericana. En el caso de Venezuela, la presencia china y rusa desde la época de Chávez, había ido in crescendo notoriamente. Venezuela cuenta con las mayores reservas de petróleo del planeta.
Caso Groenlandia
En 2019, durante su primer mandato, el presidente Trump había ofrecido comprar este territorio, hoy entre afirmaciones y negaciones, tonos altos y bajos, el primer mandatario norteamericano ha dejado claro que su país requiere el control de la isla, porque su administración dice tener las evidencias que enemigos hostiles estarían interesados en gravitar en el territorio autónomo de Dinamarca, poniendo en riesgo la seguridad de los Estados Unidos y del hemisferio occidental. Habrá que recordar que Groenlandia cubre en su territorio el 13% de las reservas de petróleo por explorar, el 30% de las reservas de gas por explorar y ocupa el octavo lugar en reservas de tierras raras.
Retiro de 66 organismos internacionales
La administración Trump sorprendió al mundo con este anuncio, más de 30 de estas pertenecen al sistema de las Naciones Unidas. La justificación de esta mediada establece que estas instancias internacionales ya no le reditúan ningún beneficio a los Estados Unidos. Lo paradójico de la medida es que la arquitectura de las Naciones Unidas estuvo determinada principalmente por las potencias occidentales. Este mensaje no deja dudas de la aspiración norteamericana de erigir un orden internacional diferente y mucho más dependiente de la potencia del Norte.
Junta de Paz del presidente Trump
Finalmente, otra de las sorpresas del mes que nos deja es la fundación de la Junta de Paz con 26 miembros fundadores a iniciativa del gobierno de los Estados Unidos. Si bien es cierto que el actual sistema de mantenimiento de la paz y la seguridad internacional, que descansa en las espaldas del Consejo de Seguridad, ha fracasado, esta iniciativa no parece que vaya otorgar mayor efectividad en la solución a los actuales conflictos bélicos, pero simboliza también otro golpe al actual Orden Internacional.
Las relaciones con los aliados históricos
Otra de las acciones más recurrentes de la administración Trump ha sido la crítica dura y sistemática a sus aliados europeos y no europeos miembros de la OTAN. Estas han transitado desde el vaticinio de la desaparición de la cultura europea hasta excluirlos de las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, y la exigencia de un mayor compromiso presupuestario para defensa. Evidentemente, Europa no ha podido visualizar en el tiempo que la dependencia en materia de Defensa de los Estados Unidos se convertiría en perversa. Hoy el presidente Trump se distancia de sus aliados con la pretensión de marcar que en un contexto bélico Europa no podría hacer frente por sí misma a una amenaza extranjera de características graves y así configurar nuevas dependencias.
Algunas preguntas a modo de conclusiones
¿Podrá Estados Unidos terminar la tarea de establecer un nuevo sistema internacional en base solo al poderío militar y la presión arancelaria? ¿Será suficiente que Estados unidos sea complaciente con China en la relación a su gravitación en Taiwán o el África, y con Rusia en Europa Oriental y Ucrania en particular para mantener la Paz y la Seguridad Internacional? ¿China se convertirá en el nuevo garante del sistema internacional? ¿La presión de los Estados Unidos a sus aliados históricos logrará su sometimiento o por el contrario los acercará a los denominados enemigos de la potencia del norte? ¿Europa trazará un camino de autonomía militar y reducción de su comercio con los Estados Unidos? ¿Podrá lograr Latinoamérica una voz de unidad frente a las asimetrías existentes en su relación con los Estados Unidos? ¿El modus operandi de la administración Trump tendrá como objetivo terminar con el actual sistema internacional o simplemente busca mayores concesiones y alta capacidad negociadora? [P]