¿Necesitamos una izquierda?
La pregunta viene a cuento luego de que ella quedó sin líder a raíz del fondeo de su líder Evo Morales, de que el MAS se convirtió no solo en un partido minoritario, sino marginal, y de que las fuerzas que apoyaban al MAS ahora andan de divididas y sin norte claro.
En Bolivia la izquierda ha tenido históricamente dos versiones. La primera, que aparece en las primeras décadas del siglo XX y que contribuye a la defensa de la clase obrera y, en esa medida, aporta a la modernización del país; que defiende valores universales y contribuye a la preservación de la democracia y que, si bien perseguía la utopía socialista, esto nunca fue causa para desconocer la realidad.
La segunda izquierda, la que el sociólogo Aldo Mascareño denomina “decolonial”, aparece en la primera década del siglo XXI y no defiende valores universales, por tanto, reniega de la democracia a la que califica de ser un engaño; cree que una sociedad y un estado se deben construir únicamente desde la exaltación de la particularidad, desde la identidad y, por tanto, desdeña el mestizaje como elemento clave para pensar sociedad y cultura. En suma, esta izquierda abandona las premisas epistemológicas de un orden social moderno.
Desde inicios del siglo XXI la izquierda decolonial dominó el panorama ideológico y académico en nuestro país, al punto que muchos intelectuales, sea por sincero apego o para alcanzar notoriedad y empleo, se hicieron decoloniales también. Pero lo realmente penoso fue ver a líderes de la anterior izquierda entregados por completo al carro victorioso de la izquierda decolonial, pero ya no como actores de primer orden sino como invitados de segunda categoría, creyendo que el nuevo movimiento valoraba su conocimiento y experiencia, cuando solo se los utilizaba para fines de poder político.
En todo caso, y aunque que se hicieron esfuerzos por conjugar ambas izquierdas, este debate nunca fructificó ni tuvo posibilidad alguna de hacerlo. Y no se pudo dar porque sus actores fueran flojos para el debate sino porque, en realidad, quienes enarbolaron las ideas de la defensa de los indios, las mujeres y los marginados, en realidad usaron esas banderas como discurso para llegar y mantenerse en el poder.
Bolivia es quizá el único país donde los afines a la izquierda decolonial llegaron al poder. En esto se diferencia de otros países como el Brasil de Ignacio Lula Da Silva y de Dillma Rousef, el Ecuador de Rafael Correa, la Venezuela de Hugo Chávez, estos líderes y sus partidos nunca renegaron de la modernidad y, mutatis mutandis, se adhirieron a un cierto consenso civilizatorio de raíz occidental. Quizá el único país que intentó seguir a nuestro país postulando una nueva constitución política fue Chile con Gabriel Boric, pero esta intención chocó con la dura realidad del votante chileno, que votó en contra en el referendo constitucional.
Ahora toca volver a la pregunta inicial, a saber: ¿Hace falta una izquierda en Bolivia? Mi respuesta es sí, aunque no, principalmente, porque deba haber un contrapeso a la actual derecha en el poder o porque sea necesario, una izquierda que promueva igualdad y actúe como contrapeso de la derecha. La razón que creo válida es es que hoy la derecha se ha vuelto nativista y defensora de las identidades particularistas como en otros tiempos lo hizo la izquierda decolonial. Si antes la derecha defendía el mercado y el libre trasiego de personas, hoy se ha hecho negadora del mestizaje cultural para abrazar supuestos valores solo locales que las consideran bajo ataque de los migrantes. Si antes esta derecha solo había aparecido en países europeos o en los Estados Unidos de Trump, hoy ya ha logrado popularidad en países como Chile. El triunfo del derechista Jose A. Kast, en las elecciones de diciembre de 2025 se debe a sus discursos xenófobos y sus amenazas a los migrantes de sacarlos del pais apenas sea posesionado como presidente.
Otra razón es que necesitamos una izquierda que defienda valores como el respeto de la soberanía y los derechos humanos, defienda al débil frente al poderoso y postule la observancia de las reglas del derecho internacional. La derecha, hoy está demasiado obnubilada con las acciones negadoras del orden internacional del presidente de los Estados Unidos Donald Trump como para atreverse a criticar sus derivas imperiales. y La izquierda puede cumplir este rol.
Si existe una izquierda que merece renacer o sobrevivir, es esa izquierda tradicional, la que de una u otra manera creía en la racionalidad, en la universalidad de los valores y en un proyecto democrático. La otra izquierda, la que gobernó Bolivia por 20 años ha fracasado, quizá para siempre. [P]