El estado de la economía nacional
Empresas públicas solo contribuyen al déficit fiscal
Jorge Bleichner, docente de economía USFX
En los últimos veinte años se ha generado la tesis de que el motor de la actividad económica era el Estado y además el Estado empresa o empresario, quién desde toda perspectiva ha generado una competencia desleal a la iniciativa mixta y privada, que se traduce en inversiones en nuestro país.
Nos encontramos en un momento coyuntural muy álgido, con una inflación del 20%, una contracción económica del 1,3 %, sumado a un Presupuesto General del Estado (PGE 2026) de 397 mil millones de bolivianos, aprobado muy tardíamente, pese a tener una reducción de la subvención a los hidrocarburos que se materializó en un ahorro de alrededor de 2.000 millones de dólares, que representaba un 3,5 a 4% de producto Interno Bruto, (PIB). Un PGE 2026, pero sin un incremento salarial definido, sin un ajuste severo al gasto o que den nuestras claras de una contracción del Estado, en aquellos rubros y sectores donde es por ineficiente, pero tal vez lo más delicado, sin un Plan Económico y un Modelo Económico, técnica y sólidamente construido, que muestre a todos cuales son los objetivos económicos-sociales a ser alcanzados, en plazo razonables y verificables.
Uno de estos sectores que le generan al Estado un gran déficit, que en el PGE 2026 tiene una estimación del 9% del PIB; son las empresas públicas, las cuales en especial desde el año 2011, amparadas en el Modelo Económico Social Comunitario Productivo y sostenidas por los excelentes precios de los hidrocarburos, permitió la creación miope de un sinfín de empresas estatales.
Por inexistencia de información oficial, asumimos datos del periodo 2011 al 2022, públicos en libro de Julio Linares, Solo Ruido, Nada de Nueces, haciendo alusión las inversiones y resultados del Estado-Empresa. En el libro realiza un análisis de 56 empresas públicas, 33 empresas nacionales, 2 empresas regionales, 4 empresas departamentales y 17 empresas municipales. En el año 2014 gracias a la bonanza del gas, Bolivia tuvo las mayores reservas de su historia 15.200 millones de dólares, de esta fuente y otras más como la Gestora de Pensiones, las empresas estatales se han prestado 7.700 millones de dólares, a la fecha solo han podido pagar un 17% adeudando al propio Estado más de 6.400 millones de dólares.
En los últimos meses se ha conocido con mucha frecuencia y sorpresa de la existencia de más y más empresas públicas que databan de gestiones anteriores inclusive, las cuales nunca funcionaron, por ausencia de estudios de factibilidad técnica-económico, que desde luego, derivó en la actual catástrofe institucional.
Por otra parte, el oscurantismo doloso del acceso a la información y así como el maquillaje para la distorsión en los estados financieros y la ejecución presupuestaria, ha ralentizado el diagnóstico de las empresas estatales.
Recordemos que la justificación de la creación de las empresas estatales era generar excedentes para alimentar los bonos sociales, Juancito Pinto y otros, pero ahora viene el problema, pues el estado subvenciona alrededor de 1.200 millones de dólares a empresa deficitarias y además en doble partida debe cumplir con el pago de los bonos ya consolidados.
La Oficina Técnica de Fortalecimiento a la Empresa Pública, creada en la Ley Nª 466 de 2013, tiene como finalidad mejorar la gestión y eficiencia de las empresas públicas, esta instancia revive el pasado mes, informando que muchas empresas presentan una quiebra técnica, que significa que ni vendiendo todos sus activos, pueden cubrir sus obligaciones.
La pregunta ahora surge, que se puede hacer y que se debe hacer. Este escenario pasa indudablemente por un diagnóstico real, actividad que se vienen desarrollando, la cual necesita ser ágil, indudablemente se requiere una reingeniería total, en términos de procesos, costos, producto, a la vez de la elaboración de nuevos y creativos planes de negocio, buscando aliados estratégicos nacionales y extranjeros, sumado a un manejo técnico idóneo. [P]
La coyuntura económica boliviana
Walter Alejandro Baldivieso Vargas y Ricardo Baldivieso Menacho, economistas
El escenario económico global muestra una leve recuperación en 2026, donde el crecimiento mundial del Producto Interno Bruto (PIB) pasó de 2,3% en 2025 a 2,4% actualmente. Esto se ve reflejado en las economías avanzadas, que han impulsado este desarrollo, pero no así en las economías emergentes las cuales se han estancado en 3,8% los últimos dos años, aun así, se espera una tendencia creciente para 2027.
América del Sur muestra un crecimiento estable (2,4% en 2026), pero con diferencias marcadas entre sus países. Argentina lidera el crecimiento (4%), aunque con la inflación más alta (29,1%). Por otro lado, Bolivia muestra el desempeño más bajo, con un crecimiento de 1,1% y una inflación que ha alcanzado el 14%, mostrando un fenómeno de estanflación.
La inflación boliviana se concentra en el incremento en precios de alimentos y bebidas no alcohólicas, alimentos y bebidas consumidas fuera del hogar, salud y bebidas alcohólicas y tabaco. Agravada por la continua incertidumbre cambiaria, donde se manejan tres tipos de cambio: el oficial (6,96 Bs/$us), el referencial del BCB y el paralelo o “blue”, que oscila cerca de los 10 Bs/$us.
Pese a esto la balanza comercial ha mostrado una tendencia creciente en exportaciones y una ligera disminución en importaciones, obteniendo así un favorable saldo comercial, pero no un incremento en las Reservas Internacionales Netas (RIN), que alcanzaron su punto más alto en 2014 (15,123 millones de dólares) y el más bajo en 2023 (1,709 millones de dólares), para marzo de 2026 las RIN se encuentran en 3.543 millones de dólares.
Además, el déficit fiscal, impulsado por el gasto en hidrocarburos y la caída de ingresos del gas (que bajarían de 2,8% a 1,6% del PIB en 2026), muestra un intento de reducción del 12% al 7% entre 2025 y 2026. Hacia 2027, la recuperación dependerá de mejoras en controles de precios y la forma de atraer inversión privada. También dependemos de la exploración de YPFB que ya es crítico y necesario para revertir la tendencia negativa y mejorar la competitividad, considerando un entorno mundial con tasas de interés elevadas y restrictivas para obtener financiamiento externo.
Evaluado la coyuntura de hace un año, sin lugar a dudas estamos en mejor situación, si bien la autoridades advirtieron que se podría llegar a una inflación de hasta un 20%, con tendencia a nivelar el tipo de cambio entre el oficial y el paralelo, se advierte mucha cautela respecto al déficit fiscal, se percibe que esto puede deberse a las presiones sindicales, con exigencias desmedidas en pro de sus afiliados que representan al 20% de la población ocupada (INESAD) ignorando las aspiraciones de mejores oportunidades del otro 80% inmerso en la informalidad: que no recibe salarios, no tiene seguridad social, ni vacaciones, ni horarios de ingreso o salida del trabajo, que por estas y otras razones, es el sector que más aporta a la generación del producto interno bruto del país (más del 70%).
También al contexto externo con varias fricciones militares entre países que inciden en la producción y precios del petróleo y sus derivados. Productos que inciden directamente sobre el gasto público que de mantenerse así se verá obligado a volver a subvencionar los precios de los combustibles, pues el barril de petróleo que estaba alrededor de 60 $us subió a más de 100 $us. Otra amenaza, aunque no explícita, pero claramente advertida, es la presión política de desestabilización del gobierno y de sus instituciones, mediante bloqueo de caminos y arterias de las ciudades, que obstaculizan el normal desarrollo de actividades productivas y de satisfacción de necesidades.
Si bien la evaluación coyuntural presentada por Alejandro es alentadora, es producto de las expectativas favorables ante la elección y posesión del nuevo presidente, sin embargo, a partir de ahora empezaran a formarse nuevas expectativas (sean adaptativas o racionales) incluyendo las amenazas expuestas, lamentablemente ante la inacción explicita y al parecer ausencia de un plan para enfrentarla, se advierte tendencia adversa a lo observado a manera de retorno a la *coyuntura pasada, cargada de incertidumbre acentuada por las muchas y graves denuncias de comportamientos poco transparentes. Las autoridades están a tiempo de tomar las medidas pertinentes que motiven a la población, cuando menos a mantener, las expectativas hasta antes del escenario presentado, de no ser así es muy probable se ingrese a profecías autocumplidas adversas. [P]
La Curva de Phillips en Bolivia
Ximena G. Lemaitre V. y Mauricio F. Gonzales S., docentes Carrera Economía - USFX
La economía no es solo una serie de números fríos, sino es el estudio de cómo las personas reaccionan ante los cambios. Una de las herramientas más famosas para entender esto es la Curva de Phillips. Esta teoría sugiere que existe una especie de “balanza”: cuando el desempleo baja, la inflación tiende a subir, y viceversa. Es decir, hay un intercambio constante entre cuánta gente tiene trabajo y cuánto suben los precios en los mercados.
Recientemente una investigación realizada por docentes de la Universidad San Francisco Xavier analizó este fenómeno en Bolivia durante los últimos 15 años (2010-2024). Los resultados no solo explican cómo funciona nuestro país, sino que lanzan advertencias importantes para el futuro.
El reto de la informalidad
Antes de analizar los datos, los investigadores chocaron con una realidad innegable: Bolivia es uno de los países con mayor informalidad en el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) entre el 80% y 85% de la economía boliviana es informal. Esto significa que 8 de cada 10 trabajadores operan “fuera del radar” oficial. Por ello, medir el desempleo real en Bolivia es como armar un rompecabezas sin todas las piezas; los datos oficiales del gobierno a veces no alcanzan a mostrar la película completa, lo que obligó a los investigadores a realizar cálculos más profundos para hallar la verdad tras las cifras.
Tres etapas y una anomalía
El estudio dividió los últimos 15 años en tres momentos clave:
1. 2010-2014: Una época de bonanza y estabilidad, con inflación moderada y desempleo bajo, impulsada por un contexto internacional favorable.
2. 2015-2019: La economía empezó a «enfriarse». El crecimiento fue más lento y el desempleo subió ligeramente, pero la relación de la Curva de Phillips seguía funcionando de forma predecible.
3. 2020: El año del colapso. Aquí ocurrió una anomalía. Debido a la pandemia, el desempleo se disparó al 8% mientras la inflación caía a casi cero. Este evento fue un «outlier” o dato atípico que rompía toda lógica económica.
Para que el estudio fuera preciso, los investigadores tuvieron que usar un “filtro” estadístico (llamado variable dummy) para aislar el efecto de la pandemia. Al limpiar ese “ruido”, descubrieron algo sorprendente: la verdadera fuerza de la economía boliviana. Mientras los datos crudos sugerían una relación débil, el análisis corregido mostró una pendiente de 2,04. Esto significa que nuestra economía es el doble de sensible de lo que se pensaba: por cada punto que baja el desempleo, la presión sobre los precios aumenta de forma mucho más agresiva.
¿Cómo pensamos los bolivianos?
El estudio también exploró cómo tomamos decisiones. ¿Actuamos como computadoras procesando toda la información del futuro (Expectativas racionales) o miramos el pasado para decidir hoy (Expectativas adaptativas)?
La investigación confirmó que el boliviano promedio usa el “espejo retrovisor”. Nuestras decisiones de ahorro y gasto dependen casi totalmente de lo que pasó ayer. Si la inflación el año pasado fue alta, asumimos que este año será igual y ajustamos nuestros precios y salarios de inmediato. Esta “memoria de corto plazo” domina por completo el mercado nacional, lo que explica por qué es tan difícil frenar la inflación una vez que comienza a subir: la gente ya la tiene incorporada en su chip mental.
El límite que no debemos cruzar
Finalmente, la investigación reveló un dato crucial que el gobierno no publica: la NAIRU o Tasa Natural de Desempleo, que en Bolivia se sitúa en el 4,97%.
Este número es, en términos sencillos, el piso laboral del país. Es el nivel de desempleo más bajo que la economía boliviana puede soportar. Si un gobierno, en su afán de popularidad, intenta forzar el desempleo por debajo de ese 4,97% inyectando dinero artificialmente o estimulando la economía en exceso, no creará empleos reales ni duraderos. Lo único que logrará es despertar al “monstruo” de la inflación.
El estudio demuestra que Bolivia tiene una estructura económica donde la inflación es muy sensible a los cambios del empleo y donde los ciudadanos reaccionan rápidamente basándose en sus experiencias pasadas. Ignorar el límite del 4,97% de desempleo es una receta para el desastre, ya que solo generará una subida de precios persistente que terminará afectando el bolsillo de todos los bolivianos. [P]