“Hemos llegado al límite en el conflicto”

“Hemos llegado al límite en el conflicto”

Péndulo político Raykha Flores Cossio 02/06/2026 21:43
La crisis política actual muestra nuevamente un Estado fallido.
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La crisis política actual muestra nuevamente un Estado fallido. El politólogo y economista Fernando Untoja, uno de los intelectuales aymaras más reconocidos, alimenta el debate en esta coyuntura con su cuestionamiento al uso de lo indígena “como una maquinaria homogeneizadora”, pero también a la lectura y al manejo del conflicto. Correo del Sur Radio conversó con él.

Pregunta (P). ¿Por qué sostiene que más allá de las disputas políticas y los indicadores económicos, hay una memoria social herida detrás del conflicto?

Respuesta (R). Hay que empezar con Sucre, donde nace el Estado fallido bajo una dicotomía cargada de prejuicios y de racismo. A partir de ahí, la sociedad no puede construirse y menos el Estado; en momentos, la sociedad aparece contra el Estado y, en otros momentos, el Estado aparece contra la sociedad. En ese recorrido ha habido frustraciones, humillaciones, abusos, miramientos y una dicotomía venenosa que ha ido marcando la memoria individual y colectiva. Hemos nacido odiándonos un poco y eso lo hemos arrastrado y no podemos superar hasta hoy. No hemos hecho nada bueno porque no nos hemos entendido entre la sociedad y el Estado, y la sociedad ha vivido en esa dicotomía prejuiciosa y cualquiera puede utilizar eso para enfrentar de un momento a otro. 

P. ¿Y esto se agravó o evolucionó a partir de la Constitución de 2009?

R. En Sucre, en la Calancha, después en Oruro, en La Paz, la Constitución del 2009 lo que ha hecho es liquidar toda posibilidad de construcción de identidad nacional; la liquidó con la plurinacionalidad y ahora no somos nada: no sé si somos bolivianos o pertenezco a alguna tribu. Además, no hemos hecho la Constitución de 2009; habrá habido turba, fanatismo, movilización, pero no hemos hecho: no hemos redactado ni una coma, ni un punto; hemos llenado con cosas que han redactado las ONGs, los españoles, los cubanos y los venezolanos. Es una Constitución que, en lugar de mejorar el entendimiento, ha dosificado con mucha más intensidad y calor, el racismo. Por ejemplo, 131 veces se cita la palabra “indígena” en la Constitución, ¡si no hay indígenas en Bolivia! El tema indígena ha sido un apelativo del opresor contra el oprimido. ¿Cómo podemos funcionar así? 

P. ¿Qué papel ha jugado el Movimiento al Socialismo (MAS)?

R. Bolivia está completamente deshecha y ahora, con el gobierno del MAS, durante los 20 años, lo que se ha hecho es radicalizar esa dicotomía, trabajar en amigo-enemigo y utilizar lo indígena como una maquinaria homogeneizadora y a partir de ahí buscar al culpable y comenzar odios contra el rico, contra el blanco, contra el negro, contra el que tiene negocio próspero, y hemos llegado con eso a un momento culminante de la exacerbación y del calor de la racialización; juegan todos. Nos vemos a través de la cortina del odio y el Gobierno no tiene una narrativa para poder superar eso, entonces el MAS explota al 100%.

P. Si se trata de un problema histórico, ¿hay forma de superar esta crisis? Usted señala que el verdadero reto es reconstruir la Constitución, pero eso toma su tiempo.

R. Hay que dar soluciones para la coyuntura, y para la parte estructural, de mediano a largo plazo, hay que reaprender y asumir la responsabilidad que tenemos los bolivianos. 

A nivel de coyuntura se puede superar la crisis con una narrativa consistente, más optimista y menos dicotómica, menos incluyente. Esa idea de “incluir” es venenosa: ¿Quién incluye? El latifundista incluye un día por año a su siervo, invitándole un platito porque es el compadre, eso es ridículo. 

Necesitamos propuestas que tranquilicen a la sociedad y luego pensar en el futuro con optimismo, lo que implica exigencia a la escuela, colegios y universidades para que el boliviano reaprenda y asuma lo que tiene en su memoria individual y colectiva. Si no hacemos eso, cualquier grupo puede aprovechar esta crisis de memoria. 

No necesitamos ministros para mostrar que el Gobierno es inclusivo; necesitamos programas para el occidente: Oruro, La Paz, Potosí y Chuquisaca. No hay programas ahí, por eso no se produce nada.

P. En la coyuntura actual se habla mucho de la posible aprehensión del expresidente Evo Morales. Hay quienes dicen que, sin él, el conflicto desaparecería.

R. Es un señor que ha estado en el gobierno 20 años —su partido ha estado—, y ha destruido el país y sobre todo ha exacerbado esa dicotomía prejuiciosa. La otra gente que estaba contra el MAS también ha alimentado: le han dicho “indio”, le han dicho de todo y eso ha ido calentando las cosas.

Es prófugo de la justicia, sí, pero como el Estado es fallido, no tiene esa capacidad de aprehenderlo y enjuiciarlo; puede darse el lujo de tomar un cuartel y el Estado queda mirando. Entonces Rodrigo Paz no tiene poder. ¿Podría solucionar este problema de las dicotomías venenosas? No pues, va a exacerbar; si no existe otra narrativa optimista, va a continuar ese veneno. Está exacerbada la cuestión dicotómica.

Tenemos un Gobierno tan débil que no tiene partido, ni técnicos, ni visión, ni servicio exterior; ¿está por milagro ahí o lo tienen por qué?

P. Hay sectores radicalizados que reclaman una falta de representación auténtica. ¿Qué es lo que se está ignorando?

R. Los que están moviéndose ahora son la punta de lanza de esa dicotomía calentada en los 20 años. Se acostumbraron los dirigentes campesinos en todo el país a vivir del Estado: tienen sueldo, camioneta y viajan como turistas, no producen nada; el MAS les dio ese poder, de migajas, donde la gente se divertía, mientras la corrupción y el robo era organizado en el poder. 

Ahora Rodrigo no tiene propuesta para superar esto; la idea de incluirlos, una política de inclusión, es absurda. Como el Gobierno no tiene propuesta, no ven clara la situación, no leen el país y no escuchan nada, no hay salida por ahora. 

P. Entonces no hay salida. ¿Usted piensa que Rodrigo Paz terminará cayendo por estos conflictos? 

R. Puede durar, puede durar tres meses más. Le puede salvar el estado de excepción, pero tiene que tener el respaldo de una propuesta productiva. [P]

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