Recordando el 21060, para mirar al futuro
Gonzalo Sánchez de Lozada publicó una carta a propósito de los 40 años del Decreto Supremo 21060
Al recordar los 40 años de la promulgación del Decreto Supremo 21060, observamos que el país enfrenta nuevamente una situación crítica. En cierto modo, eso nos obliga a mirar hacia atrás. No para quedar anclados en el pasado, sino para aprender y no repetir errores.
"Bolivia se nos muere", dijo entonces el Presidente Paz Estenssoro. Tenía razón. Y tal vez se lo puede decir de nuevo.
La inflación estaba destruyendo el aparato productivo y golpeaba duramente a los bolivianos, empeorando la situación de los más pobres. Los conflictos sociales habían arrinconado a las instituciones políticas y el electorado había dispersado su voto en varios partidos, sin darle a ninguno una mayoría clara. Quienes apoyaron al MNR para llegar al gobierno anticiparon que no participarían en esa gestión, sino que serían oposición.
Aunque yo era solamente Presidente del Senado, el Dr. Paz me encomendó la tarea de formar un grupo que preparara un plan de emergencia que pudiera enfrentar la inflación, reactivar la economía y fortalecer la democracia. Nos puso un plazo límite de tres semanas y nos pidió que pusiéramos todas las propuestas en un solo decreto. Las noticias duras deben darse de una sola vez.
Armamos un equipo de trabajo y comprometimos la confidencialidad de todos. Cada dos días me reunía a solas con el Presidente Paz Estenssoro para ponerle al tanto del trabajo y recibir su orientación.
Al cumplirse el plazo, don Víctor Paz convocó al Gabinete y nos aisló de todo contacto hasta revisar y aprobar cada detalle del Decreto. Esta etapa tampoco fue fácil. Cuando le pregunté por qué encerró al gabinete, me dijo que tenía miedo de que se escaparan después de leerlo. Tenía sentido del humor don Víctor Paz. El 29 de agosto de 1985 el Gabinete en pleno firmó el Decreto y el Presidente lo presentó al país con un mensaje sobrio, sincero y directo.
Aunque fuimos varios los que participamos en el diseño de las políticas de estabilización y ajuste estructural, no puede atribuirse los méritos del decreto a nadie más que al Dr. Víctor Paz Estenssoro. Él fue quien tuvo el coraje necesario para innovar y él fue quien asumió los riesgos y costos políticos de su promulgación e implementación.
No hubo ninguna participación extranjera. No se hicieron consultas con organismos internacionales ni se recibieron condiciones de nadie que no fuera el Presidente.
El 21060 estabilizó el tipo de cambio porque permitió el uso de todas las monedas que quisieran emplear los agentes económicos, y creó el Bolsín, un mecanismo de remate diario de los dólares que entraban al Banco Central. Al mismo tiempo, cortó de raíz los créditos fiscales y ninguna entidad pública pudo gastar más de lo que entraba en sus cuentas, reduciendo drásticamente el déficit fiscal.
La decisión más difícil fue la de cerrar operaciones en gran parte de la minería, porque costaba más producir estaño que lo que se obtenía por su venta. En ese momento no sabíamos que la situación se pondría peor por el desplome de los precios internacionales del estaño que se produjo apenas unas semanas después de lanzado el decreto.
El 21060 también liberó todos los controles de precios, permitiendo que la libre competencia de productores y consumidores abasteciera los mercados. Esto eliminó de inmediato la escasez y las colas.
Fue doloroso pero necesario poner freno a la excesiva influencia de los sindicatos, porque estaban impidiendo realizar las inversiones que podían crear nuevos empleos en los sectores público y privado.
Varios artículos del Decreto estaban orientados a eliminar trabas, impuestos, trancas, aduanillas y requisitos burocráticos que solamente creaban privilegios.
Para mejorar los ingresos del gobierno y sanear la economía de la principal empresa del país, YPFB, tuvimos que aumentar los precios de los carburantes. Sabíamos que esto tendría un impacto inflacionario, pero se compensaría con las otras medidas que abrían los mercados a una mayor oferta y producción.
Se crearon también mecanismos de compensación que permitieran a los trabajadores despedidos encontrar nuevas oportunidades y a los grupos más pobres enfrentar el ajuste y mejorar sus condiciones de vida y trabajo. Fue parte de esa dinámica el Fondo Social de Emergencia que distribuyó ingresos y creó empleos útiles en todo el país. Finalmente, se proyectaron medidas para realizar una negociación de la deuda pública que no ahogara a nuestra economía.
La misma noche en que se promulgó el 21060, el Dr. Paz nos organizó para buscar acuerdos parlamentarios que permitieran aplicarlo, sobre todo con el frente que presidía el Gral. Bánzer. A pesar de las diferencias que teníamos, conseguimos establecer un acuerdo fuerte y duradero.
Tuvimos éxito, y aún así el Dr. Paz me castigó poco después encargándome el Ministerio de Planeamiento y Coordinación, y la conducción de los aspectos económicos de la gestión de gobierno. Ahí nos apoyó Jeffrey Sachs, que había asesorado a ADN, conocía la situación y estaba de acuerdo con nuestro enfoque de ajuste inmediato con reformas profundas.
El Decreto 21060 consiguió sus objetivos y nos permitió posteriormente realizar reformas que profundizaron la democracia y dieron nuevo impulso a la economía, aunque no pudieron superarse algunos problemas que luego despertaron las fuerzas de la desconfianza, la demagogia y el autoritarismo.
Estas son las fuerzas que han llevado al país a la situación de grave crisis que enfrenta ahora. La inflación está contenida por subsidios insostenibles y la contracción de la economía. Las instituciones han sido debilitadas y la desconfianza paraliza a todos los actores.
En 1985, el precio del estaño, nuestra principal fuente de ingresos, se desplomó por factores externos. Hoy, en 2025, ocurre algo similar con el gas. Pero hay una gran diferencia: esta vez no se trata de un derrumbe provocado por el mercado internacional, sino por uno de los mayores crímenes económicos en la historia del país: Despilfarraron los ingresos del gas sin realizar nuevas inversiones.
De manera que la situación es diferente. Recordar al 21060 debe servir para aprender de esa experiencia. La más importante es que el liderazgo político debe ser al mismo tiempo firme y concertador, debe confiar en su equipo y también estar dispuesto a tomar los riesgos políticos necesarios. Debe dar mayor libertad a los agentes económicos y proteger a los más vulnerables, eludiendo las tentaciones demagógicas que tanto daño nos hacen. La división social, regional y étnica es más grande que nunca, y por eso es necesario buscar también los factores de unidad que permitan reconstruir Bolivia sin excluir ni privilegiar a nadie.
Gonzalo Sánchez de Lozada