Bolivia perdió oportunidades de avanzar

Carlos Toranzo afirma que Bolivia perdió una oportunidad de avanzar hacia una democracia más estable y una economía renovada, debido a la falta de rumbo político

Bolivia perdió oportunidades de avanzar. Bolivia perdió oportunidades de avanzar. Foto: Referencial

Carlos Toranzo
Política / 07/08/2026 21:55

Las elecciones de 2025 demostraron que se vino abajo la legitimidad del Estado plurinacional. La discusión política en la etapa preelectoral ya no estuvo dominada por temas identitarios, en especial por lo indígena; eso demuestra que el Estado plurinacional, desde su nacimiento, no tenía existencia sociológica, pues más de treinta naciones no poseían población.

Si el MAS trató de ocultar al país mestizo, observamos la existencia de una Bolivia urbana compuesta por múltiples mestizajes, los que no ocultan sus orígenes étnicos. Hablamos de diversos mestizajes y no de un mestizaje homogéneo, como pretendía el MNR de la Revolución de 1952.

El tema indígena ha sido sustituido por lo urbano popular. Esto se ha ratificado luego de los bloqueos de más de 50 días de este año. La ciudad de La Paz y El Alto fueron bloqueadas por la COB y la Federación Tupak Katari, por campesinos, no por indígenas, pero campesinos que son “vecinos”, esto es, que viven simultáneamente en la ciudad y en el ámbito rural; en el presente ya no es radical la diferenciación entre urbano y rural, pues hay una continuidad entre ellos, de la cual el articulador es el vecino.

Aquí importa diferenciar entre campesino e indígena y no tratarlos como una misma cosa.

También se ha desplomado el modelo social comunitario, pues la mayoría de la población cree más en el mercado que en la comunidad. Comerciantes, campesinos, gremiales cocaleros, cooperativistas mineros, transportistas tienen alma neoliberal; son estos los que en El Alto y en la ciudad de La Paz se levantaron contra los bloqueos hechos por los campesinos.

Metafóricamente, los hijos se enfrentaron a sus padres.

En Bolivia hay un neoliberalismo popular conectado con la informalidad económica: 90% del empleo es informal, por eso la COB es un cascarón vacío, ya que no existe proletariado.

Durante los gobiernos del MAS no tuvimos socialismo, ni el mal llamado ‘Socialismo del Siglo XXI’; lo que hubo fue un capitalismo de Estado articulado a un capitalismo de camarilla.

En el presente se debilitó el capitalismo de Estado por el hundimiento de la producción de hidrocarburos, pero subiste un Estado de camarilla. El MAS, como partido, se hundió, queda una sigla muy disminuida; pero, no desaparece en varios sectores vulnerables, en especial campesinos, la adhesión a algunos cambios que hizo dicho partido, no se pierden algunos sentimientos y emociones que generó en sus inicios. Hablamos de la inclusión indígena que era necesaria, hablamos de una adhesión emocional a un ideario, pero ya no necesariamente al partido.

El MAS y Morales pudieron salir por la puerta grande como reformadores sociales, pero, se fueron como el símbolo de la corrupción, de la violación al Estado de Derecho, dejando al país en una crisis moral y de valores muy intensa. Queda el evismo, ante todo, cocalero y en parte rural. Queda un Chapare que en los bloqueos no ha sido aceptado plenamente como aliado por los campesinos bloqueadores, pues estos sienten el tufillo narco de los cocaleros.

Del balotaje salió un gobierno improvisado que no tenía claro un norte de país ni tenía equipo para enfrentar la labor gubernamental. La candidatura de Paz fue improvisada, como la nominación de Lara, quien entró a última hora cuando este perdió a su candidato a vice, que pasó a las filas de Doria Medina.

Paz ganó el balotaje no por Lara —a quien se le dio mucha importancia y ahora ya se siente que su estatura es demasiado chata—, sino simplemente porque una parte de la población, aquella que tenía sentimientos cercanos al MAS, no deseaba votar por los “neoliberales” Quiroga o Doria Medina.

Paz, como el viejo MIR, hizo otro entronque, ahora, con las bases del MAS que habían quedado huérfanas y probablemente con algunos dirigentes rurales de ese partido, lo cual se comprueba con la lista de diputados del PDC.

La tarea del Gobierno era y es muy difícil: desmontar lo que hizo el MAS, luchar contra una cultura de la prebenda, del robo, de la falta de preparación para administrar el Estado; en su agenda de temas urgentes tenía la provisión de hidrocarburos, la existencia de dólares y la alta inflación de los precios de los alimentos. El primer tema parecía muy complicado, pero la gente aprobó la suspensión de los subsidios; deseaba trabajar y entendía lo insostenible de los subsidios.

El gran sujeto de los primeros cien días del Gobierno fue la gente que aceptó ese ajuste, la misma que permitió el incremento del precio del pan porque sabía que era insostenible el monto anterior. El Gobierno comenzó sus equivocaciones nombrando un gabinete muy inclinado hacia Santa Cruz, cuando fue el occidente quien le dio el triunfo; siguió con un DS 5503 mal redactado, que colocaba un tipo de política como la que hizo el MAS: contratar inversión extranjera, hacer contratos sobre RRNN sin pasar por el Legislativo, es decir, gobernar con decretos. En ese momento, el Gobierno resucitó un cadáver, a la COB, que estaba hundida por prebendal, por corrupción y por falta de valores. Esta hizo derogar tal decreto, pero el Gobierno salvó la eliminación de los subsidios gracias a la comprensión de la gente.

Dicho decreto duró como un mes; el 21060 duró 20 años.

Pero el error más grande fue no solucionar el tema de la gasolina basura. Dio varias versiones no creíbles y hasta ahora no hay responsables claros en ese tema. Por esta vía el Gobierno ha perdido credibilidad y legitimidad, las mismas que parecen irrecuperables.

Los bloqueos de 2026 no solo fueron empujados por Morales, estuvo por detrás el narco, las dirigencias sociales que medraron durante 20 años y que no querían perder sus privilegios. Bolivia, especialmente La Paz, vivió los rigores de más de 50 días de bloqueos. ¿Estuvo Evo Morales tras los bloqueos? ¿Estuvo el narcotráfico tras el mismo proceso interesado en proteger el santuario boliviano que lo dejó actuar libremente durante 20 años? Las respuestas son positivas, con un aditamento: no hay que separar al estuprador del narcotráfico. Él es una de sus fichas, es su alfil en los momentos de iniciar y desarrollar convulsión social. El narcotráfico en Bolivia es más amplio y complejo que Morales; quizás este ni siquiera sea su capitán, es más seguro que Marset y otros sean piezas más importantes que él. Existe una republiqueta, el Chapare, donde campean las actividades del narco con la protección de Morales y las seis federaciones del trópico cochabambino. Pero, al Chapare se le suma el Urubó, donde han vivido y todavía viven o descansan varios jefes de los cárteles más importantes del narco en Suamérica. El narco ya no es solo hoja de coca u hombres que la plantan, pasta básica, clorhidrato de cocaína, producción de marihuana, contrabando de oro o de precursores, es crimen organizado que maneja la trata de personas, el contrabando de armas, que moderniza la logística para usar Bolivia como país de tránsito de la coca peruana. El narco se ha sofisticado en el mundo, ha penetrado el sistema financiero mundial, los sistemas políticos nacionales, la Justicia, la Policía, las aduanas, los poderes locales. Ese narco sofisticado está presente en Bolivia carcomiendo al Estado y la sociedad; los casos de las maletas o del oro tienen que ver con el crimen organizado que actúa libremente en Bolivia.

Por de pronto, el reto es impedir que el Chapare siga siendo una republiqueta del narco. El fracaso de las políticas del MAS obligaba a dejar el capitalismo de Estado; implementar una economía ligada al libre mercado, en lo político, implicaba que pasemos de un modelo de autocracia, de un partido único, a uno democrático que exigía la necesidad del pacto, de una democracia pactada, pacto parlamentario entre dos o más fuerzas políticas para gobernar. El reto de esa democracia pactada es construir un Estado republicano que implique el Estado de Derecho, la vigencia de la Constitución, presencia de check and balances entre los distintos poderes del Estado.

El gobierno de Rodrigo Paz no avanzó en ninguno de esos campos. No se realizaron las reformas para tener una economía de libre mercado, que atraiga la inversión extranjera, que dé seguridad jurídica a todos los inversionistas, ni se lograron los pactos, parlamentarios u otros, para tener una democracia pactada que impulse el desarrollo democrático.

¿Por qué no sucedió lo anterior? Porque el Gobierno no tiene un norte estratégico, no sabe a dónde va. El Presidente se ha hundido en la voluptuosidad del poder repitiendo sofismas; sus operadores, desde el Ministerio de la Presidencia, no avanzaron en los pactos; sus imberbes operadores económicos no han logrado superar la crisis económica ni abrir el campo a la inversión privada, nacional y extranjera. Todo esto con el aditamento de que hay un gobierno muy permisivo con la corrupción.

El MAS, con el cambio de Constitución, creó la falacia de la existencia de un Estado autonómico, pero edificó el régimen más centralista de los últimos 50 años. Eso fue posible por la existencia de un poder hegemónico; pero, cuando no lo hay, como en el presente, hay espacio para la descentralización. Más allá de la difusa idea del 50-50, no se avanzó en este campo.

Aunque el desarrollo autonómico es necesario, no parece haber actores fuertes que lo impulsen; no obstante, un dato positivo es que emergieron nuevos liderazgos regionales, renovación de líderes que impulsan una nueva democracia. Así sucede en Santa Cruz, Pando, Tarija, Potosí u Oruro. Pero, paralelamente, no existen nuevos liderazgos en el ámbito nacional.

Los bloqueos demostraron una realidad importante: el occidente, La Paz, Oruro o Potosí, no pueden vivir sin los alimentos producidos en Santa Cruz; y simultáneamente enseñó que ese departamento no puede desarrollar su economía si no vende sus productos al occidente. Esto implica una poderosa interdependencia regional en un país que tiene dos polos económicos y políticos: Santa Cruz y El Alto de La Paz.

Bolivia precisa un cambio de relacionamiento internacional, diversificar nuestras relaciones con otros países. El Presidente está logrando ese reto, incluso es parte del Escudo de las Américas impulsado por Trump, pero, con una desventaja: el Gobierno prácticamente no tiene Cancillería. En los bloqueos, cuando toda la sociedad repudiaba a la COB y a los campesinos bloqueadores, cuando la mayoría de las CODes desconocían las movilizaciones, cuando una buena parte de mineros, cooperativistas mineros y fabriles rechazaban los bloqueos, el Gobierno llegó a un acuerdo con la COB, que es una capitulación ante una organización casi inexistente. El Gobierno se obliga a todo y la COB a nada. Ni siquiera pide perdón por los 22 muertos causados por el bloqueo. Extraño acuerdo entre una organización que es un cascarón vacío, pues no representa a casi nadie, con un gobierno extremadamente débil que pacta prácticamente la impunidad por todos los delitos cometidos por los instigadores de los bloqueos y suscribe un acuerdo para que se le fiscalice a futuro cualquier política pública que desee realizar.

Se dice que el gobierno ganó porque no hubo los muertos que buscaban los bloqueadores. Pero, ¿no cuentan los 22 ocasionados por los bloqueos? ¿No cuenta el hecho de que en 50 días de bloqueo la economía haya quedado hundida y que vaya a tomar años lograr la recuperación?

También indican que el acuerdo es papel mojado, que el Gobierno no lo cumplirá porque al frente tendrá una COB ilegítima y debilitada. Los bloqueos no fueron por un tema étnico, ni por pobreza ni por discriminación. Hay clases medias intelectuales en Bolivia acomplejadas por lo étnico que desean solo ver etnicidad en estos temas, pero olvidan las razones fundamentales del conflicto. No anotan el rol del narcotráfico, de su alfil, Evo Morales, del crimen organizado, de la minería, de la geopolítica del contrabando y del apoyo logístico al narco.

En 2003, en los bloqueos había un actor campesino y urbano popular de El Alto, no hubo indígenas. En 2026, el actor es básicamente urbano popular, sin indígenas. El campesino bloqueador es de provincias de La Paz, pero ese campesino es gremial, camionero, volquetero, minibusero, contrabandista, mula del narco y de muchas ocupaciones urbanas. Es más urbano popular que campesino. Y a esto súmese la población alteña que es urbano popular. La estrategia del Gobierno fue diálogo, diálogo, diálogo, esperar y esperar. Veintidós muertos no lo conmovieron, ni miles de choferes atrapados en las carreteras, ni decenas de enfermos sin comida en los hospitales, ni niños con cáncer que no pudieron llegar a sus tratamientos. Miles de miles de niños en educación a distancia, con un solo celular familiar para ser usado por cinco o cuatro niños. Miles de empresarios avícolas quebrados en Santa Cruz y en Cochabamba, miles de productores de leche quebrados por no poder entregar ese producto a las empresas, decenas o centenas de empresarios de carne perjudicados por no poder vender sus productos. Centenares de hoteles y moteles cerrados, centenares de restaurantes cerrados o quebrados.

En los bloqueos, La Paz redescubrió su norte, que le puede dar de comer. Las carreteras hacia el Beni son una necesidad para todo el país. La Paz, la más asfixiada, notó que está sin autoridades, un gobernador ausente, quizás sintiendo la culpa de su habilitación por un TSE mediocre; un alcalde ocupado en ponerse alfombras rojas para unas fiestas “julianas” inexistentes.

Era muy difícil que los bloqueos lograran la renuncia de Rodrigo Paz. En el presente, en Sudamérica, no puede haber un gobierno de izquierda o ligado al narco debido a la gran oposición del gobierno de Trump; Paz está amparado por el Escudo de las Américas, eso dificulta un golpe de Estado.

No obstante, la incapacidad del Gobierno puede allanar cualquier tipo de solución. En 2026 el Estado está debilitado, desinstitucionalizado y deslegitimado, pero, también las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos sociales están más debilitados, pues han perdido legitimidad porque la corrupción y la falta de valores. Los bloqueos han destruido la economía boliviana y, paralelamente, han derruido a quienes los impulsaron.

No perdamos de vista que el bloqueo puede ser el ‘Febrero Negro’ que los bloqueadores, junto al narco, podrían convertir en un ‘Octubre Negro’. Si el alfil del narco y de los bloqueos, Evo Morales, no entra a la cárcel, el futuro será incierto. Más incierto aún si el Gobierno, como hasta hoy, no gobierna, pospone decisiones; si no logra pactos políticos, si no soluciona los problemas urgentes, pues Bolivia ya tiene nueve meses de colas para el diésel y nada se soluciona.

Más difícil será el futuro si el Gobierno sigue dando señas de ineptitud, de ser permisivo con la corrupción, de estar cercado por clanes de amigos y por tener más familiares en el poder que estructuras políticas que solucionen los problemas.

Mientras tanto, el país no dejará de tener una sociedad civil corporativa, clientelar, maximalista, antiimperialista, antiempresarial y autoritaria. En el referéndum de 2016, en las movilizaciones de 2019 en contra del fraude electoral, en las elecciones de 2025 —no olvidemos el control ciudadano del voto—, en los cabildos antibloqueos de 2026, vimos que están surgiendo pequeñas fracciones de sociedad civil ciudadana. Ellas le hacen bien a la democracia, pero deberán convivir con una sociedad civil corporativa muy conservadora. Con el nuevo gobierno, a Bolivia se le abrieron en 2025 amplias oportunidades para impulsar la democracia de pactos y con esa base estabilizar la economía e impulsar el desarrollo. A nueve meses de su asunción al poder, la administración de Paz ha rifado dichas oportunidades y nos conduce al camino de la incertidumbre.

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