El odio que te tengo
El odio que te tengo es capaz de pulverizar montañas, de secar mares, de cambiar el curso de los micros
El odio que te tengo es capaz de pulverizar montañas, de secar mares, de cambiar el curso de los micros. Es un odio sincero, a la altura de gente como nosotros. El odio que te tengo es tan odio que es un odio al que no puede acceder la gente común, que también odia, al final, todos tenemos derecho a odiar. Pero mi odio es diferente. Mi odio es, de lejos, mi mejor arte. Odiar puede parecer un arte fácil pero es un arte extremo, es algo que se aprende tras largas temporadas en el infierno, buscando amor en avenidas desiertas empapadas de tristeza bajo lluvias de fuego. Fácil es querer, fácil es amar, fácil es pensar en la limitada armonía de las cosas porque nos hace creer que somos buenos y la bondad es un sentimiento miserable y mentiroso. Boludo es decir “te amo” y esperar que te crean. Odiar en cambio, te acerca a lo monstruoso, te enfrenta a lo siniestro, a lo sucio, a lo espantoso de ser quien eres. Te hace saber que eres, también, malditamente humano.
Un murciélago ciego en busca de su caverna en la desolada extensión de la noche y la palabra. El odio es eterno, el odio procura la locura. El odio enfrenta la frustración de no poder retener eso que llamamos amor, entonces lo mejoras, lo superas, lo odias. Odiar es de lejos un sentimiento contradictorio, pero eso es lo que somos, también. Odia y serás libre, odia y vencerás, odia y caminarás directo al infierno. Ódiame por piedad yo te lo pido, es el grito desamparado de los amantes frustrados. Los amantes odian más y mejor, es el amor en su estado más puro. Mientras más profundo el amor, más profundo es el odio. Si te amo y no te puedo retener, pues te odio y ese odio perdurará más allá de nuestra carne y la ternura que hoy te tengo. El odio que te ofrezco es la llave del infierno, no del paraíso, es la llave de una cantina, no de la iglesia, es la llave del heavy metal, no de la balada, es la llave que da al otro lado de la puerta antes de que empiece el Apocalipsis que acabará con el mundo y no podamos ya recuperarnos. Abraza este sentimiento tan puro como el alcohol y el silencio. No lo rechaces y no dudes de él ni siquiera un segundo: El odio que te tengo, es el odio que te mereces. Te odio.