La libertad de pensar y escribir

A propósito de la exposición de libros de columnistas denominada: “La libertad de pensar y escribir”, realizada en el Centro Simón I. Patiño en Cochabamba

La libertad de pensar y escribir La libertad de pensar y escribir

Oscar Díaz Arnau
Puño y Letra / 19/05/2015 06:06

A propósito de la exposición de libros de columnistas denominada: “La libertad de pensar y escribir”, realizada en el Centro Simón I. Patiño en Cochabamba, Oscar Díaz Arnau ensaya una aproximación crítica al siempre polémico tema de la libertad de expresión.

EL COLUMNISTA
Sin día propio de festejo, sindicato ni cosa parecida, el columnista es un ser esencialmente solitario; no creo que ninguno se parezca a otro. Y en el fondo, además de todo lo bueno que pueda decirse de él o de ella cuando es mujer, el columnista no pasa de ser una persona individualista que a veces comete la solidaridad de decir inteligencias en un periódico que se lee poco.

Sin embargo, aunque la llegada de los periódicos a un público mayoritario siga siendo limitada en nuestro medio, el columnista todavía influye en los círculos de poder, de decisión. Por esto algunos le reconocen un “liderazgo de opinión”, lo que sin más remedio contribuye a insuflar su generalmente embarazado ego. De alguna forma, el columnista tiene que compensar su soledad.

Decía que se lee poco el diario, yo creo que cada vez menos (la mejor prueba de esto es que la gente no lee más en los aviones, ni siquiera por esnobismo).
Ramón Rocha Monroy, ilustre ciclista cochabambino que en sus ratos de descanso nos deleita con sus lindas ocurrencias, sostiene que en Bolivia no se lee porque los escritores son de clase media urbana letrada que escriben para lectores de clase media urbana letrada. Y que por eso el libro no pasa de pequeñas ediciones. Y por eso él reivindica la tradición oral, como diciendo: “No seremos lectores, pero sí buenos oradores, ¡qué caray!”. Con un ojo de vidrio se pueden ver algunas cosas que tal vez los demás ignoremos, pero, no creo que nos convenga quedarnos tranquilos con la realidad de que se lee menos de lo que se habla en el país. Si leemos nosotros, con seguridad que nuestros hijos, nuestros hermanos, van a leer también. Nada mejor que el ejemplo para transmitir el hábito de la lectura.

LA COLUMNA
No cualquiera logra “comunicar”, en el sentido estricto de esta palabra, especialmente en estos tiempos —aún jóvenes— de la Internet, del blog y de las redes sociales. El nivel de las columnas revaloriza a un periódico cada vez más virtual (de pantalla) y menos real (de papel).

Y a pesar de las avasallantes nuevas tecnologías de la comunicación, ni siquiera la avanzada robótica mundial ha podido reemplazar al cerebro humano. Confío en que el buen columnista todavía consigue, a fuerza de ingenio, estilo y profundidad, establecer un vínculo de fidelidad con su lector, de tal manera que este —aunque sea uno solo— espera el día de la publicación de su columna.

A mi modo de ver, la mejor columna es la que se acerca al cuento logrado. En consecuencia, el mejor columnista es el que se acerca al cuentista, porque sabe utilizar las herramientas de la literatura para ponerlas al servicio del periodismo.

LIBROS DE COLUMNISTAS
A propósito de la exposición denominada “La libertad de pensar y escribir”, he podido certificar que la Biblioteca del Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño de Cochabamba, dirigido por Elizabeth Torres, tiene una muestra representativa de libros de columnistas destacados, principalmente, de la mitad del siglo XX para acá. Es posible acceder allí a una interesante selección de esas obras, gracias a la novedosa iniciativa de Marcela Inch; la mayoría de esas obras se encuentran también en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia.

De consagrados literatos, historiadores o periodistas bolivianos, son publicaciones que pueden servir de consulta —ya que en ellas se encuentra la historia comentada del país—, o sencillamente de lectura placentera —considerando que en esos análisis periódicos o en esas crónicas o relatos cotidianos han intervenido escritores cuyas columnas, de ayer y de hoy, dejaron impresas algo más que un pensamiento frío.

Por lo demás, los nombres reunidos en dicha exposición confirman el valor de las firmas para los periódicos: Las páginas de opinión de un periódico siempre serán mejores con firmas tales como las de Mariano Baptista Gumucio, Carlos Mesa o Paulovich, por citar solo tres de más de treinta columnistas. Todos, en mayor o menor medida y cada cual a su particular modo, han contribuido con sus columnas a ayudarnos a formar una idea del país que tenemos.

“LIBERTAD DE PENSAR Y ESCRIBIR”
Un título hermoso, hasta poético, en algún punto utópico pero, ante todo, en la Bolivia de hoy, polémico. No hay consenso en el país sobre la cuestión de la libertad de expresión. Y, tratando de ser objetivos, esto no es nada fácil de dilucidar.

En cualquier democracia respetuosa de los principios que la sostienen, la libertad de expresión estaría sobreentendida. Si nos ciñésemos a la lógica, no debería haber medias tintas: o se tiene o no se tiene libertad de expresión. Pero la Bolivia de hoy es un caso sui generis y en ella se goza, a la vez que se sufre, de libertad de expresión.

En esta Bolivia la libertad de expresión convive con la autocensura, con el miedo. Si para un país no hay nada más dañino que un gobierno dictatorial, pocas cosas hay más peligrosas para una democracia que un periodista con miedo. El periodismo boliviano trabaja bajo presión, metafóricamente, por una sentencia judicial de “libertad condicionada”.

Y sin embargo todavía creo. Creo que el periodismo independiente es, en la Bolivia de hoy, uno de los pocos guardianes que quedan en nuestras democracias imperfectas. Creo a pesar de la mala noticia de que el periodismo independiente, donde el poder tiende a perpetuarse en un solo partido, escasea.

Pues bien, dentro del periodismo (a secas) viven las columnas, con sus habitantes los columnistas.

Para el final, les dejo esta frase que encontré en la contratapa del libro de Jorge Patiño y Francesco Zaratti “Sendas ocurrencias: antología de columnas de opinión”, en la que Jorge Canelas Sáenz, exdirector de Pulso, dice lo siguiente:

“Reunir en un libro artículos de prensa es uno de los cometidos más fáciles. Por eso mismo tales libros, que abundan, suelen ser tan malos, o si no tanto, tan inútiles. Pero hay buenas excepciones por la calidad de lo escrito y también por la pertinencia de lo expresado como para que aquello contingente y circunstancial reluzca después duradero más allá de la hoja de un periódico destinado infaltablemente a la basura…”.
Entre los libros de los columnistas, hay varias de esas buenas excepciones.

LOS COLUMNISTAS
Mariano Baptista, Joseph Barnadas, Luis Ramiro Beltrán, Carlos Castañón Barrientos, Claudio Ferrufino, Guillermo Francovich, Alfonso Gumucio Dagrón, Jaime Iturri, Cayetano Llobet, Carlos Mesa, Manuel Monroy “El Papirri”, Gabriela Ovando, Alcides Parejas, Alfonso Prudencio Claure “Paulovich”, Roberto Navia, Demetrio Reynolds, Raúl Rivadeneira, Ana María Romero, Francesco Zaratti, son algunos de los nombres destacados de columnistas y, en algunos casos, cronistas, cuyos libros engrandecen la literatura y el periodismo nacional.
Estas obras se encuentran en la Biblioteca del Centro Simón I. Patiño de Cochabamba, que abrió con ellas la exposición “Libertad de pensar y escribir”. Esta muestra fue presentada por el periodista y escritor chuquisaqueño Oscar Díaz Arnau, cuya columna “Dársena de Papel” se publica los lunes, bisemanalmente, en varios periódicos del país.
Los libros de dichos autores pueden ser revisados también en Sucre, en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia.

 

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