El ojo mágico
Christopher Frank Carandini Lee. El cine de terror, si es que todavía existe fuera de los gruesos trazos de la mampostería digital (sí, el CGI es tosco y obnubilador), le debe casi todo.
Christopher Frank Carandini Lee. El cine de terror, si es que todavía existe fuera de los gruesos trazos de la mampostería digital (sí, el CGI es tosco y obnubilador), le debe casi todo. Sus ojos inyectados en sangre de Drácula (1958) contenían el horror en potencia que después muchas películas mediocres y algunas brillantes desarrollarían en gore, crímenes atroces y viscosas pesadillas nocturnas. Circulan por Internet biografías en las que se revela que el buen vampiro fue también espía antinazi y grabó discos de heavy metal. Todo eso es contingente; lo necesario fue su capacidad para representar el mal. Un mal telúrico, más allá de la experiencia posible.