El teléfono de Marilyn
El cinco de agosto se recordó otro aniversario de la misteriosa muerte de Norma Jean, más conocida como Marilyn Monroe. Esta es una crónica del destino del teléfono con el que la encontraron muerta aquella noche de 1962.
No se sabe cómo pero se dice que el teléfono rosado con el que la encontraron muerta llegó de alguna manera a manos de Andy Warhol, quien luego se lo regalaría a Jim Morrison en una sicodélica parranda de LSD en New York. El Rey Lagarto tampoco pudo usar el metafísico aparato para hablar con aquél alguien con quien Marilyn quería conectarse la noche del cinco de agosto de 1962.
Como sabemos Morrison sintió el espíritu de Dios conmocionarse un invierno a mediados del setenta, en la lluviosa París —cuando supo lo que César Vallejo había sabido desde siempre— luego de lo cual no se supo del destino del aparato sino hasta el estreno de Manhattan de Woody Allen, donde algunos sostienen aparece camuflado en una escena en la que Diane Keaton habla con alguien, que no se encontraba en el guión original de Allen, quien tampoco se percató de semejante detalle porque ya desde entonces andaba muy preocupado criando a su hija con los fines que ahora todos conocemos.
Los más desmesurados dicen que el teléfono con que el Comisionado Fierro se comunicaba con Batman era el mismo de la Monroe, el mismo que antes había llegado a manos de Antonio Meucci, el mismo que luego Alexander Graham Bell robó de manera descarada. Algunas biografías apócrifas dicen que al momento de su muerte, Bell mandó a buscar el aparato pero no pudieron encontrarlo ya que había sido sustraído la noche anterior, dejando al ratero Bell sin el tesoro hurtado y sin la posibilidad de realizar la última llamada sin patente de su existencia. Sin embargo, esa tesis, la de Batman, ha sido descartada por absurda, ya que en ese entonces hasta el Guasón tenía un aparato semejante, mucho más pop y desmesurado que el aparato original.
Sabemos también que el FBI perseguía desde hace mucho tiempo a Norma Jean, antes de que ella se entregara prácticamente a toda la familia Kennedy, y que lo que buscaban no era precisamente proteger a JFK del escándalo que suponía semejante relación, ya que ellos mismos se encargaron de cantarle el happy birthday to you mucho después en Dallas, sino que esperaban que Marilyn marcara el número preciso que ellos buscaban el momento preciso con el teléfono preciso, asunto que no pudieron lograr porque justo en ese momento a uno de ellos se le ocurrió ir a buscar donuts con café y el otro se quedó dormido escuchando Fly me to the moon en un Chevy del 59 sin calefacción y con el capote descompuesto.
El informe fue tan impreciso como la operación, lo que si fue preciso fue la desaparición del aparato por parte de los imbéciles agentes para no dar cuenta al alto mando de lo que en realidad había ocurrido. Lo que se dijo entonces es que existía algún tipo de operación secreta en la que estaban envueltos los soviéticos, y que ellos habrían sido los culpables de la desaparición ya no solo del teléfono sino de la mismísima Marilyn, lo que en su momento desmintió el Kremlin enfáticamente ya que lo único a lo que ellos temen más que a una bomba atómica, es a la escases de vodka, cosa que nunca ocurrirá mientras las balalaikas suenen sobre el planeta, así que ¿cómo se iban a ocupar de cosas tan banales como un teléfono y una rubia con fama de tontita?
Claro que el teléfono lo conocieron Joe Di Maggio, quien solo le atinaba a las pelotas y a quien el aparato volvía loco debido a sus celos enfermizos y a las constantes llamadas realizadas a altas horas de la noche por su bellísima esposa, quién sabe a quién. A James Dougherty, un tipo grandullón que acabó como policía retirado, ni lo contamos porque era uno de los que comían donuts y escuchaba a Sinatra quien se dice también conoció el teléfono.
Arthur Miller le dedicó algún pasaje en una de sus obras creo que fue en La muerte de un viajante en o en Una chica cualquiera, el asunto es que el aparato lo inquietaba profundamente y nunca lo utilizó porque temía que estuviera intervenido y escucharan sus conversaciones que se dice eran muy subidas de tono para una época tan antimarxista y tan macartiana.
Thomas Merton, maestro de Ernesto Cardenal, también buscó durante décadas el teléfono de Marilyn para luego seguir buscando explicaciones en la soledad de la trapa de Gethsemani, mientras que su alumno elevó su oración por la empleadita de tienda sacrificada frente al altar de la Metro Goldwyn Mayer, porque sabía que el número que buscaba aquella noche nunca estuvo registrado en el directorio de Los Ángeles.
A cincuenta años de su muerte, y en base a este tipo de especulaciones, creo poder asegurar que por allí, en alguna parte del mundo, el teléfono de Marilyn todavía busca su final, algunos todavía lo continúanos buscando, y cada vez que vemos algún teléfono rosado, cosa cada vez más extraña en estos días, nos apresuramos a levantarlo, nunca se sabe quién podría responder del otro lado de la línea, Dios, o lo que es lo mismo, Ella.
| ORACIÓN POR MARILYN MONROE DE ERNESTO CARDENAL (FRAGMENTO) Señor recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe, aunque ése no era su verdadero nombre (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar) y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje sin su Agente de Prensa sin fotógrafos y sin firmar autógrafos sola como un astronauta frente a la noche espacial. Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times) ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas. Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras. Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno pero también algo más que eso... |