LA CASA
Existe, indeleble, inextinguible, indolora se sostiene firme y sin rabia y aún busca florecer en las primaveras, la casa aún viaja conmigo, cargo la casa sobre mis espaldas me abriga, me trae su ventana soleada...
Existe, indeleble, inextinguible, indolora
se sostiene firme y sin rabia
y aún busca florecer en las primaveras, la casa
aún viaja conmigo, cargo la casa sobre mis espaldas
me abriga, me trae su ventana soleada
el dócil sonido de la palmera meciéndose
el aroma a pinos enanos
y el crespón mirando al firmamento como quien se sonroja mirando las estrellas.
La casa lleva mi pulso apelmazado y tu aroma a fruta dulce
la casa permanece con el piso pulido y las puertas abiertas como magnolias
hay ropa tendida que recibe el viento en el hondo fondo de la casa
y un muro que protege la sombra acongojada de mi padre
mi padre sostiene la casa y la casa lo abraza con el amor y con los años.
Mis pasos que no encuentran camino van a la casa, mis manos como ramas viejas la buscan
duermo a veces y despierto en la casa desenterrando con ira las margaritas aromadas
y me siento a la sombra de un damasco estéril a llorar por aquello que no encuentro
te busco moqueando, escarbo profundo como queriendo escaparle a la muerte, porque de las avispas a las que tanto he temido esperan para bañarme con su vuelo estival
pero una brisa irascible las espanta, y me sienta tranquilo, y me seca las mejillas
ahí andas, te adivino en la casa, carpiendo el césped, arrimada a las flores nuevas
rodeada de alegrías que el verano sabe traer cuando te sabe en sus vértices amartelados.
La casa finge que no añora, que no sufre los recónditos vacíos
se disfraza de sueño bueno, lleno de voces y ojos de madre
la casa se me obsequia cuando cierro mis ojos, para recordarte
y yo, con la vergüenza de los que se saben cobardes, me he llevado un poco de lo tuyo de esta casa…
Aunque no sea de mi talla…
Aunque todo lo tuyo todavía me quede enorme.