“La noche como un relámpago providencial que te sacude…” en La noche de Jaime Saenz
El objetivo del ensayo es extender una definición del verso, del primer poema de la cuarta parte. Donde ‘La noche’ se presenta como el relámpago de la providencia situada en la experiencia del ‘cuerpo’ saenszciano.
El objetivo del ensayo es extender una definición del verso, del primer poema de la cuarta parte. Donde ‘La noche’ se presenta como el relámpago de la providencia situada en la experiencia del ‘cuerpo’ saenszciano. Se busca caracterizar, en términos muy abreviados, si la iniciación de un ‘cuerpo’ puede o no salir de su trance, para trascender a ‘La noche’. El poemario de La noche de Jaime Saenz fue el último en publicarse en 1984. Es considerado plenamente como el mayor o por lo menos uno de los mayores logros de su producción literaria. Tuvo lugar dos años antes de acaecer su muerte en 1986.
Este poemario tiene cuatro partes. La primera titula la noche –en minúscula– porque presenta la idea principal de una iniciación para transitar al otro lado de la noche. En la segunda parte, bajo el título de El guardián del umbral, muestra metáforas y personajes transfigurados más allá de lo que pueda entenderse por lo material o sensible. Se parecen a los testimonios de un muerto que regresa al mundo sensible, cotidiano y pragmático en la voz de un ?Yo poético’. Hay un entreacto o intermedio que muestra un estado de paroxismo de todo el poemario. Bajo el pesadillesco intervalo de imaginarios fosforescentes presenta situaciones que son masivamente calamitosas. Se representa a una catástrofe que “[o]ra una luz encubridora, ora una oscuridad aterradora” (Saenz, 1984: 51). Y la cuarta parte titula La Noche –con mayúsculas– que es de interés en esta reflexión. Porque presenta una idea que puede sintetizar incluso a la parte a un todo de la obra así: “La noche, una revelación no revelada” (1984: 62).
¿Qué es La noche…?
En las siguientes líneas se toma una posición parcial sobre el último poemario saenszciano. Hay que aclarar que la prosa de Saenz no es necesariamente una apología del alcohol y a la opción social por la bohemia. Más allá del propio Saenz , su obra poética trasciende el ámbito convencional de un mero compromiso social. Hecha esta aclaración, se caracteriza una lectura crítica a partir de un texto saenszciano, el primer poema de la cuarta parte. En su contenido la dimensión de la noche es un eje. Porque las develaciones poéticas son como algo inconmensurable del mundo y hacia él mismo, sobre todo el quehacer cotidiano.
Hay que admitir un extrañamiento espacial que, creo yo, es frecuente en la lectura exhaustiva de La noche. A veces la lectura de la poética de Saenz resulta ser erróneamente juzgada de exótica o esotérica –por la carencia de toda gala literaria que ahonda en los discursos cotidianos. La comparación de la literatura con otros discursos, a veces, se hace imprescindible. Por ejemplo, el discurso jurídico es en generalidad un galimatías –que por su formación tiene unos personeros que solamente lo entienden como un rito de reglas. Este discurso, entonces, parece ser extractado de una suerte de manuales de texto– muchas veces, árido y frío pero siempre provisto de un estilo lapidario. Está claro que sirve para expresar la severa conciencia del poder estatal a través de sus operadores en una función casi maquínica.
Volviendo a Saenz, su poética ha incursionado en los misterios de algo que sería “la meditación” (1984: 63). Es aquella que interviene y provee al lenguaje en sus usos, como la morfosintaxis, de las “paradojas” (Canelas, 2015: 383). Estas transmiten justamente lo inconmensurable a un mundo de lo sensible. Es aquella experiencia única con la otredad radicalmente otra. Pero dice Saenz, hay que “purgar” (2015: 383) para alcanzar la revelación no revelada de la noche. Y solamente los iniciados son los predilectos de vivir el misterioso universo saenszciano de la noche. La iniciación de todo esto, también como medio de aprendizaje, es el alcohol.
Se sigue esta crítica con propiedad, a partir de ciertos versos que despliegan espacialmente La Noche. Son como esa realidad radicalmente trascendente. Para Saenz el espacio de La Noche tiene significaciones precisas así:
“Extrañamente, la noche en la ciudad, la noche doméstica, la noche oscura; la noche que se cierne sobre el mundo; la noche que se duerme, y se sueña, y que se muere, la noche que se mira, no tiene nada que ver con la noche. Pues la noche sólo se da en la realidad verdadera y no todos la perciben. Es un relámpago providencial que te sacude, y que, en el instante preciso, te señala un espacio en el mundo: un espacio, uno solo; para habitar, para estar, para morir –y tal espacio de tu cuerpo” (Op.cit.: 57, el subrayado es mío).
Para acercarse a una intención de definir ‘La noche’ hay que extraer ideas del espacio poético místico que permite conocer la verdadera realidad. Se trata de penetrar, tal cual es, el universo subjetivo de Saenz. Se reconocen, entonces, las figuras de este universo con intuiciones sobre algún tipo de engranaje de sus partes en la idea central de la noche. La primera intuición de ‘La noche’, después de haber leído sus poemas, se la relaciona con la noche de La Paz. Para Jaime Saenz está predicho que ‘La noche’ es un sujeto viviente más de su universo místico. Se dice que a nivel de la conciencia individual –o sea de un Yo– se precisa de un tiempo y espacio que transmita a ‘La noche’ su verdadera dimensión. En las cosas del mundo, nuestras vidas giran en torno al tiempo y espacio. El sentido por existir y transcurrir (como algo cotidiano que llegamos a sentir) en el modo de vida es el ejemplo palpable de esa producción del tiempo. El espacio está adscrito a una ciudad que equivale al día, donde hay certezas, buenas intenciones, chismes, tecnología y demás. Y se llega al espacio de ‘La noche’. Es el espacio de los iniciados en busca del hilo conductor que, tal vez pudiendo resolverse o no, se ha mostrado tan oscuro.
El primer poema, de la cuarta parte, es el articulador –a mi modo de entender– de la verdadera dimensión de ‘La Noche’. Es necesariamente el testimonio del espacio superior a las cosas del mundo. No es una inteligencia artificial. Es eso que literalmente sacude y está en uno mismo. Es parte del sí mismo, de cada uno. Es uno y simple, no es la idea comunitaria y religiosa de Dios. Más bien se trata de explicar una dualidad entre lo sensible y lo místico en su paso a la trascendencia. Este espacio del mundo tiene en su poder al cuerpo humano donde hay otro modo ser. Así se describen –muy bien– los versos de La noche sobre la condición de los seres iniciados y elegidos para esta experiencia. Son seres indignos, para las cosas del mundo, los elegidos por ‘La noche’. Inician este ritual esos vivientes de tremebundos camastros. La ingesta de alcohol en grandes proporciones, incluso a costa de su propia vida, permitirá el trance con la alteridad de ‘La noche’. Se entiende algo así in toto con la expresión saenszciana hasta ‘sacarse el cuerpo’. Si los elegidos por ‘La noche’ mueren en el trance, alcanzan la inmortalidad en el espacio de ‘La noche’ y en la memoria colectiva. El espacio de ese que muere está en su ‘cuerpo’.
¿Qué es el cuerpo…?
En una idea muy precisa, es único en el mundo para morarlo, vivir siendo él y morir en él. El ‘cuerpo’ es el espacio que Saenz encuentra para pernoctar ‘La noche’ y se vuelve inefable en este mundo. Necesita de una meditación y además requiere a uno mismo. Se vuelve en algo paradójico. Sin embargo, hay que involucrarse un poco más en el tema. Hay que buscar un poco más sobre lo místico o esotérico. En las tradiciones grafas más antiguas –más allá de la judeocristiana, por ej., la de los vedas– la dimensión espiritual hace parte de la comprensión de su Ser y del deber ser –aunque esta afirmación deduzca, por la primacía del ser-que-es, una falacia naturalista. Hay una definición harto interesante sobre el ‘cuerpo sutil’ en la tradición védica. La finalidad es que dicha noción pueda asociarse a la escritura saenszciana, en relación al cuerpo como morada de ‘La noche’. Este es entonces el misterio oriental que se extracta de la traducción del Bhagavad Gita sobre el ‘cuerpo sutil’ así:
“Aquellos que ven con los ojos del conocimiento la diferencia que hay entre el cuerpo y el conocedor del cuerpo, y que además pueden entender el proceso por el cual se logra la liberación del cautiverio de la naturaleza material, llegan a la meta suprema” (B. G., 13.35, 2013: 653).
La idea de ‘cuerpo’ para la antropología védica es una otredad con relación a occidente. Porque occidente difiere a través de la racionalización materialista de las cosas del mundo. O sea las cosas se mundanizan. Más bien, entre los vedas se alcanza la plenitud –o superalma– en la contemplación a través de la estructura de ‘castas’ espirituales. Esta fuente origina inquietudes por algunas versiones espirituales o místicas del espectro oriental, como ‘el quietismo’, ‘el ascetismo’ y otros soliloquios. Saenz está extrañado por este acontecer y porque tiene una revelación de ‘La noche’ que se presenta no revelada a los ojos del mundo. En ‘La noche’ siempre hay un propósito de conocer incluso las regiones de la noche que tiene el día. Y saber de ese relámpago providencial que sacude de ‘La noche…’. Tiene en su equivalente veda a ‘la chispa espiritual’ que se aloja en el cuerpo y es su habitante. Esta llega como relámpago de luz traspasando dimensiones, que nosotros no podemos percibir, y ‘sacude’ el sentido por vivir.
El poemario provoca a muchos sentimientos encontrados sobre todo en la profesión de una fe –y al margen de ser la obra culminante de Saenz, en la actualidad, merece tener una nueva reedición. Es un soliloquio después de todo. Es un diálogo con la muerte. Lo paradójico es que los temas que se tocan son inherentes a la vida. Hay que terminar diciendo que existe un camino a seguir por la sabiduría. Y ese camino es aprender a morir viviendo.
AA.VV. (2013). Bhagavad Gita. Tal como es. India: The Bhakhivedanta Book Trust.
Canelas Jaime, Valeria (2015). “Beber hasta sacarse el cuerpo. El alcohol como generador del desdoblamiento en La noche de Jaime Saenz”. En: https://dialnet.unirioja.es (Visitado el 14 de abril de 2017).
Romero Linares, Raúl et. al., (1977). 5 Estudios jurídicos. Sobre temas de los nuevos códigos bolivianos civil y de procedimiento civil. Sucre: Biblioteca jurídica.
Saenz, Jaime (1984). La noche. La Paz: Don Bosco.
Jaime Sáenz en breve
(La Paz, 1921 - 1986) Poeta boliviano cuya obra se desarrolló dentro del movimiento de experimentación individual subsiguiente al posmodernismo, en la segunda mitad del siglo XX.
De personalidad introvertida, Sáenz se formó en Alemania, donde cultivó la lectura de filósofos como Hegel, Heidegger y Schopenhauer y frecuentó la música de Wagner, Bruckner y Richard Strauss.
Poeta sediento de metafísica y atormentado por una cruda experiencia familiar, cuyos espejismos evocó siempre en sus versos, tanto en las imágenes como en los silencios, su estilo suele confrontarse con el de su compatriota Pedro Shimose: el primero intimista y ensimismado y el segundo escritor de una poesía comunicativa. Ambos representan una dualidad muy común en la poesía latinoamericana contemporánea, con distintos ejemplos en cada país.
Entre las obras principales de Jaime Sáenz merecen destacarse El escalpelo(1955), Muerte por el tacto (1957), Aniversario de una visión (1960), Visitante profundo (1963), El frío (1967), Recorrer esta distancia (1973) y la recopilación Obra poética, que apareció en 1975.
Un poema de Jaime Saénz
Como una luz
Llegada la hora en que el astro se apague,
quedarán mis ojos en los aires que contigo fulguraban
Silenciosamente y como una luz
reposa en mi camino
la transparencia del olvido.
Tu aliento me devuelve a la espera y a la tristeza de la tierra,
no te apartes del caer de la tarde
-no me dejes descubrir sino detrás de ti
lo que tengo todavía que morir.