Resúmenes cotidianos
Con el nombre de Resúmenes cotidianos, Alex Aillón Valverde recoge mensualmente algunos de los escritos que realiza y ensaya a través de las redes sociales.
Con el nombre de Resúmenes cotidianos, Alex Aillón Valverde recoge mensualmente algunos de los escritos que realiza y ensaya a través de las redes sociales a manera de prosas breves que a veces, con suerte, se infectan de poesía.
BLANCA NAVIDAD
Sobre mi mesa tenía dos enormes líneas de cocaína y una botella de vodka fría recién sacada del refrigerador. Del otro lado de la puerta tenía la familia, la cena navideña, Papa Noel, el jodido árbol de Navidad y una ex novia que de verdad me odiaba. Tenía dos opciones. Elliot, mi enorme pastor inglés sentado a mi lado, me miraba y era como si me hablara: “Que se jodan todos viejo, ¿cuándo han hecho algo por ti, cuándo?" Tenía toda la razón, claro que la tenía. Me agaché decidido cuando el maldito de Elliot estornudo e hizo volar todo por los aires. Nunca nieva en Sucre, pero ese año nevó. Fue una navidad interminable.
ENERO 2019
Todo ha sido un fracaso. Me propuse perfeccionar mi técnica de tele transportación y apenas he podido llegar de mi cama al baño en la mitad de la noche sin encontrar mis sandalias, lo que si encontré en el camino fue un poco de tequila en una botella que pensé vacía y con la cual tropecé, entonces decidí perfeccionar mi arte de magia e hice desaparecer su contenido con éxito, eso me puso un poco feliz. También me propuse dejar de lado mi compulsiva forma de enamorarme, y ya que las mujeres no me aman pensé que debía hacerlo con algo más silvestre, pero no he podido encontrar la manera de darle un beso a una hormiga sin que eche a correr como una desquiciada. Sin embargo, tengo la esperanza de que con los días avanzaré en otros propósitos para este año, como encontrar la manera de ahorcar los relámpagos que cada vez caen más cerca de mi balcón. Seguro que un día agarro a uno del cuello y no lo suelto. Lo sabrán cuando suceda.
QUIERO CASARME EN ALASITAS
Quiero casarme de nuevo este año y en alasitas. En estos tiempos en los que de todo se descree, casarse es un acto revolucionario. Pero además, casarse en alasitas es doblemente revolucionario, porque es como casarte en Lilliput, lo cual no es un asunto menor, pequeño sí, pero no menor. Además, no veo la necesidad de casarse en grande si uno puede hacerlo en pequeño, es más, ya no solo en pequeño, sino en miniatura. Hay algo de elegante en las cosas diminutas. En alasitas lo que corresponde, entonces, no es casarte con tu amorsote, sino con tu amorcito, con el más chiquito de tus amores. Firmar tu actita de matrimonio, desearte la eternidad con un besito y dejar que tu esposa te ponga en uno de sus bolsillos y te lleve a pasear por la noche plagada de humo, voces y criaturas exaltadas. Sí, no hay mejor tiempo para casarse que el tiempo de las alasitas. Yo me caso todos los años en las alasitas por una eternidad que dura un año, cuando vuelvo a casarme por otra eternidad que dura otro año, y así sucesivamente.
DOMINGO
Ha sido un gran domingo. Logré sacarle a mi madre dos dosis de Nespresso de su reserva personal, aprovechando la visita de su hermano menor y su versión alemana de que seis dosis diarias de café serían lo “saludable” cuando no lo “recomendable”. No sé qué creer de los estudios de los alemanes sobre el café y poco me importa, pero mientras bajaba camino a La Recoleta un perro callejero devoraba en una esquina un enorme pedazo de carne, me miró y yo lo miré, luego sonreímos como lo hacen habitualmente los delincuentes que saben que han dado el golpe perfecto y continuamos con lo nuestro.
EL PARAGUAS
Cómo llueve en esta ciudad, pero eso a mí no me importa, mi paraguas azul eléctrico es lo máximo. Con él salgo tranquilo mientras la humanidad entera se descalabra corriendo a mil por hora. A mí alrededor caen rayos, centellas, meteoritos, cajas de seguridad, pianos de cola, políticos, banqueros y vacas lecheras. En una esquina me paro y te espero por siglos pero no llegas. Paraguas adentro comienza a llover suavemente. Afuera el sol ha salido y una luz agoniza al fondo de un semáforo descompuesto.
TRAS LA LLUVIA
Los escarabajos maldicen, la lluvia se ha llevado a uno de los suyos. Los gusanos comentan: lástima que tenga que suceder esto, sombríos días. Un par de moscas pasan riendo la borrachera luego de una noche de parranda en la basura. Las flores callan, tan superficiales, no se puede hablar con ellas.