Puño y Letra

Perché...(Porque ...)

A propósito del retorno de las cenizas de uno de los fundadores del Teatro de Los Andes, Giampaolo Nalli

A propósito del retorno de las cenizas de uno de los fundadores del Teatro de Los Andes, Giampaolo Nalli, Alice Padhila Guimaraes leyó en un acto íntimo de bienvenida en la sede del grupo en Yotala, lo que podríamos considerar como la declaración final de Nalli sobre su grupo y sobre el quehacer teatral en general.  Puño y Letra tiene el gusto de publicar sus apuntes sobre la formación del actor Una ventana al hacer, enseñar y ser en el Teatro de los Andes, el libro de Giulia D’Amico  (Dramaturga e investigadora teatral italiana).

 

Giampaolo Nalli 

... y así después de veinte años… ¡nos quedamos en cuatro!

Después de veinte años, el proyecto artístico del Teatro de los Andes se encontró, como ocurre a menudo dentro de grupos de trabajo y de vida, con una fuerte crisis interna que derivó en una separación que a la mayoría de las personas les pareció el final de una bella historia. El final de una hermosa aventura, de una hermosa realidad.

¿Qué cara dar al profundo cambio que estábamos por vivir? Hemos vuelto a los puntos sólidos de nuestra historia, hemos regresado a la motivación inicial: ser un colectivo artístico que vive el arte del teatro en una lógica y perspectiva de Grupo. Nacimos como un grupo que hace y vive por el teatro, como una comunidad artística, no con una ideología comunitaria de la vida sino con una forma común de experimentar el teatro, una forma común de entender nuestro papel en la sociedad, una forma común de compartir un proyecto y una forma de creación colectiva en todas sus etapas y aspectos.

Durante la crisis nos dimos cuenta de que estos puntos fundamentales estaban, en cierto sentido, degenerados a lo largo de los años, pero que, al mismo tiempo, continuaron siendo la base de nuestra vida, de nuestro trabajo, de nuestro ser el Teatro de los Andes. A pesar de las dificultades indiscutibles, de las incertidumbres y los temores, queríamos volver al proyecto artístico original, colectivo y horizontal; restablecer algunos de nuestros principios teatrales y reflexionar sobre qué teatro hacer. Por lo tanto, era indispensable, inevitable y necesario crear un nuevo espectáculo que marcara, a nivel artístico, el primer paso del nuevo camino. Quizás los tiempos no fueron tan rápidos como pensábamos, pero lo que es más importante, y quizás por primera vez, fueron nuestros tiempos (personales y artísticos).

En estos casos es bueno hacer un breve análisis y reflexionar sobre el pasado: veinte años de trabajo, estudio, enseñanza y producción teatral colectiva. Desde el comienzo de nuestra historia, los protagonistas, los creadores del Grupo, han sido colectivamente todo lo que el teatro necesita para crear una obra: actor, director, dramaturgo, escenógrafo, músico, técnico de iluminación, diseñador de vestuario y productor. Tuvimos que ser conscientes que la realidad ahora era otra y transformarnos a las necesidades del presente, abriéndonos, en esta primera experiencia, a la colaboración artística de personas ajenas al Grupo, para poder crear un nuevo evento teatral. ¿Qué espectáculo nos hubiera permitido expresar este momento tan especial?

Pensamos que Shakespeare y Hamlet podrían habernos dado la libertad y la fuerza para enfrentar dudas, certezas, críticas y autocríticas, nuevas ideas, una nueva relación para cada uno de nosotros con el proyecto, manteniendo la calidad, el profesionalismo, la poesía y la estética del Grupo y que, al mismo tiempo, nos habría servido como una especie de manifiesto de intenciones para el futuro, para compartir con nuestro público.

A la luz del resultado obtenido, creo que hicimos un buen trabajo y que es solo el comienzo de una nueva fase en la que podremos fortalecernos, por un lado, y desarrollar nuestras certezas y dudas por el otro.

Todo esto no hubiera sido posible si no hubiéramos tenido un Maestro como César Brie, las docenas de compañeros que nos han acompañado en estos veinte años, la confianza de muchos críticos y directores de festivales de teatro, de Diego Aramburo que aceptó nuestro desafío, de Hélder, Giulia, Danka y muchos otros amigos conocidos y desconocidos que nos dieron la fuerza para intentar volver a la normalidad. Esto fue posible, sobre todo porque entre nosotros cuatro hay un afecto, un entendimiento, una confianza, una tolerancia, un respeto que se transforma en una fuerza creativa colectiva.

En esta nueva aventura, descubrimos que podríamos abrir nuestros horizontes, probar otras pruebas, volver a enfrentarnos con la Bolivia de hoy, esta Bolivia que siempre llevamos en nuestros espectáculos pero que muchas veces hemos olvidado en nuestra relación diaria.

Y así asumimos con mayor responsabilidad y continuidad el trabajo con niños y jóvenes que utilizan el teatro como medio de denuncia y educación social, estamos comprometidos en la dirección y producción artística de un espectáculo en Brasil ("Solamente Frida"); además de organizar seminarios para nuestros estudiantes, organizamos seminarios para nosotros, participamos en otros seminarios y, como socios de otros grupos internacionales, en proyectos de la Unión Europea.

Siempre hemos intentado, en la medida de lo posible, decir lo que también somos al público, a nuestro público, porque para bien o para mal siempre ha habido una relación especial con todos los espectadores que nos siguieron en Bolivia y en todo el mundo. Porque creemos que necesitamos al público, su cercanía, su crítica, su apoyo, su aplauso, su mirada atenta. Básicamente lo consideramos como parte del Grupo, por lo que siempre buscamos un diálogo igual y abierto.

También necesitamos explicar, hablar sobre nuestra forma de hacer teatro, enseñarlo y compartir la fuerza de vivir la experiencia artística, de crear en un grupo. A lo largo de los años desarrollamos nuestro enfoque hacia el hecho teatral, dinámico y siempre cambiante porque nosotros mismos estamos en movimiento, en continuo crecimiento: estamos envejeciendo al saber que nuestra experiencia, lo que somos hoy y no lo que fuimos ayer, debe ser revelado. Destruir para crear una nueva forma de vida y representación artística.

Este libro-historia (no un manual) que Giulia ha pensado y escrito en los últimos siete años es precioso para nosotros porque es como un álbum de fotos donde podemos ver los cambios físicos y artísticos experimentados y asimilados durante más de veinte años en el Teatro de los Andes, hasta hoy, un hoy que nos ve diferente.

Antes de que solo tuviéramos intuiciones sobre los cambios que nosotros mismos trajimos con nuestra práctica y estudio, creamos lo que ahora es nuestro camino, no un método, de hacer y enseñar teatro.

Este libro es la historia de nuestro camino artístico, de nuestra forma de prepararnos, de hacer teatro hoy (no sabemos si será el mismo mañana) y de transmitirlo a los estudiantes y al público.

Este libro-historia se publica en el momento después del profundo cambio del Grupo y, a menudo, el antes y después de las experiencias se mezclan, hay una continuidad en la evolución de los ejercicios donde no es posible, distinguir lo que hemos aprendido de lo que hemos inventado, cambiado, personalizado. Hoy somos todo esto, somos nuestra historia y somos el ahora: estamos conscientes de ello y somos responsables de ello y decimos que lo que aquí se escribe es la forma de hacer y enseñar teatro de Alice, Gonzalo, Lucas y Paolo, o sea, del Teatro de los Andes.

Como dice Giulia en el Prefacio, personalmente quise este libro como un momento de reflexión y análisis, para mí y para mis compañeros, del trabajo artístico realizado hasta la fecha. Precisamente en el momento de la división del Grupo, pensé que era necesario detenerme para analizar el largo viaje hasta el momento y centrarme en ciertos cambios artísticos, nuevos métodos de trabajo internos que cada uno de los actores había incorporado casi inconscientemente a la práctica diaria del Grupo. El trabajo colectivo y el Grupo no deben significar la anulación de la individualidad y el potencial de cada uno.  Estar conscientes de esto significa encontrar seguridad, autoestima, progresar y poder dar más y más. Al estar en el Grupo y construir colectivamente el trabajo artístico y pedagógico evita las dinámicas jerárquicas, la estructura del Grupo obliga a una horizontalidad de roles y responsabilidades que se convierte en una fuerza vital única. Pero no es fácil y, con el tiempo, muchas ideas, muchos principios se han confundido, a veces la rutina se ha hecho cargo, a veces es más conveniente asignar roles a una menor responsabilidad, perdiendo de vista la horizontalidad de la estructura.

Después de la separación, nos miramos a los cuatro a la cara y nos dimos cuenta de que una vez más éramos nosotros, simplemente nosotros con nuestras virtudes y nuestras faltas, pero que con un poco de autocrítica, un nuevo vigor grupal podría habernos dado la oportunidad. Fuerza para continuar en este camino. Sin embargo, también sentimos la necesidad de navegar por el pasado, de encontrar varios pasajes en los que pudiéramos reconocer la contribución artística y humana que todos habían dado, casi siempre, al proyecto y al Teatro de los Andes. Así que con la ayuda de Giulia y su práctica de observación meticulosa y aguda, nos divertimos redescubriendo que César, Naira, Filippo, María Teresa le habían dado las primeras bases técnicas, que Alice había propuesto este ejercicio, que el otro había presentado Lucas, que Gonzalo había creado casi su propio método de investigar sobre la puesta en escena, que de una manera o de otra habían hecho modificaciones silenciosas y preciosas en el trabajo diario de nuestro teatro. Y este libro fue el medio para redescubrirnos.

Quizás por esta razón, esta historia de vida y de trabajo es tan importante para nosotros, esperamos que también sea para los lectores. Esperamos que, además de la pedagogía, el lector pueda ver el alma de quienes participaron y quienes continúan estando y creando en el Teatro de los Andes. Si al final de la lectura de este libro, el lector tuviera una leve sonrisa en la boca y un breve indicio de asentimiento con la cabeza, quizás también hubiéramos ganado esta batalla juntos.

 

RECORDANDO A GIAMPAOLO

Giampaolo era una persona increíble. Un aventurero. Su vida daría un libro (tal vez tuviéramos que pensar seriamente en esto). En su juventud militó en las comunas de izquierda en Italia, estuvo en París el 68 durmiendo bajo los puentes junto a los “clochard”, fue a la India, cruzó la isla de Bali en moto, viajó todo Centroamérica y Sudamérica, desde México hasta Chile, con un grupo de amigos que buscaban correderas para ir en canoa. Vivió un loco y gran amor con Lolli, su excompañera, y quien estuvo todo el tiempo a su lado en estos últimos meses, hasta el final.

Llegó a Bolivia en 1991 embarcado en el sueño de hacer teatro en un lugar donde prácticamente no había. Empezar de cero, literalmente, y, aunque a los “artistas” del grupo se dediquen los laureles, el Teatro de Los Andes no existiría sin su presencia y sin su trabajo. Es uno de los pilares fundamentales de este grupo junto a otros que en un determinado momento cedieron, pero él sigue, aun no estando ya aquí. La piedra fundamental que dejó continúa firme en su lugar.

 

PAOLO NALLI, EL OSO

"Todos juntos, sin declararlo, hemos decidido que yo no participaría en el trabajo artístico, que no entre a la sala de trabajo. Siempre me quedé fuera, un poco ajeno a las sensaciones y vibraciones que se crean y se viven dentro de la sala. Así que, cuando mis compañeros salen del lugar sagrado, mirándolos bien, a veces solo prestando atención a la necesidad de que alguno tiene de desahogarse, me doy cuenta de cómo están emocionalmente. Intento, muchas veces no lo logro, llevarlos una vez más a la realidad cotidiana que es, en todo caso, una realidad muy especial. Después me aferro a la poca sabiduría que tengo, a la ironía, a veces a una pasta “a la italiana”, a veces con actitudes de oso. Digamos que en este momento empieza mi teatro."

(fragmento de una entrevista en el periódico Opinión de Cochabamba)


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