Lo que le debo a Los Masis

Estaba pensando qué escribir en los cincuenta años de Los Masis pero, como al Cholo Vallejo

Lo que le debo a Los Masis Lo que le debo a Los Masis

Alex Aillón Valverde
Puño y Letra / 29/04/2019 21:12

Estaba pensando qué escribir en los cincuenta años de Los Masis pero, como al Cholo Vallejo, solo me salía espuma, y luego, unos segundos después, me comenzó a salir espuma hasta por la boca cuando recordé, como un relámpago en la mitad de la noche de mi negra memoria, los quenasos que me dio el Tata Sahonero cuando no ensayaba debidamente mi lección de quena.

Ahora, todo esto puede sonar mal para el ambiente tan políticamente correcto de estos tiempos indoloros, insaboros e inhodoros, pero así eran las cosas antes, no me jodan señoritos. La letra entraba con sangre.

Por supuesto, ahora recuerdo con una sonrisa en los labios cómo en algunas tertulias y noches de bohemia les contaba esto a sus hijos, Roby y Gabriela, y nos reventábamos de la risa, como tiene que ser.

Les debo a Los Masis, entonces, haber aprendido ese hermoso instrumento, y haberlo aprendido bien. Ese dominio siempre lo he sacado a relucir, cuando he podido, a lo largo de mi vida, como un arma secreta siempre lista debajo de la manga.

Ya no recuerdo a todas las bellezas que encandilé tocando quena en noches de farra y guitarreada.  Al final, entre los brazos de mis víctimas he tenido que mirar al techo o al cielo y darle gracias al “Tata” por las bendiciones recibidas y también por los quenasos recibidos.

También le debo a Los Masis una noche de amor hace mucho tiempo en su estudio, cuando ellos estaban en una de sus giras por Europa. No contaré más, porque eso sí que puede desatar la furia de Don Roberto, pero si el amor es música, entonces que mejor lugar que ese para practicar el rito arcano más hermoso de la tierra.

Muchos, cientos, miles como yo, tendrán más historias que contar y cosas que agradecer a Los Masis, quienes tuvieron la claridad necesaria para inventar un espacio de comunión, un espacio vital para ßel alma de la ciudad y para el alma de niños que entrábamos curiosos y salíamos de allí con una galaxia chiquitita en nuestro pecho, lista a expandirse por el universo, por el resto de nuestra vida.

Larga vida a Los Masis. Larga vida a la música. Un abrazo respetuoso,Tata.

 

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