La Biennale de Venecia y Altazor
El poeta René Antezana nos envía en exclusiva una apreciación de su incursión en la Bienal de Arte de Venecia, uno de los cónclaves más importantes del arte contemporáneo mundial.
Está en plena realización desde mayo, la Biennale de Arte de Venecia (11 de mayo al 24 de noviembre 2019) que comprende varias expresiones artísticas como Cine, Música, Arquitectura, Danza, Archivo Histórico y Arte. Este año se realiza la 58 Exposición Internacional de Arte Contemporáneo bajo el título de “May you live in interesting times” (Que puedas vivir e tiempos interesantes). Esta muestra se presenta en dos grandes complejos de edificios patrimoniales de Venecia: Arsenal y Giardini. Comentaremos las sensaciones de la muestra de arte instalada en el Pabellon A (Arsenal) que incluye una nave central donde se encuentran 71 artistas de todo el mundo y en varias edificaciones anexas los pabellones correspondientes a algunos países participantes. En una próxima entrega comentaremos el pabellón B (Giardini).
El Arsenal es un conjunto de edificios y pequeños puertos donde se encontraba el astillero de Venecia, donde en siglos pasados se construían barcos para potenciar lo que mejor sabían hacer los venecianos: comerciar con Europa, Africa, Medio Oriente y Asia. No debe ser casual la elección del lugar ya que simbólicamente ahora concentra otro bien de intercambio, esta vez a nivel global: el arte.
A la muestra 58 sus organizadores le dieron el nombre de “que puedas vivir en tiempos interesantes” relacionado con los tiempos cambiantes y lleno de desafíos “donde – dice Paolo Baratta, Presidente de la Bienal- con frecuencia prevalece un exceso de conformismo y miedo. Yo creo que una muestra de arte vale la pena de existir, en primer lugar, si pretende llevarnos al arte y a los artistas como un desafío decisivo a la tendencia de simplificación excesiva”.
El curador de esta muestra es Ralph Rugoff, responsable principal de lo que los miles de visitantes ven y participan día a día durante los 6 meses. Para un latinoamericano y boliviano es asistir a un ritual de arte global del que desconozco casi completamente en sus códigos, lenguajes, visiones, reflexiones, miradas, propuestas… que se expresan en una diversidad inimaginable de técnicas, herramientas y medios que están por encima de bien y el mal. La primera sensación que me vino al salir del Arsenal se resumía en un poema de Huidobro (Altazor, canto VII): “Estás perdido Altazor/ solo en medio del universo/ solo como una nota que florece en las alturas del vacío/ no hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza/ ¿En dónde estás Altazor?”
Es así que la muestra es una potente provocación para el visitante. Se dice que el arte es expresión de su tiempo pero cómo podemos explicarnos el rol del arte contemporáneo en los tiempos actuales? Para comenzar, la exposición, en conjunto, nos muestra un mundo altamente complejo en viejos y nuevos temas, donde conceptos clásicos relacionados con el arte tradicional han saltado por los aires pues las palabras/conceptos “bello”, “hermoso”, ”feo”, “malo”, “bueno”, “genial”, “burdo”… han sido reemplazadas por “inquietante”, “wuau”, “no entiendo nada”, “qué loco”, “yo también podría hacerlo… y mejor”… o según lo que cada participantes/espectador sienta/entienda/piense de lo que le dice la obra de arte. Lo que sí se puede afirmar es que una muestra como la de Venecia -por el tamaño de la misma- la diversidad de obras y técnicas es sobretodo una experiencia personal que contiene –una o varias- diversas sensaciones. La única palabra que me viene a la mente es definirla como una sensación casi física: si una obra me es o no “digerible” para valorarla, como si estuviera consumiendo una comida que tengo que degustar y aceptarla o no. De ahí que la mayoría de las obras no fueron tan “digeribles” en una primera vista/sensación/experiencia, la misma que fue cambiando a medida que avanzaba.
Otro elemento que podría definir y caracterizar al arte contemporáneo es el uso múltiple (por no decir infinito) de técnicas y materiales que los artistas echan mano para lograr “impresionar”: desde cemento común y corriente, arcilla, bronce, pasando por ropa diversa, fierros o basura, luces fluorescentes, crochet, escaleras, pinturas diversas, telas, acrílicos, trabajos en cuero, espejos, vidrios de gran tamaño, carrocerías, luces y puertas de automóviles, impresiones en banner, marcadores, plásticos diversos, papelería, tubos diversos, etc. etc. Y sobresale el uso de tecnologías en video como animaciones, documentales, efectos especiales, uso de tres o mas pantallas al mismo tiempo, amplificación con efectos de sonido, etc.
Dada que todas las obras llevan una explicación breve del propósito/contenido de la obra del artista, uno percibe con cierta claridad que están presentes los temas actuales como el cambio climático, la migración, el consumo, lo cotidiano, las desapariciones, el racismo, el individualismo, la tecnología, el efectismo instantáneo, el absurdo, … donde están también los viejos temas: la soledad, la alienación, la identidad, la violencia, la incomunicación, el origen, la memoria … Sin embargo, a mi me queda claro que casi todas las obras buscan sorprender e impresionar, definirse como únicas y diferentes, lo que manifiesta que el artista, por más crítico que sea de su tiempo, no escapa al individualismo de la “marca”, aunque eso tampoco invalida la búsqueda y aventura estética del mismo. Como se puede deducir, en el arte contemporáneo varias expresiones o técnicas pueden convivir al mismo tiempo: escultura, pintura, video, instalación, arquitectura, artesanía textil, cerámica, repujado, diseño...
Para mi gusto hay obras de gran calidad, unas de digestión fácil y otras de digestión lenta. (Algunas son poco o nada digeribles, claro). Una obra destacada es el video del artista japonés Ryoji Ikeda que utiliza información de algoritmos de la NASA y el CERN para elaborar un video casi críptico que ofrece su visión de una historia “algorítmica” del hombre y el universo; o las esculturas con luces fluorescentes del afronorteamericano Tavares Strachan; o los corales en crochet de las americanas Christine y Margaret Wertheim; o las inquietantes crisálidas de la coreana Anicka Yi…. y asi, muchos más. Es imposible abarcar en una reseña a los 71 artistas y 26 pabellones nacionales obviamente.
Como se podrá imaginar, la Exposición de la Bienal de Venecia es nomás una catedral bianual del arte contemporáneo a nivel global en la que uno se rinde a la evidencia: las artes que se resumían bajo las letras doradas de “Bellas Artes” han explosionado desde que Marcel Duchamp expuso un urinario como escultura (1917) bajo el título de “Fuente”. Y el impacto de aquella rebelión, que ha desbaratado con todo lo que se entendía como arte hasta entonces, no sólo no se ha detenido sino que ha crecido exponencialmente saltando a todos los continentes y países del mundo, lo que también puede apreciarse en los pabellones nacionales donde, para mi gusto, destacan los pabellones de Filipinas con la propuesta “Island Weather” (“El clima de la isla”) del artista Mark Justiniani, con un impresionante manejo de espejos y sensación de infinito; la de Saudí Arabia con “After Ilussion” (“Después de la ilusión”) de Zahrah Al Ghamdi con miles de formas que semejan conchas de mar elaboradas en cuero; o la del Perú que lleva el título de “Indios antropófagos” (tema relacionado con Iquitos), que cuenta con la participación de tres artistas, dos de ellos ya fallecidos: Christian Bendayán, Otto Michael (1859-1934), Manuel Rodríguez Lira (1874-1933), Segundo Candiño Rodríguez, y que abarca una mirada histórica/cultural del proceso del puerto/ciudad de Iquitos en la Amazonía peruana.
Hoy en día existe un intenso debate entre los que critican el arte contemporáneo como una cancha donde “todo vale” y muy manipulada por el mercado donde una obra que genera muchas dudas puede llegar a costar varios millones de dólares en contraste con obras más ajustadas a las “bellas artes” y a la academia, donde el trabajo y la obra no parecen estar contaminadas por el mercado y son expresión “más auténtica”. Sin embargo, personalmevnte, luego de salir del Arsenal, pese a que las preguntas y el debate flotaban en mi mente, he comprendido que también aquel que junta trapos y los cuelga en escaleras o mancha espejos no deja de ser “auténtico”. También la estética de lo bello es aprendido, y esta muestra nos lleva por otros derroteros que inevitablemente deberán convivir con las estéticas tradicionales/académicas. Unos saldrán como si hubieran pasado por un parque sin nada más que un leve recuerdo, otros lo vivirán como una experiencias vital que los marcará en adelante, otros se quedarán locos con un artista o la experiencia les habrá cuestionado su manera de ver el arte y lo artístico… Lo cierto es que una muestra de tal envergadura expresa las búsquedas (y el desconcierto) del arte en un mundo mercantilizado, altamente tecnologizado y con enormes contradicciones sociales, políticas y económicas. La Bienal de Arte de Venecia deja más preguntas que respuestas y esa quizá su característica principal: romper lenguajes, fronteras estéticas, innovar, rebelarse … Una experiencia potente, Altazor.