César Antezana: “Contemplar la complejidad y la pluralidad monstruosa”
Sobre el compromiso del escritor escribe para Puño y Letra, el poeta y activista César Antezana.
En un artículo publicado el 30 de diciembre en 1927, César Vallejo arremetía casi con arrogancia: “el artista es, inevitablemente, un sujeto político”. De alguna manera esta frase se acomodará con el tiempo en la tradición retomada por Octavio Paz décadas después, cuando éste afirme que el poeta está inevitablemente determinado por su contexto histórico, más allá incluso de su propia intencionalidad. Pero, ¿cómo tendría que ser esta interacción artista-contexto? ¿Cuál sería el aporte particular de este segmento de la población a la hora de accionar políticamente su espacio público inmediato?
En el mismo escrito, algo más adelante, Vallejo polemizará con Diego Rivera, a quien le parecía absolutamente normal que la obra de arte fuese casi un instrumento dotado de un carisma pedagógico para las masas proletarias en función de la consecución de su liberación, de construir la revolución, etc… Y entonces, cuando cuestiona al muralista mexicano, Vallejo se hará más preciso. Lo que en realidad le incomoda al gran poeta peruano es que la obra de arte se acomode, se someta, se funcionalice, se haga subalterna de un determinado proyecto político, de una línea partidista o una ideología. El/la artista, el sujeto concreto es el que debería llevar una vida política activa y comprometida y todo eso. No su arte, nunca su obra.
Bien saben que detesto la imagen del artista como un iluminado o especialista etéreo de las cosas “realmente importantes”, pero aun si Vallejo trabaja con esta idea para explicar la relación compromiso político-artista, pareciera que apunta a un lugar específico más lejos de la mirada docente y hasta paternalista de Rivera. Creo que el rol del escritor, de la escritora, estriba en manifestar su opinión (como todos y todas por supuesto), con el aditivo imprescindible de contemplar la complejidad y la pluralidad monstruosa de la “realidad”. Es decir, que no trate de generar una verdad definitiva, monológica, ortodoxa, inamovible, fundamentalista, partidaria… sino más bien de provocar diálogos, sembrar dudas, plantar sospechas en un espacio público determinado. Que las y los artistas pudieran abrir o participar de espacios de diálogo plural, diverso, libre, sobre todo en situaciones como la nuestra actualmente, se me antoja imprescindible. Más allá por supuesto de los propios compromisos políticos que cada cual emprenderá o no en su vida cotidiana, ya sea como simpatizante, activista o militante. La libertad y la complejidad son asuntos de los que deberíamos hablar más regularmente.