Puño y Letra

El corazón del grupo

Para desintoxicarnos un poco de la situación actual, Adriana Brozovic nos envía una crónica sobre las amistades, los amores y los días

En redes sociales abundan las publicaciones que generalizan un caso para aplicarlo a un todo, vivimos una época de clichés que, para muchos, son casi una norma, así pues, nos topamos con varias generalizaciones: Si eres feminista obviamente tienes el cabello rapado y teñido de algún color fantasía, si eres mochilero eres millennial, si eres del signo Géminis eres inmaduro, si te llamas Kimberly, eres pobre o existe un alto porcentaje de probabilidades de que tengas hijos no planeados a una temprana edad, o si eres chaparrita eres buena gente, pero lo más seguro es que tengas actitud de Grinch…

Yo tenía una amiga llamada Claudia, meses después de habernos reído mucho del fenómeno que mencioné, compartió una imagen donde constaba la afirmación de que todas las Claudias eran celosas, tenían mal humor y eran renegonas. No comprendí cómo podía unirse a la ola estúpida de las generalizaciones, formando parte del grupo de compañeras de las que nos habíamos burlado por identificarse con las frases tan desgastadas como: “Los mejores perfumes vienen en frascos pequeños” “Donde pisa una leona no deja huella una gata” o “Los huesos son para los perros”, dejando entrever conceptos anticuados que ayudaban a proyectar una imagen desagradable de sí mismas. 

Cuando una u otra persona de nuestro entorno social mencionaba los signos del zodiaco ella dejaba escuchar una risita que me fascinaba, porque con ello notaba que ambas pensábamos igual en muchos aspectos y esa no era una excepción. Por eso, que compartiera una idea tan ridícula me admiró bastante, y es que tampoco me parecía celosa o enojona, pasara lo que pasara ella siempre se mantenía serena y fresca. 

Mmm... ¿Cuándo la conocí? El primer día de kínder, desde entonces nos convertimos en amigas inseparables. Siempre mostró facilidad para aprender las ciencias exactas, por eso era la mejor alumna en el colegio, pero no de las que se limitaban a ir a clase y anotar cosas en su cuaderno, ese tipo de cerebritos que me parecen súper aburridos. Era solidaria, ayudaba a todas las chicas del curso en un grupo de estudio que ella misma creó y nos explicaba con paciencia las lecciones de física, química y biología. La literatura era su punto débil, no entendía fácilmente las metáforas, tampoco le iba bien construyendo figuras literarias, quizás por su forma de ser, le gustaba decir las cosas tal cual y sin adornos, o probablemente porque no era muy sentimental para algunas cosas.  

Cuando acabábamos de prepararnos para los exámenes, hacíamos pijamadas en su casa, las veintitrés chicas que conformábamos el curso dormíamos en colchones inflables, su madre casi nunca estaba porque se la pasaba en Santa Cruz, tenía negocios en ese departamento. A ella no parecía molestarle la situación, solo la asumía tal y como la tocaba vivirla. Supongo que al haberla inscrito en un colegio tan estricto de únicamente mujeres, su madre no veía ningún peligro al dejarla sola. 

No existían peculiaridades en su habitación, era sencilla, aunque tenía un armario que siempre estaba echado llave y cerrado con un enorme candado, decía que allí guardaba cosas valiosas de su padre, estaba muy pegada a su recuerdo.  Cindi, la más habladora nos contó que había llegado a ver lo que ese mueble tenía en el interior, supuestamente solo se trataba de un saco viejo de paño color azul, un pequeño conejo blanco de peluche (que seguramente hacía alusión a cómo la llamaba de cariño), un sombrero y unos guantes de cuero. No sabía si dar credibilidad a lo que decía, consideraba que la mente de Claudia era más compleja que un montón de cachivaches y no estuve equivocada.

Mientras nos preparábamos para dormir, ella solía peinarse frente al espejo, su cabellera era larga, negra y sedosa, la coordinación de sus dedos delgados y ágiles le brindaba precisión al momento de hacerse distintos tipos de trenzas o nudos duros difíciles de desarmar en cintas o mascadas. Durante un tiempo ella se dedicó a arreglar mi melena rebelde, para esto aprovechaba los recreos, sus movimientos eran suaves, un obsequio que siempre gocé en silencio. 

Éramos un grupo unido, me ayudó a dejar de pensar en la muerte de mi padrastro, también hicimos que el tío de Katy dejara de acosarla, pasamos muchas cosas juntas, las clases de defensa personal a las que nos inscribimos en un arrebato de locura y terminamos por interesarnos de verdad, o cuando pusimos un puesto de comida, el día de la Entrada Universitaria, para terminar de reunir lo del viaje a Copacabana.   

Claudia tenía un resplandor en sus ojos, era toda luz, incluso su voz generaba tranquilidad, aunque esta dosis de calma sirviera para que sus novios pensaran que era muy permisiva.

De Alan no daré una opinión, fue su primer novio… Cierto, nunca me agradó, menos cuando supe que le puso los cuernos; yo me ofendí más que ella, porque Claudia no hizo lo que cualquier muchacha de dieciséis años, cuando Alan admitió que la engañaba después de muchas mentiras, ella subió los hombros y sonrió. El chico estaba acostumbrado a relaciones tóxicas llenas de amenazas y lloriqueos, por eso le preguntó si estaba enojada o si no pensaba reclamarle, pero Claudia siguió sonriendo, le dijo que todo estaba bien… Que todo estaría bien. 

Nunca la vi llorar y tampoco volvi a saber de aquel, algunos rumores decían que cambió de colegio, otros, que tuvo que irse a vivir al exterior con su madre, en España. No importaba. 

Pedro fue el más patán de todos, un tiro al aire, de olor a pasto quemado, a veces desaparecía por días y días. No los veía compatibles, pero no me atreví a comentarle nada, no le gustaba la gente metiche y chismosa. Le brindaba una amistad afín a sus cualidades, debía ahorrarle problemas, algo me decía que se preocupaba por todo mucho más de lo que solía mostrar. Hubiera sido genial que los demás también se comportaran de manera acorde…  

Lo de Pedro fue en San Valentín, nosotras ya estábamos en la promo; él había olvidado comprar el peluche de oso que toda adolescente desea tener, y también llegó borrachísimo, hecho pomada, a su cita en la Plaza 25 de Mayo porque el día anterior se trasnochó en un concierto de La Logia. Según me contaron, Claudia lo ayudó sujetando su melena de rockero para que terminara de vomitar mientras muchas personas los veían con ojos de reprobación. 

Como Sucre era y sigue siendo una ciudad pequeña todas sus amigas nos enteramos y decidimos visitarla en grupo. Siete chicas unidas por el cariño que le teníamos. Estábamos de acuerdo con no pedir explicaciones ni mencionar nada que ella no quisiera contarnos. Cuando nos recibió creo haber sido la única que se extrañó al ver que lucía tan radiante como siempre, hasta su ropa de casa le quedaba bien, no sé, quizá piensen que es una exageración. Como sea, ese 15 de febrero Pedro le mandó un oso de tamaño familiar, en un taxi; pero nos dijo que él ya no le interesaba.

…No volvió a salir con Pedro y como la ley general de la amistad femenina dicta que a los exnovios de nuestras amigas nunca se los mira o jamás se pregunta por ellos, desapareció para todas y lo mismo sucedió con el siguiente. Era muy fácil borrarlos porque me causaban desagrado sin necesidad de conocerlos a fondo. 

Los novios de Claudia eran universitarios o jóvenes solitarios, chicos que habían llegado de alguna otra parte del país, que no le tenían que rendir cuentas a nadie y eran rebeldes. Ella tenía ese patrón psicológico de querer ser la madre de sus parejas, poseía un instinto que la hacía protegerlos. Esto era exasperante para mí, a veces me irritaba, era la única emoción desordenada acerca de ella que yo no podía comprender, era tan raro, pero curiosamente a muchos chicos les gustaba esta “cualidad”, era eso o la veían como una linda “cáscara”. Mi rabia me hacía tener un pensamiento punzante y desagradable que me avergonzaba: Que se construyó (en la superficie) para ser el sueño de un hombre machista, porque ninguno valoraba su inteligencia. 

Pasó el tiempo, nos disgregamos a distintas Universidades, pero todas seguimos manteniendo contacto y viéndonos cada cierto tiempo o frente a alguna emergencia. No fue una sorpresa que aprobara el examen de admisión a la Facultad de Medicina ¡Con esa memoria de elefante! Sin embargo yo estuve a un pelo de no entrar. En segundo año conocimos la morgue. Claudia estaba hecha para ser cirujana, nadie tenía tanto pulso y manejaba el bisturí mejor que ella.  

No era de muchos novios. Le conocí solo tres o cuatro, cada uno era peor que el anterior, la idea de que los sacara de una fábrica de imbéciles abusivos no me parecía descabellada. 

El cuarto fue Jhonny, para entonces ya estábamos en tercer año de la carrera, lo conoció en alguna fiesta de la facu de Derecho, era un aventurero al que le encantaban las bicis. 

El ultimo día que la vi, antes del incidente con la Policía, mientras ella terminaba de ponerme una mascarilla facial y yo escogía un color de esmalte de uñas, me comentó que Jhonny había ido de paseo a Yotala con sus amigos, pero poco después, gracias a mi y a otra de las muchachas, descubrió la verdad. ¡Claro! ¡¿O que pensaban?! Las chicas con buenas amigas no tienen solo dos ojos, tienen varios.  

Esa misma tarde Ángela subió una historia al Instagram y gracias a esto Claudia supo que él no había ido de paseo solamente con amigos, también, con una segunda novia. Cuando le mostré el video, ella simplemente bajó un poco la cabeza y volvió a sonreír. No pude más y la confronté, súper inquieta: “¿Por qué pusiste en tu muro que las Claudias son enojonas y celosas cuando tú no eres así? Además, dijiste que ese tipo de juegos eran ridículos y tontos, te reíste, nos reímos, la clara muestra de que son estupideces es que ahorita estás viendo a tu novio chapando con otra, en la orilla de una piscina, y no te cabreas ni te emputas, deberías demostrar tus emociones, quizás ocultarlas al final te haga daño. 

Claudia permaneció sonriente mientras me pintaba las uñas usando el color guindo que yo había elegido, lo hacía con su característico y envidiable pulso. 

Abrió la boca dudosa, pero con determinación afirmó que “era como era”, que… quienes perdían el corazón al momento de arruinar las cosas con ella eran los hombres con los que había andado. 

Fue de las pocas veces que habló de manera tan poética, si no es que la única. Naturalmente, no quise retomar el tema porque entendí que Claudia había adoptado otra forma protegerse del dolor, canalizándolo al mostrar una sonrisa. Me conmovió. Miré el armario enorme, una representación de lo que era mi mejor amiga, un enigma. 

Claudia era asombrosa, a pesar de lo que digan, lo es, lo sigue siendo, que el viernes por la tarde hayan encontrado frascos con los corazones de sus ex desaparecidos no quita que Claudia sea genial, aunque según las redes sociales, pues… ella sea celosa, y renegona. 


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