El Flaco, eterno y vital
Puño y Letra recupera los testimonios de dos de sus colaboradores sobre el trabajo de Luis Alberto Spinetta, publicados cuando se estrenó su biografía en Nat Geo, hace un par de años. Ayer fue el cumpleaños del “Flaco”.
Spinetta llegó a mí en forma de Almendra y Pescado Rabioso, cuando gota a gota, su música y metáforas fueron calándome hasta estremecer los huesos. Era el tiempo de las tardes eternas, allá en el Music Hall, como bautizamos al living de Pacho González, donde con los amigos dedicábamos largas horas a desgastar cintas de decenas de casetes y en alguna que otra oportunidad el brillo metálico de los discos compactos y su arte impreso. Música fundamental que nos definió en los años venideros, dibujando noches memorables entre copas y acordes.
En ese entonces Spinetta me resultaba un músico inasible, escurridizo y misterioso. Las mismas dinámicas y posibilidades de consumo hacían que sus discos aparezcan en nuestras manos como eclipses de sol. Eran un llamado, una convocatoria, un encuentro necesario.
Así, de a poco, y sin ningún orden, en una suerte de aprendizaje, me fui acercando a su obra, a veces desbordante, otras incomprensible. Un hilo de Ariadna que me ayudó a transitar por el laberinto de mis días, de mi existencia… “Tengo que aprender a volar entre tanta gente de pie”.
Nunca me interesaron mucho los documentales sobre la vida de los artistas, siempre me bastó su obra como producto pleno de sus procesos y momentos. Sin embargo, el último Bios dedicado a Spinetta me regaló algo inédito y preciado, como el lado B de un disco nuevo de vinilo. Más allá de ratificar su inagotable talento y virtuosismo, fue un viaje íntimo hacía el humano y lo humano de su música.
Entre el testimonio de sus amigos, allegados y tomas del músico en diferentes momentos de su vida, entrañables en sí mismas, vinieron a mi mente las imágenes del mismo Flaco, armado con su guitarra al frente de una banda monumental, rompiendo aquella noche de septiembre de 2002, en Sucre, cuando súbitamente dejó de tocar y con su diáfana voz nos puteó para que dejemos de moshear, paremos los oídos y abramos la mente a la compresión de su música y lírica… alucinante.
Como a muchos, el docu del Flaco hizo rebrotar en mí el ansia de escuchar su música y volver a discos que me hicieron la vida elevándome durante largas caminatas. Pero también fue una invitación a descubrir otro tanto, porque cual caja mecánica, su obra es Pandora en sí misma, no importa por dónde empieces, si te atrapa, no vas a dejarla nunca más, mientras él nos abraza inocentemente.