A la sombra de la guerra

Cuando la sombra de la guerra comienza a cubrir todo el planeta, Puño y Letra publica varios escritos que nos convocan a pensarla desde la literatura.

A la sombra de la guerra

A la sombra de la guerra

Imagen: El bunker de Lev Shevchenko

Imagen: El bunker de Lev Shevchenko


    Redacción Puño y Letra
    Puño y Letra / 07/03/2022 03:17

    Cuando la sombra de la guerra comienza a cubrir todo el planeta, Puño y Letra publica varios escritos que nos convocan a pensarla desde la literatura. Claudio Ferrufino, Daniel Averanga, G. Munckel, Rodrigo Villegas, y Maurizio Bagatín, escriben, para este número, sobre el conflicto en Ucrania, y sobre la literatura que señala el post apocalípsis.

    Cartas ucranias

    Claudio Ferrufino-Coqueugniot

    Los muertos de Babi Yar se levantan con las explosiones, preguntan si Hitler ha retornado.

    Los hambrientos del Holomodor (þoJIoπomóp) escuchan los cascos de la caballería roja y maldicen el comunismo. Madres devoran a sus hijos; una bella joven parece dormir en el campo de Poltava, pero de cerca es toda huesos.

    Los habitantes de Mariupol miran el mar y tienen sed. “Sed con agua en la distancia, pero sed alrededor”, escribía Miguel Hernández. No es que el agua de mar se pueda beber, pero se ve y suena como agua. Vladimir Putin, idolatrado por la extrema derecha y la falsa izquierda latinoamericana, se esconde en un bunker de las montañas Altai, 300 metros bajo tierra. Dicen que es una ciudad entera. El gran macho había sido gran topo. Desde allí desea desencadenar la extinción. Tiene pánico de morir; por eso mata.

    Hay gente hija de puta que lo defiende. No saben nada, viven el pensamiento primitivo: esto es caliente y esto frío, esto negro y lo otro albo. Básicos. Occidente teme, como siempre. Dejará que carneen a los ucranianos creyendo que eso va a aplacar al tirano. Lo decía Taras Bulba a los traidores en las últimas páginas del libro: no han de librarse de castigo por ello. En lugar de ubicar el escondite de la Bestia y arrojarle encima una bomba especial o concreto para que él y su corte queden enterrados para siempre comiéndose los dedos. 

    A la una de la mañana conversaba con Kharkiv. Noche de pesadilla, me cuenta K. Por la tarde sobrevolaban aviones. De pronto dice ¡bombas! Y desaparece hasta hoy. Disparan a buses con civiles. Te asustará verlo en las noticias. Me corto las uñas porque ya nunca habrá pedicuro. Cayó un misil en el centro. Jarkov era ciudad bella, industrial y universitaria. Al criminal de guerra se le ocurrió desvanecerla en el polvo. Una vecina fue a la tienda. No regresó porque ya no tenía piernas. Nuestra nación hará que Putin muera…

    Sumy asediada. Las huestes de Kadyrov llevan cuchillos entre los dientes y la bragueta abierta. Para los niños unos; para las madres lo demás. A. musita que ojalá el perro muera en los próximos días, Ucrania ruega por ello. El Demonio deja infantes huérfanos. Les buscan padre y madre entre la gente que escapa por las ruinas. Te envío un enlace para colaborar con las fuerzas combatientes ucranianas.

    En Rusia, en Novgorod la Grande, M. escribe con mayúsculas ¡CÓMO ODIO A PUTIN! Sin embargo hay gente que lo apoya, no puedo entenderlo. Cada día los salarios compran menos, mientras Vladimir perfuma genitales de Liliput. Andrógino o hermafrodita. Fellini lo hubiera utilizado en el Satiricón. Quiero salir a caminar, olvidar lo que sucede, prosigue M., pero hay tanta policía alrededor, tengo miedo. También los rusos han comenzado a emigrar. Hay el temor de que los convoquen para la guerra del fin del mundo. Trenes y buses están llenos. Si se cierra el oeste estará Turquía al sur, el Asia Central. No importa adónde, lejos…

    Hace unos minutos veo un video: están bombardeando Zhitomir. A los talmudistas de esta joya arquitectónica hebreo-ucraniana se los llevaron los nazis. El nuevo Führer carga con el resto. Asesina a la gente, destruye la obra del hombre. 

    C. dice que en su vida había mucho estrés, pero que ahora quiere golpear. Maldice Rusia aunque perfecto ruso habla. Menciona el refugio del Altai. Recibe (Putin) a una persona a la vez, a gran distancia. Ha inundado todo de miedo, pero más miedo tiene de sí mismo, de lo que le vaya a ocurrir. Miro a los combatientes de mi patria y sé que su imagen es la del Valor.

    Afirma I. que Putin no tiene suficientes recursos y medios para acaparar todo. Está loco y espero que la muerte lo esté acechando. Me tiemblan las manos por las noches; de día mejoro un poco. El atardecer tiene olor de sangre y color de orín.

    Toda Ucrania ora por su muerte. Iconos caídos en casas campesinas. Lloran sus profundos ojos negros. ¿Quién canta ahora el ritual ortodoxo en las iglesias de dorados domos? Nadie canta, solloza.

    Decían que los aqueos que sitiaban Ilión cultivaban el Quersoneso para alimentarse. Que de ahí viene el nombre de Kherson, ciudad tomada. No es tan cierto, más bien Homero o los historiadores se referían al Quersoneso tracio, pero igual, hablamos de tierras que de antiguo vivieron todo y sufrieron más. Combaten los monstruos del caos, Behemoth y Leviatán. Escribía Ezequiel: “La palabra de Yavé me fue dirigida en estos términos: Hijo de Hombre, vuelve tu rostro hacia Gog y el país de Magog, príncipe supremo de Mesech y Túbal, y profetiza contra él”. Gog está parado a la izquierda del falso profeta, Putin.

    Los muertos desnudos de Babi Yar sacuden el polvo de sus escombros, dejan caer gusanos secos de los orificios de bala que cumplieron 80 años. Los despierta el estruendo de los misiles. Se miran entre ellos con ojos que no son y con voz que no existe preguntan si Hitler volvió.

    Los cosacos llenan la estepa de tachankas, disparan. Que las balas del mundo se estrellen contra él. Papini comienza su libro con la cita. “Y saldrán a seducir a las naciones Gog y Magog”.

    Suena el klezmer, canta viejas polkas ucranianas el Chango Spasiuk. Los asesinados de Babi Yar se ponen a bailar. La danza de la muerte.

    Tan lejos de Dios y tan cerca del Apocalipsis

    Un paisaje desolado

    G. Munckel

    No soy muy optimista, así que los escenarios de guerra o posapocalípticos en la literatura que me parecen más verosímiles son hostiles y desolados.

    Sin ir muy lejos, en su novela En el cuerpo una voz (2017), el cruceño Maximiliano Barrientos describe un escenario de violencia que llega al canibalismo, y eso en un futuro hipotético boliviano, ni siquiera a escala global. El canibalismo también aparece en La carretera (2006), del estadounidense Cormac McCarthy, como uno de los peligros del éxodo de su mundo posapocalíptico. En Mugre rosa (2020), la uruguaya Fernanda Trías también plantea un éxodo ante la catástrofe (en su caso, una pandemia).

    En general, los sobrevivientes tratan de alejarse lo más posible, buscando seguridad. Pero el camino es parte de un paisaje desolado y la poca gente que encuentran es peligrosa: seres humanos deshumanizados como producto de la lucha por la supervivencia del más fuerte, de los extremos a los pueden empujarnos el hambre y la desconfianza cuando lo único que queda es protegernos y proteger a los pocos que todavía consideramos parte de los nuestros.

    Ojalá sobrevivan las palabras

    Rodrigo Villegas

    Dioses nuevos, hechos a mano; ciudades incendiadas, luchando por sobrevivir a diario, más allá que acá. Es decir, en las drogas, en su capacidad para sacarnos del presente. Para evitar el futuro, ese que ya está en nuestras puertas.

    Más o menos por ahí van los libros que hablan de lo que vendrá, de un planeta infectado por la tecnología, esa que, por nuestras insaciable hambre de poder, ha crecido tanto que ha terminado por devorarnos. Esa que se ha valido de las guerras, las mismas que vemos otra vez ahora desde las pantallas de nuestros celulares, para, por fin, ponernos de rodillas.

    La literatura tiene eso, la capacidad de crear universos, los más pequeños y cotidianos así como los enormes, los planetas vecinos que, si sucede, tendremos que habitar tarde o temprano. Claro, para destruirlos, así como hicimos con este.

    Es una apuesta interesante la de los autores y autoras de ahora que trabajan en aquel género. Es decir, ya tienen al futuro de frente, ha llegado y nos ha invadido. Solo falta que las bombas definitivas se suelten y chau. Ojalá sobrevivan las palabras. Y que lo narrado sea peor de lo que en verdad suceda. Ojalá. Aunque parece que nos superaremos, siempre lo hacemos. Es nuestra maldición.

    La pérdida de la humanidad

    Daniel Averanga Montiel 

    Es interesante cómo la guerra ha sido construida, desde la literatura, casi siempre mirando al pasado, haciendo comparativas, repitiendo patrones de hitos que siguen el sentido común del caos nacido del ser humano, desde Homero o Heródoto, hasta Hemingway o Böll, la guerra se ha visto igual y casi ha traído las mismas consecuencias en los personajes, históricos o ficticios, de estos autores: la pérdida de la humanidad es el punto más concreto, seguido de la crisis de la ética como especie. La guerra en literatura trató muchas veces de demostrar el factor destructivo, incluso en "Había una vez una guerra" de John Steinbeck, un hermoso libro de crónicas que se ambientaba en la segunda guerra mundial, y no se centraba en esta, sino en la lucha de los soldados por no perder su humanidad desde su cotidianidad, describe muy en el fondo que lo destructivo de la guerra no es nada sorpresivo, en tanto sí lo es la lucha de los soldados por mantener su humanidad. 

    Hoy en día hay autores que describen el futuro bélico con las mismas herramientas, pero mezclan sus visiones con otros géneros, como Ernest Cline o Cormac McCarthy, el primero combinando la ciencia ficción pulp y el segundo introduciendo el minimalismo y el enigma filosófico de para qué existir. 

    Yo creo que los autores más preocupados por visibilizar la guerra como una forma de crisis de la humanidad, son los que la ven como un hecho probable y rotundo, Max Brooks lo hizo en Guerra mundial Z con tanta frialdad que entristece que base sus argumentos en testimonios reales de expertos sobre la posibilidad de una guerra. Por otro lado, Carl Sagan y Konrad Lorenz analizaron en sus libros la imposibilidad de una paz perpetua, porque la humanidad tenía implantada y tendrá ahí adentro, esa faceta destructiva que solo se aplaca con desatar la violencia retenida. 

    Es triste ver literatura sobre el presente y el futuro de la humanidad que incluye esencia bélica, pero hasta David Mitchell, autor de "Cloud atlas" y Giovanni Guareschi, autor de "Don Camilo", separados por décadas el uno del otro, coinciden al momento de ver el futuro con ojos de fatalidad, y eso que ambos son autores entusiastas de que la humanidad evolucionará para bien. 

    ¿Estamos ante Mad Max? 

    Claudio Ferrufino 

    El retorno a la lucha individual, la única posible en este peculiar frente de batalla, ante cuya derrota se prevé el fin, o, a su victoria, de nuevo, se arremolina alrededor una comunidad, por escasa que sea. 

    Tanto ha pasado, tan cerca del Apocalipsis estamos, del botón nuclear cuya envergadura se disputaban Trump y el norcoreano como si de genitales se tratase. Demasiada sangre que o se seca o nos destruye. Entonces aparece el héroe, renacido desde el polvo y el oprobio, cubierto de moda pero incolume. Ante ello, la literatura después del fin del mundo recuperará a estos profetas guerreros, que lo que no tienen de sabios lo tienen de pragmáticos. Sobre ellos se escribirá, sobre la reconstrucción. Luego vendrán las ideas.

    El paraíso de Borges.

    Maurizio Bagatin

    No soy muy optimista, así que los escenarComo una trinchera. Una improvisada arquitectura, más allá del símbolo, hecha con ladrillos de palabras, de personajes que van aun buscando un dialogo, una historia. La línea Maginot de Lev Shevchenko es una luz en el túnel de una humanidad distraída. 

    E paraíso de Borges defiende la belleza de Helena de Troya, la única belleza por la que valdría una guerra. Más del libro de Job, de todo el Viejo Testamento y del Talmud. El silencio de Sócrates, de Buda y de Cristo valdrán estas palabras, también el aleteo de la mariposa de la poesía de Tagore, "la felicidad de los animales; las orugas, que representan la inocencia de los limbos; los topos, el sueño de la virginidad" (Arthur Rimbaud).

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