P(r)oemas en Santa Cruz
El último poemario de Alex Aillón Valverde se presenta este 23 de marzo en el Centro Cultural La Federal de Santa Cruz. Publicamos los escritos de Juan Pedro Debreczeni y Fernando López Serrano, que se leyeron en ocasión de su lanzamiento en Sucre.
Escribir un poema
Fernando López Serrano
¿Quién no ha escrito poesía alguna vez?, a escondidas de lo que nos podían decir si nos vieran hacerlo, ocultos en la intimidad de la habitación; una frase, dos párrafos. Listo, un poema.
O al menos lo hemos pensado; desde pequeños nos han enseñado a decir cosas bonitas en el cumpleaños de mamá, o de la abuela o de la tía…eso no es acaso poesía? Decir lo que sientes?
Recuerdo que las primeras líneas poéticas –poéticas para mí, por supuesto –las escribí ya de adolescente, cuando una tarde, los amigos del barrio, sentados bajo el farol más luminoso de la plazuela donde solíamos jugar, me contaban que un camión de mudanzas se había llevado a Andrea, con su madre, sus hermanas, sus muebles y mi novel corazón, lejos, a una dirección que nunca encontré.
Esa noche, entendí que la poesía no sólo eran palabras bonitas de felicitación, de alegría o de amor, también – y principalmente – cargan profundísima tristeza.
Más de uno aquí, ha declamado en una hora cívica y otro tanto sueña ver a su hija o a su hijo, declamar algún poema de Oscar Alfaro frente a toda su escuela. O ha visto un atardecer rojizo y hermoso sentado en la plaza de la Recoleta o desde su ventana y has encontrado paz. O en el recreo, alguien les ha entregado una nota diciendo: “no puedo dejar de pensar en ti. TQM.”. y has sentido que a tu cara le ha faltado espacio para tu sonrisa. O ha visto los ojos de su madre darles la bienvenida después de un largo tiempo sin verse y te has llenado de cobijo. O la mano pequeña de un recién nacido apretando suavemente uno de sus dedos y han entendido por fin el amor. O la congoja de Sabina cuando dice “y sonó entren tu y yo, el silbato del tren”.
Esas sensaciones son la poesía.
Es entonces que creo que la poesía es libre, está en todos y en todo; nos envuelve y nos levanta, nos abre los ojos enseñándonos una realidad y otras, nos los cierra para hacernos soñar, amar y a veces porque no, llorar.
He estado revisando el feis del Alex para escribir esta presentación, y muy a aparte de que los textos que vi publicados en su muro están ahora en este libro –pues el subtítulo del libro manda: los cuadernos del feis –me enfoqué en los comentarios de la gente que le sigue y le lee, y hay un factor común en todos ellos: la representatividad.
Este libro contiene los sentimientos de mucha gente, gente que está aquí, gente que nunca lo vió en persona al negro, que está más allá de estas fronteras. Más aquí y más allá de sus años.
Tiene esa libertad a la que me refería, el de estar en todos y en todo.
Contiene el amor que alguna vez todos hemos sentido; la ausencia que nos ha vaciado; la filosa daga del desamor; la inmensa soledad de cuando nos han dicho “adiós para siempre”. Ese latido de emoción al sentir el primer beso con ella.
Contiene el abrazo de papá que ya no está y que lo echamos de menos, especialmente cuando necesitamos sus brazos en nuestro cumpleaños.
Pero también nos refleja cómo somos, cómo pensamos los bolivianos; que el amartelo, al igual que el chape, están elevados a la décima potencia: el primero es “un dolor insoportable que se chorrea por la columna como una cascada y no hay analgésico que sirva” y el segundo “un beso caníbal, goloso y pornográfico y que por eso lo hacemos en el oscurito”; a mirar tu mano entrelazada con la de ella y saber que eso, nosotros, sólo nosotros, lo llamamos empanadear.
“Que Bolivia tiene mala memoria, el vicio del beso fácil…del discurso inútil.”
En los comentarios que le dejan, aparte de pedirle permiso para compartir – y otros ya ni se lo dicen –le dejan corazones, emojis con caras tristes, con caras de risa, porque sí, porque este poemario o prosa o “P ® oema” como se titula, no es un cementerio de corazones rotos, no, no lo es, hay un juego divertido de palabras que a la vez de causarte una herida te saca una sonrisa, es decir, no te mata de un balazo, te recuesta en su regazo y cuando estás de los más relajado, te cierra los ojos.
P®oemas, puede ser leído sin apuro mientras se espera en la cola del banco, o sentado en el micro que espera a llenarse, o mientras se espera al amigo que siempre llega tarde.
Tranquilamente se lee dos mientras se está en el baño.
P®oemas es, como escucharse a sí mismo.
Voy a fugar uno para ustedes, lo voy a compartir en este efímero muro en el que nos encontramos y compartimos ahora, no se lo diré al Alex, que le avise la campanilla de notificaciones; lo compartiré y ya, porque me gustó, porque estoy seguro que gusta y gustará; porque, como me sucedió, se escucharán a sí mismos, como yo me escuché decírselo a ella:
“la tarde en que te fuiste”:
Los pájaros cantaban la tarde en que te fuiste. El reloj de pared jamás paró. Nadie entró en pánico. Tampoco lloramos. Se nos rompió el corazón en silencio, la tarde en que te fuiste. Pasaron los días, pasaron los años, pasó la vida y sin embargo, nunca olvidaré la tarde en que te fuiste. Fue una tarde cualquiera. En el patio—tras los ventanales— las primeras gotas de lluvia caían sin tregua, agitando el universo. En la cocina un desierto. Nuestra mesa sin brújula. La soledad restablecida.
Gracias por esta oportunidad brew.
Gracias a todos. COMPARTIR
En torno a los Proemas del Negro Aillón
Juan Pedro Debreczeni
El tiempo, en su dimensión clima, provoca este (re)encuentro en su versión 3.0 Hace una semana, los titanes de la poesía, Benjamín Chávez y Sergio Gareca, estuvieron acá y dejaron su huella en este maravilloso claustro; hoy toca a los aficionades, a los escritores intermitentes, a los hermanos del Alex, del Negro Aillón.
Personalmente, asumo esta oportunidad con alegría infinita; celebro la palabra del Negro que se eleva y nos congrega. Es pues un libro que en definitiva merece esta y muchas otras presentaciones más…
Neófito en el rubro de los comentaristas de libros, esta noche más bien opto por soltar algunas ideas y sensaciones que me dejan estos Proemas.
Solitario, el oficio de escribir, es como andar a ciegas, desatar las palabras y confiar en ellas para que abandonen el cuerpo y hagan lo suyo… Alex hace eso, como luthier, manufactura poemas que abarcan un amplio espectro, una fauna variopinta y extraordinaria que, como su autor, salen a este mundo a maravillarse, vagabundear la vida o simplemente a perderse en ella.
Como colores salpicando el lienzo, sentires varios se despliegan en las páginas, aproximaciones y definiciones. A éstas se suman profesiones, artes, oficios y aficiones, todos transitados vívidamente por el Alex, que nos cuenta cómo le fue en cada uno de esos ejercicios. Es asistir a esa anécdota, a esa aventura, a ese descalabro, a ese último round.
Poetiza la cotidianidad, conjura la poética de las cosas, de las personas, de los animales, de los abrazos, de los besos, de los fantasmas, de los amores, sus vidas, sus muertes. Filosofía del café, de las cosas simples, de los excesos, del camino y la tentación del fracaso.
Proemas, da cuenta también de ese Alex que sus acólitos conocemos y aprendimos a amar desde aquel odio primigenio… y es que como en su vida cotidiana, en estas páginas el Negro Aillón es, una vez más, un Leo siendo Leo: orgulloso, soberbio, audaz, viejo, sabio. Pero también un cachorro, un pequeño Simba, que tiembla y se estremece en el regazo de su madre; ambos, latiendo al abrazo de su padre, Eliodoro Aillón, eterno y trascendental.
Transitando la madurez, coqueta, la poesía eligió al Alex y desde entonces andan de joda sin pensar en el mañana. Y sí, tal vez vinimos a este mundo enteros, pero vinimos a rompernos, rompernos para ir dejando nuestros pedazos a lo largo del camino, una estela que dé cuenta de nuestra efímera existencia. Lo importante siempre será andar, andar con el corazón roto para liberar la tristeza.
Adentrarse en estas páginas es comprender la multidimensionalidad del olvido, sus formas de ser y estar. Saber que se oculta detrás de las puertas, que nos toca el hombro para no olvidarnos de su existencia, que cobra por sus favores y que el olvido no es digno de confianza.
Este libro es, en muchos casos, una poesía extendida; misteriosa, sigilosamente abandona el papel, la palabra… te encandila, te toma de la mano, te embriaga, te enamora y, en el éxtasis, te abandona. Es encontrar la fuerza para enfrentar el infinito y recorrerlo palmo a palmo, una y otra vez, solo para alcanzar, aunque sea solo por un segundo, el amor… no importa que el precio sea la eterna despedida.
Hay poemas como obsequios, los más básicos, los más elementales, poemas como chucherías con fecha de vencimiento, versos que se desvanecen en el aire una vez son enunciados.
Llegados hasta aquí, no queda otra cosa que agradecer al Negrito por aprovecharse del feis para nuestro gusto, adicción y provecho; cual inteligente dealer, cada día, dosifica sus proemas, nos fideliza. Es por eso que esta entrega, en papel, se traduce en una apabullante y maravillosa ingesta… buen provecho y en hora buena.