Detrás de toda sombra está una luz, al final de cada tumba se asoma un cielo, todo nacimiento es precedido por la muerte. Es necesaria la descomposición, la putrefacción, para que tenga lugar la vida. ¿Es por esa razón que los poetas recorren noche y día con igual pasión? ¿Es por eso que (con ternura o rabia) pueden abrazar por igual las flores o el estiércol? No importa si es una mariposa o una letrina, para un poeta todo puede ser expresión del infinito, el eco de lo innombrable.
“Bazofias: Poemas y microrrelatos de alcantarilla”, es un recorrido por el escarnio, la rabia, la herida, pero también es un recorrido por la ternura, la búsqueda de libertad y la redención. Esta búsqueda no es exclusiva del poeta, ninguno de nosotros es ajeno a la injuria y al olvido. Todos transitamos, una y otra vez, los caminos de la desesperación. La herida del poeta es la misma que una vez sangró en nuestro costado. Su voz es la misma que, a veces, escuchamos en nuestros sueños.
“Nos volvemos erráticos, suicidas y torpes / inmunes a la oscuridad del egoísmo / rodamos en el alud del tiempo…” sentencia Richard en sus versos, señalando la pus que emana de la condición humana. De esa forma el poeta nos recuerda que no importa si se canta desde un altar o desde una alcantarilla, santos y alcohólicos valen lo mismo, el destino cubre a todos con el mismo desdén, y con el mismo abrazo.
El poeta da a luz a sus Bazofias en medio de la noche: “Poeta ave de rapiña sin escrúpulos / mitad humano y mitad bestia / percepción peregrina del averno”. Sus versos son una pedrada de pasión viajando en medio del silencio, una pedrada que pareciera romper una ventana. Solo a través de la herida penetra la luz, decían los sabios de la antigüedad. Los poemas y microrrelatos que conforman este libro parecen volar como cuervos liberados. ¿Qué cosa se libera en un poema? ¿Nuestro corazón, nuestras visiones, nuestra propia muerte? Todos llevamos cuervos en el pecho, todos hemos amanecido, alguna vez, en una alcantarilla.
De esa forma, las Bazofias (mensajeras del poeta) nos revelan aquello que nadie quiere ver: Lo marginal, el olvido, la búsqueda del ser entre los despojos. Cada uno puede encontrarse a sí mismo como una pepita de oro entre los escombros. Detrás de un bote basura puede esconderse lo más sagrado, lo más divino.
El libro se divide en dos partes: Poemas y Microrrelatos. Ambas partes comparten el mismo universo, la misma faena incansable del poeta, la búsqueda y liberación de sí mismo en medio de la bruma y la rutina del mundo. “Por eso la tristeza me protege / me hace resurgir como la alborada”, dicen sus últimos versos. Y es precisamente allí donde radica el mayor regalo que nos hace Richard en este libro: Recordarnos que, entre las bazofias y las alcantarillas, todavía podemos encontrar, brillando, intacto, nuestro propio corazón.
Un poema y un microrelato
La resaca
A veces necesitamos tener una resaca,
de amor, de sexo, de estudio o de borrachera,
exaltar de vez en cuando los más bajos instintos,
olvidarse del pudor y los falsos moralismos.
Vivir al límite de lo sobreentendido,
del común denominador que nos asecha,
dedicarse a uno mismo y trascender,
a pesar de las falsas apologías que imperan.
Necesitamos reinventarnos y deconstruirnos,
sin miramientos ni arrepentimientos,
regresar a la génesis de lo prohibido,
hasta inmortalizarnos en la línea del tiempo.
Brindemos hasta lo infinito de la vida,
nos chupemos las penas y las glorias,
disfrutemos de muchas resacas épicas,
que nos hagan delirar y respirar lo inalcanzable.
Sexo literario
Le gustaba leer tanto, pero de una forma tan
exagerada, que, hacía el amor con sus libros,
sumergiéndose en orgías gramaticales, orgasmos
ortográficos y posiciones sintácticas, que
desvelaban sus instintos textuales más bajos.
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