De la historieta a la Historia: la memoria dibujada

En medio del cruel escenario de la guerra entre Palestina e Israel, les ofrecemos una lectura de la novela gráfica ‘Klaus Barbie: La ruta de la rata’, de Jean-Claude Bauer y Frédéric Brrémaud, editada en Bolivia por El Cuervo. En Sucre se puede encontrar esta obra en la LIBREría.

Jean-Claude Bauer y Frédéric Brrémaud

Jean-Claude Bauer y Frédéric Brrémaud

La ruta de la rata’, de Jean-Claude Bauer y Frédéric Brrémaud, editada en Bolivia por El Cuervo

La ruta de la rata’, de Jean-Claude Bauer y Frédéric Brrémaud, editada en Bolivia por El Cuervo


    Santiago Espinoza
    Puño y Letra / 07/11/2023 10:43

    Del paso del criminal nazi Klaus Barbie por Bolivia se ha escrito y no poco. Dos de los libros más completos sobre ese episodio oscuro de la historia –boliviana y mundial– de la segunda mitad del siglo XX son Criminal hasta el final, Klaus Barbie en Bolivia (1987), de Gustavo Sánchez y Elizabeth Reimann, y Klaus Barbie, un Novio de la Muerte (2014), de Peter McFarren y Fadrique Iglesias. Eso por hablar de títulos editados en español y que involucran a autores bolivianos, porque fuera del país la bibliografía tiende a ser más abundante. El cine tampoco ha sido ajeno al historial criminal del llamado “Carnicero de Lyon”: los documentales Hotel Terminus (Marcel Ophüls, 1988) y My Enemy’s Enemy (Kevin McDonald, 2007), así como la ficción histórica La traque (Laurent Jaoui, 2008), son tres de los filmes más reveladores sobre las atrocidades que perpetró durante y después de la Segunda Guerra Mundial. 

    Con este breve recuento no quiero decir que el tema se haya agotado ni mucho menos. Todo lo contrario. Su abordaje es una deuda con la memoria histórica que nunca debería dejar de pagarse. Lo que sí insinúo es que la narración de la vida y crímenes de Barbie a ambos lados del Atlántico supone un desafío harto complejo, en la medida en que demanda pensar y repensar las formas más adecuadas para hacerlo. A la reflexión sobre “el cómo”, que atañe a cualquier ejercicio narrativo, en una historia como la del otrora oficial de la SS y la Gestapo se suma el debate moral sobre los límites de la representación del horror del Holocausto. Es en virtud a esas consideraciones que la novela gráfica Klaus Barbie: La ruta de la rata, de los franceses Jean-Claude Bauer y Frédéric Brrémaud, se erige como un documento modélico sobre el valor de la imagen para la restitución de la memoria y la búsqueda de justicia.

    Publicado originalmente en francés en 2022, Klaus Barbie: La ruta de la rata fue lanzado en Bolivia en agosto de 2023 por la Editorial El Cuervo, gracias a un escrupuloso trabajo de traducción, edición y diagramación a cargo de Kurmi Soto, Fernando Barrientos y Paola Bacherer, respectivamente. Si menciono los nombres de los tres es porque, para un trabajo de la magnitud que implica traducir una novela gráfica, sus tareas han estado lejos de ser meramente protocolares. El resultado es un libro que no solo llega a enriquecer la colección de novelas gráficas inaugurada por El Cuervo con Altopía (2022), de Joaquín Cuevas y Alejandro Barrientos, sino que le abre nuevos horizontes al contener una obra de no ficción. El arco de interés de La ruta de la rata es, pues, amplísimo: abarca de la historieta a la Historia, pasando por el periodismo y el testimonio. Merece apreciarse por la calidad de sus ilustraciones y la claridad de sus textos, así como por su minuciosa documentación y su compromiso con la dignidad humana.

    Decía líneas atrás que algo que valoro especialmente de esta novela gráfica es su fe en la potencia restaurativa de la imagen. Una cualidad que se expresa, cuando menos, en dos hechos. El primero está en el inicio mismo de la obra: el episodio que relata el viaje a Bolivia de un equipo periodístico de la televisión francesa que, a inicios de 1972, consiguió entrevistar a Barbie, quien en el país había adoptado el apellido Altmann. A la cabeza del reportero Ladislas de Hoyos, los enviados franceses encararon al alemán protegido por Banzer y lo desenmascararon al mostrarle fotos de él y de Jean Moulin (líder de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial y una de sus víctimas) en sus años de juventud. Aunque el nazi dijo desconocerlas, los gestos que hizo ante ellas, las huellas dactilares que dejó al tocarlas y las palabras en francés que fue llevado a pronunciar confirmaron una sospecha que llevaba años sobrevolando en Francia: su refugio en Bolivia avalado por los gobiernos militares y la inteligencia estadounidense. Por más que la policía boliviana intentó confiscar las cintas de la entrevista, los periodistas se dieron maneras de llevarlas a buen recaudo y emitirlas a través de la televisión francesa. Muchas de las víctimas directas e indirectas del otrora jefe de la Gestapo en Lyon lo reconocieron inmediatamente, entre ellos los esposos Beate y Serge Klarsfeld, los famosos “cazadores de nazis”. La imagen cumplió un rol esencial para encaminar la búsqueda de justicia para los asesinados y/o torturados (y sus familias) que padecieron la violencia genocida de Barbie. Su imagen registrada por la televisión francesa en Bolivia precipitó su cacería, extradición y posterior enjuiciamiento. 

    El segundo hecho que ilustra la potencia restaurativa de la imagen de este libro remite a su origen: Jean-Claude Bauer, uno de sus autores, fue dibujante en el juicio de 1987, en Lyon, que condenó a Barbie a cadena perpetua por sus crímenes contra la humanidad. En uno de los anexos finales de la novela gráfica, Bauer cuenta que fue uno de los más de diez dibujantes llegados de Francia y de otros países para testimoniar en ilustraciones un proceso histórico. En su relato confiesa la impresión que le causó el cinismo criminal del nazi en la corte, pero, aún más importante, comparte el dolor que lo atenazó al escuchar la voz de las víctimas recapitulando los vejámenes sufridos a manos del “Carnicero de Lyon”. 

    Perteneciente a la larga tradición de dibujantes judiciales, que en inglés son conocidos como “courtroom artists”, Bauer tuvo un acercamiento de primera mano al horror del Holocausto que procuró representar a través del dibujo. Comúnmente trabajados con acuarela o carboncillo, los “courtroom sketches” no aspiran a ser grandes obras de arte, sino que obedecen a una vocación más funcional: ilustrar la personalidad de las involucrados en el juicio, el ambiente en la corte y los picos de tensión durante el proceso. El espíritu de esa labor, a la que se consagró el dibujante en 1987, vuelve en La ruta de la rata, una obra que, en colaboración con Brrémaud, se completa con la reconstrucción de la formación militar de Barbie, la gestación de su odio por los franceses, sus crímenes más crueles, su trabajo para los gringos contra la “amenaza comunista”, su escape a Bolivia, su implicación en la represión extrajudicial, el narcotráfico y otras actividades ilegales, su captura durante el Gobierno de Hernán Siles y su traslado a Francia para el juicio. 

    Al proceso judicial como tal está dedicada la segunda parte de la novela gráfica, que en su primera parte se ocupa de la persecución. Entiende Bauer que la recreación ilustrada del juicio es tanto o más importante que la cacería de Barbie. Su valor radica en el lugar que les concede a las víctimas, a sus voces. Con una mesura ejemplar, difícil de alcanzar por la naturaleza de los hechos que evocan los testimonios, la novela gráfica respeta la emoción de los hombres y mujeres que exhiben sus heridas y traumas, pero sin llegar a explotarlos pornográficamente. El estilo de las ilustraciones realza por su sobriedad y una separación cromática de las diferentes épocas que narra: la guerra en sepia, la etapa boliviana abiertamente abigarrada con tonos vivos y el juicio también a colores, pero bajo un marco de beige mustio. Esta organización epocal es visualmente pulcra y, sobre todo, funcional para el seguimiento de los episodios recogidos en el libro. De ella depende, en gran medida, que el lector no se pierda en la maraña de tiempos y lugares en que Barbie urdió su vida y obra criminal. Merece su propia porción de mérito el relato escrito, que, aun siendo abundante en datos y explicaciones técnicas, se toma las licencias necesarias (mediante notas al pie y otras herramientas) para asegurar la comprensión del lector de turno. Así, por ejemplo, queda claro el recurso legal empleado para juzgar al nazi aun cuando sus crímenes de guerra ya habían prescrito: la figura del crimen de lesa humanidad, que es imprescriptible. A ese fin contribuyen, también, los textos complementarios a la novela gráfica, desde el prefacio firmado por los Klarsfeld hasta la entrevista al entonces fiscal en la corte de Lyon, que afianzan la voluntad pedagógica de la obra, adicional a la estética y ética.

    Muchas otras cosas pueden resaltarse de La ruta de la rata. En días en que vuelve a aflorar el odio fratricida entre judíos y palestinos, yo me quedo con su denuncia incontestable de los horrores de la guerra y su reivindicación de la palabra como antídoto contra la intolerancia. 

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