Sobre Vuelos Migratorios de Raúl Teixidó
Cuando leí, hace algún tiempo, la obra A la orilla de los viejos días (1995), escrita por Raúl Teixidó (1943), con prosa tersa y conmovida, evoqué también mi infancia y juventud en Sucre y reconocí no solo a muchos de los personajes de aquella época
Cuando leí, hace algún tiempo, la obra A la orilla de los viejos días (1995), escrita por Raúl Teixidó (1943), con prosa tersa y conmovida, evoqué también mi infancia y juventud en Sucre y reconocí no solo a muchos de los personajes de aquella época, sino que me sentí sumergido en el aire encantador que tenía, para los jóvenes, por entonces, la Ciudad Blanca, y me identifiqué plenamente con el autor en la cita que hace de Paul Richter: “El recuerdo es el único paraíso del cual no podemos ser expulsados”.
Me es grato también recordar que, para el volumen de Narradores Bolivianos que me confió la Editorial Monte Ávila, de Caracas, escogí, entre los cuentos más representativos de nuestra literatura, “El sueño del pez”, de Teixidó.
En su libro de memorias, el famoso novelista inglés Graham Greene se declara incapaz de entender cómo hay gente que puede seguir viviendo sin escribir. Raúl Teixidó, pienso, suscribiría tal aseveración, pues como lo sugiere y lo afirma, tanto a través de algunos de sus personajes como directamente, la escritura es para él una necesidad existencial, “un modo de respirar”. Los cuentos contenidos en el volumen Vuelos migratorios –más bien relatados–, descripciones entrañables y cuidadosas, son una forma de desarrollar su pensamiento sobre la vida, pensamiento agudo, profundo, a veces desolador.
Los protagonistas de estos relatos son seres sin retorno, solitarios y esquivos soñadores, humanistas desubicados, socialistas de la vieja guardia, leales a la patria universal, que han fundido sus ideas con la praxis cotidiana, mujeres bellas, trágicas, idealizadas… Nada light se encuentra en estas páginas, ningún acontecimiento “postmoderno”, cero acción desenfrenada, poco que nos remita al “fin de la historia” de nuestro tempo actual.
Sólo la vida, la muerte y el amor. Teixidó se inscribe en un romanticismo acendrado, una obcecada espiritualidad que se resiste a abandonar, la voluntad heroica de encontrar un sentido a la vida. La tecnología, la cibernética, las “autopistas de la información”, el narcotráfico y otros fenómenos que singularizan la época que atravesamos, están ausentes del imaginario de Teixidó.
Su fe en determinadas formas civilizadas de dignidad humana (incluyendo el sueño socialista) le llevan a dirigir su mirada a otros tiempos y lugares, donde el fin de la Guerra Fría no se ha manifestado. Y con éste, la ruptura del equilibrio de poder en el mundo, que encubría grandes conflictos y contradicciones. Algunos de aquellos “mitos ideológicos” (Uslar Pietri) alimentaron esperanzas e ilusiones de cambio, tal como lo confirma el relato titulado Camarada Pablo.
Como un cronista de fin de siècle novecentista, Teixidó opta por describir “vidas desesperadas”; pasea por salones y playas del Viejo Mundo, o pequeñas ciudades de provincia, puertos y estaciones de tercera, descubriendo las tristezas y descalabros de hombres y mujeres, maridos ricos y prostitutas de lujo, artistas y frustrados diletantes que prefieren la muerte antes que “continuar representando la comedia”. Búsquedas filosóficas, alegatos por los “valores humanos” (perdidos), desencuentros permanentes, imposibilidad de concretar los sentimientos.
Tales son los temas que surcan estas páginas, estos “cuentos contados”, sorprendiendo al lector mal acostumbrado a los favores y vicios de la “globalidad”. Su insistencia en desnudar las formas para entrar en el fondo y escudriñar lo más íntimo de sus protagonistas, se reanuda una y otra vez en cada una de las historias. Hay una intercomunicación plausible, además, entre el autor, su propia vida y la de sus personajes. Se perciben ecos autobiográficos, imágenes del pasado, remembranzas y tristezas.
Demasiado pulcro para ser periodista de redacción, con sombrero alón y cigarrillo en la comisura de los labios, Teixidó se introduce, sin embargo, en algunos de sus cuentos, en el “bajo mundo”, en lúcido y acre estilo y lenguaje abiertamente cinematográfico, trasluciendo su pasión, nunca ejercida, por el cine, similar a la del escritor cubano Cabrera Infante.
Tal vez su mayor frustración sea no haber llegado a ser guionista, o quién sabe si director, incluso, para retratar a través de las imágenes las angustias y anhelos de la gente, para entrar en picado en lo recóndito de sus almas, regodearse en primeros planos de rostros o de mansas olas, en calles grises y tardes lluviosas. El entorno en el que desarrollan su existencia los peculiares “habitantes” de sus relatos, de hecho, transmiten una cierta suerte de vivencia nostálgica preñada de tormentas.
Desde la publicación de Los habitantes del alba (tres relatos, 1969), saludado por la crítica como un valioso aporte a la joven literatura boliviana, Teixidó proyectó un tipo de héroe desarraigado y fundamentalmente ético del que no ha renegado treinta años después.
Si en el conjunto de la obra de Teixidó parece predominar una nota melancólica, ésta viene atravesada por la raigal búsqueda de un sentido de la existencia, de una especie de “solidaridad” ante la desdicha y la muerte. Solidaridad (humanismo) que aparta a Teixidó de un existencialismo ateo, al modo de Sartre, y lo aproxima a la posición de un Ernesto Sábato, por ejemplo, que escribió: “La angustia es la experiencia de la Nada, pero si la esperanza es más poderosa que la angustia, ¿el sentido oculto que presupone no sería más “verdadero”, por así decirlo, que la famosa Nada?”
Raúl Teixidó, nacido en Sucre y graduado en Derecho por la Universidad de San Francisco Xavier, ejerció de profesor de Filosofía Jurídica durante algún tiempo. Más tarde, por razones familiares, se afincó en Barcelona, donde vive desde hace más de tres décadas, sin perder, no obstante, sus raíces chuquisaqueñas. Su nostalgia por la ciudad natal está exquisitamente descrita en la obra que mencioné al principio (A la orilla de los viejos días).
Generoso y fino espíritu, alejado del provincialismo debido a su larga estadía en Europa, Raúl Teixidó es un talentoso escritor boliviano cuyo aporte enriquece incuestionablemente la literatura nacional.