Hay una complicidad con la tiniebla
La reconocida escritora chuquisaqueña, Rosario Barahona, comparte con Puño y Letra, la reseña de un cuento de Mercedes Bluske, periodista y escritora tarijeña.
La reconocida escritora chuquisaqueña, Rosario Barahona, comparte con Puño y Letra, la reseña de un cuento de Mercedes Bluske En mi imaginación, no existen las marquesas sin criados.
Una vez soñé con Mercedes Bluske Moscoso. En mi sueño, iba caminando dentro de los laberínticos pasillos de un edificio desconocido y tétrico ubicado en Santa Cruz de la Sierra porque es curioso, en los sueños uno puede saber dónde está, como si la ubicación geográfica o la percepción se acrecentara en los sueños. Buscaba algo sin saber qué, si una persona, si una piedra, si un palimpsesto, si un artefacto o un perdido libro de cuentos encantados como los de los hermanos Grimm. Buscaba y buscaba dando vueltas sin hallar nada ni nadie, ni rastro de presencia humana. De repente, como si de un milagro se tratara apareció un hombre barbado y de elevada estatura. Era tarijeño, pues lo reconocí por el acento. No sé qué palabras me dirigiría, solo sé que sus palabras cantaban. Con toda amabilidad, como si me reconociera de toda a vida, me condujo hacia una salida del laberinto y es entonces que entra en escena Mercedes, que llevaba un largo vestido blanco y con su pelo negro cubriendo sus hombros, me dice Rosario, ¿qué hacías aquí? Muda, Sin responder porque no tenía explicación alguna, como si de una afasia o manesia se tratara, asumí que aquel hombre tarijeño era su criado, guardaespaldas o factótum por la manera en que la obedecía y protegía. A partir de aquel momento, me supe segura porque ella me había considerado de su clan. Por eso cuando le conté, le dije: me salvaste en mi sueño!
Comprendí entonces, que, en mi sueño, Mercedes había mandado a buscarme para salvarme de estar perdida en los vericuetos de mi memoria. Y eso me hizo pensar, no solo en los vericuetos d ela memoria, sino en por qué soñamos lo que soñamos, más allá de lo freudiano, más allá de lo esotérico, más allá de lo profundamente humano.
Hace poquísimos días leí La inmortal, el cuento que ahora nos convoca. No lo contaré todo, sería un crimen, apenas unas pinceladas serán necesarias, un niño encuentra a un monstruo brillante en una cueva. El monstruo le entrega una semilla. Eso es todo.
Parece sencillo. Y no lo es.
Pues bien, en una obligada pausa de mi lectura de La inmortal, el cuento que forma parte de la antología de cuentos de autores bolivianos emergentes de la editorial palabra herida, puse el cuento en el bolsillo de mi abrigo y creo que fue cargándose de mi energía o quizá al revés, la energía de Mercedes con la mía o quizá, quizá era Calixto, el niño héroe de este corto pero luminoso cuento. Un niño escogido por el monstruo o guardián de la tierra, bueno o malo, no lo sabemos, intuyo que bueno, pero eso sí, un monstruo no exento de brillo que sin ser humano conoce los ciclos humanos y cuida de la tierra. Aunque no tuve tiempo de dejar reposar las emociones que el cuento me produjo y aun me produce ya que apenas hace un par de días que me enteré de esta presentación, intuyo que estas 6 páginas contienen toda la profundidad de un socavón, aquel socavón en el que Calixto, nuestro niño héroe se encuentra con el monstruo guardian de la tierra, quien le da una misión:
Reflexionemos: Según la cábala :
72 son los nombres de Dios, 72 como los habitantes de El pueblo, 72 sin 1, que serian 73, el total de habitantes de El pueblo, tan pequeño pero tan importante en la dimensión, en el mundo de Calixto
73 estado embrionario/Ciencia y sabiduría. 72+1= 73, el número que per se es ciencia y sabiduría /las preguntas surgen en estampida:
Es Calixto un Ulises destinado a realizar un viaje iniciático? Un héroe? Es Calixto un Ulises enfrentándose al minotauro dentro de aquel socavón que puede ser Ítaca?
Es Calixto un Cristo? Un Cristo recibiendo una misión del padre?
Es un profeta?
Pensemos ahora en el monstruo:
Es el monstruo del socavon un Dios?
Es Dios?o solo una imaginación del niñ0?
Es el monstruo un monstruo como el minotauro encerrado en el laberintode Creta?
Qué es la semilla?
Es la simiente sagrada de Adán?
Es un grial?
O será un anatema? Algo así como el anillo de Sauron?
Miles de preguntas me invaden y seguro a todos ustedes también: responderlas se constituye en el reto para comprendernos a nosotros mismos, porque para eso existe el arte y la literatura: para hacernos comprender cosas, para hacernos pensar.
Propongo pues estas preguntas, dejándolas extendidas sobre la mesa, como cartas de tarot que revelan nuestro destino. Enhorabuena, Mercedes querida por esta lectura profunda y vertiginosa, gracias también por salvarme de mis sueños laberinticos y ponerme a buen recaudo.
Ahora comprendo que la escritura es siempre la respuesta que nos salva cuando estamos perdidos en los laberintos de Creta.
Chuquisaca, invierno de 2024