Bienamar, una canción
Aspectos que conciernen a la música y letra del kaluyo "Bienamar" a estrenarse el próximo 10 de noviembre
LA MÚSICA
En su sincrética estructura musical este Kaluyo, ritmo evolucionado del Huayño ejecutado en la región andina potosina, está finamente amalgamado en algunos de sus fragmentos al K'antu, género precolombino de la cultura Mollo, originado en Charazani (Bolivia) para sus bandas de Sicuris, y cuya finalidad es ceremonial. En esta melodía, inspirada en la Villa Imperial, se pueden distinguir instrumentos como una quena, quenacho, zampoña, charango, aunados primorosamente a una guitarra moderada que sirve de base a una batería, un bajo y un bombo ancestral. Los instrumentos aludidos, efectúan una armoniosa y delicada fusión con las cálidas y coloridas voces solistas que representan un idílico romance potosino.
Paralelamente, en esta composición musical grabada por el “Grupo Aljibe” y Mabel López como artista invitada, se puede apreciar a un coro polifónico, dirigido por el Dr. José Franz Medrano Leaño, el mismo que está compuesto por voces de niños, adolescentes y adultos de ambos sexos, ya que el canto coral o canto colectivo posee un valor transversal que trasciende los aspectos específicamente musicales. El canto coral implica la práctica de actos beneficiosos para el habitante de las montañas, como son la conciencia de identidad, el trabajo cooperativo, el desarrollo socioafectivo, el desarrollo cognitivo y el gusto asociativo por resaltar la estética y cultura popular.
LA LETRA
La PRIMERA ESTROFA del kaluyo versa sobre un casual y apasionado romance de pareja entre un amauta contemporáneo (medio brujo y poeta) y una desprejuiciada Chaskañawi (ojos de estrella), a la que se suman pasajes literarios e históricos propios de la Villa Imperial. La Chaskañawi en el sur potosino encarna el paradigma femenino de la hibridación biológica y cultural. No olvidemos que, el mestizaje, es el fundamento sobre el que se erigió y se continúa construyendo la identidad boliviana. Así lo entendió visionariamente Carlos Medinaceli al escribir "La Chaskañawi", novela costumbrista con matices autobiográficos publicada en 1947.
Es necesario precisar que, "La Chascañawi", principal protagonista de la obra de Medinaceli, consciente de su derecho a la sexualidad ya en el Siglo XX, expresaba: "Estas tetas arrastran más que cuatro carretas", contradiciendo irreverente al estereotipo religioso de la mujer santa, que romantiza la castidad y la maternidad. Mujeres como la “Chaskañawi” representan en la novela y en la vida real a las mestizas y criollas que persiguen desde ayer el derecho a la sexualidad y la igualdad de género, siendo poseedoras de una voluntad y libertad superior que transgrede los prejuicios de una sociedad clasista.
Análogamente, la PRIMERA ESTROFA también hace alusión al "Tapado o Tesoro de Rocha". Como se recordará, Francisco Gómez de Rocha, mercader de pastas de argento, fue un célebre falsificador y adulterador de monedas de plata que, alrededor de 1649, con la complicidad de algunos ensayadores de la Casa de Moneda de la Villa Imperial de Potosí, causó una inconmensurable pérdida económica a la corona española y un sismo en la economía mundial de entonces. Francisco Gómez de Rocha poseía una fabulosa fortuna en plata, oro y piedras preciosas que -según la tradición-, la escondió en inmediaciones de las serranías de Cantumarca. Al presente, continúa siendo un misterio el escondrijo de su gran riqueza que, desde el Siglo XVI, fue buscada codiciosamente por innúmeros aventureros de distintos colores y pelajes. Los principales memorialistas que se ocuparon de esta vetusta relación, son: Arzans Orsúa y Vela, Julio Lucas Jaimes, Vicente Terán Erquicia y Fred Staff. El último de los nombrados, es un estadounidense residente en Cochabamba, que hace más de una década escribió la novela titulada: "El Tesoro de Rocha en Potosí", e incluso se incorporó a la ferviente búsqueda del referido tapado, el cual se encuentra extraviado entre la historia, la leyenda y el tiempo.
En la SEGUNDA ESTROFA de este kaluyo, se menciona a la Cordillera del Kari Kari, la misma que se encuentra a 13 kilómetros de la capital potosina. Las serranías del Kari Kari albergan varias lagunas artificiales, construidas a instancias del Virrey Francisco de Toledo en la época colonial, con el principal objeto de dar funcionamiento a más de un centenar de ingenios mineros provistos de molinos hidráulicos para triturar los minerales extraídos del Sumaq Urqu. La Cordillera del Kari Kari -donde renace cotidianamente el astro rey y se configuran los plenilunios más alucinantes-, fue también el recóndito refugio de rebeldes, proscritos, bandidos y enamorados en el transcurso de las últimas centurias. Siguiendo este hábito ancestral, pasada la mitad de la década del sesenta del siglo anterior, la Cordillera del Kari Kari fue uno de los parajes en el que entrenó subrepticiamente un grupo de intelectuales oriundos de Potosí que anhelaban sumarse a la Guerrilla de Ñancahuazú, los mismos que fueron delatados por la dirigencia stalinista local que, supuestamente, profesaba de modo análogo su ideología política.
En la TERCERA ESTROFA del kaluyo que nos ocupa, se menciona a Mullu Punku, que era la puerta de un adoratorio de la milenaria nación Q´araqara, la cual servía de antesala para rendir pleitesía a la waka P’utuxi (Cerro Rico), y en la que sus concurrentes procedentes de diferentes lugares andinos ofrendaban conchas marinas denominadas en lengua nativa, "mullus". La spondylus o mullu, era más valorada que el oro y la plata en las culturas andinas. Dicha concha marina, también fue utilizada como moneda de intercambio entre los pueblos andinos y su valor estaba predeterminado por su color variopinto, las más rojas tenían una mayor cotización.
Las conchas marinas nombradas “mullus”, según estudios arqueológicos y etnohistóricos, también se han podido encontrar en los sepulcros de personajes sobresalientes de las antiquísimas civilizaciones del Ande, incluso a miles de kilómetros de sus lugares de procedencia. La spondylus o mullu fue ritualmente utilizada en nuestro continente para ofrendar a todo lo material o inmaterial considerado sagrado. Fue constante la presencia de la spondylus o mullu en sitios sagrados y ceremoniales, como: montañas (ejemplo el mítico Sumaq Urqu de los Q´araqara), lagunas, vertientes, templos, cuevas (como la arcaica gruta o Adoratorio de Mullu Punku de Potosí, también denominada "Cueva del Diablo" por los curas hispanos), subrayando de este modo su importancia ritual. La Quebrada de Mullu Punku no era únicamente reverenciada por la nación Q´araqara que moraba en Cantumarcani, sino también por las siete naciones que constituían la Gran Confederación Charcas-Q´araqara. Esta coalición de naciones andinas, que pobló un vasto y variado territorio, tenía como idiomas ancestrales el aymara, el pukina, el kunza y otros.
Con la llegada a la Villa Imperial de la Compañía de Jesús para imponer la fe católica, los jesuitas pretendieron arrancar de cuajo lo que dogmáticamente calificaban como idolatrías, proscribiendo de este modo a las culturas indígenas y sus ritos. Es así como, en 1589, se entronizó a San Bartolomé en el desfiladero de Mullu Punku a iniciativa del clérigo Pablo Joseph de Arriaga, razón por la que tiempo después, este sitio ceremonial preincaico y precolonial se denominó oficialmente como la Quebrada de San Bartolomé y, la gruta de una de sus laderas que aún preserva pinturas rupestres precolombinas, la Cueva del Diablo. Esta última denominación -según Julio Lucas Jaimes-, se la efectuó en alusión a Umphurruna o ch'utillo (hombre sombrío o genio nativo travieso que daña y huye), al mismo que los jesuitas confundieron artificiosamente con el Diablo presuntamente cobijado en dicha cueva. De acuerdo a una antiquísima leyenda prehispánica, recogida por el autor mencionado en su libro "La Villa Imperial de Potosí", Umphurruna, perdidamente enamorado, raptó a Sapallay (la sola) por ser la mujer más bella e inocente de la comarca.
Corresponde precisar que, dicha festividad, fue resucitada y promovida a mediados de la década de los 80 del siglo XX por el periodista y abogado, Gonzalo Calderón Ríos, en su calidad de Director de la Casa de la Cultura potosina en la gestión del alcalde Jaime Herrera Recacochea. En la época precitada, CORDEPO también intentó recuperar la Fiesta de Ch'utillos, que en ese tiempo solamente involucraba a indígenas en la localidad de La Puerta; mas, no pudo alcanzar la convocatoria y el éxito logrados por Calderón Ríos, merced a su inusitada popularidad como periodista, quien realizó inéditas entradas folklóricas con participación estudiantil, ciudadana y provincial. Años después, en 1994, dio un gran realce a esta fiesta al internacionalizarla en su calidad de burgomaestre.
Para concluir, es ineludible señalar que la CUARTA ESTROFA del kaluyo “Bienamar” menciona socarronamente a las beatas y mojigatos, personajes extremadamente creyentes que todavía perviven en el Siglo XXI, los cuales concurren asiduamente a las diversas iglesias del legendario Potosí, especialmente al templo de San Francisco, el claustro más antiguo de Bolivia fundado en 1547. En la Ciudad Única en sentido peyorativo se denomina beatas y mojigatos a aquellas personas que se dedican exageradamente a la moralidad y las devociones religiosas, simulando ser pacíficas, bondadosas y correctas. Las beatas y mojigatos se caracterizan por escandalizarse dramáticamente debido a las conductas y actitudes de las personas libres de convencionalismos y prejuicios, presentándose a sí mismas como baluartes de la rectitud, la humildad y las buenas costumbres.
*El autor es abogado, escritor, músico, y artífice de la letra y música de “Bienamar”.