POESÍA JOVEN CHUQUISAQUEÑA: Alejandro Uzeda Achúcarro
Puño y Letra se complace en publicar una selección de poetas jóvenes chuquisaqueños, recopilados por la poeta Maciel F. Mendizábal. En esta ocasión, les ofrecemos los textos de Alejandro Uzeda Achúcarro (1994).
Léase con mi Voz de Éter
El miedo me embarra.
Es la mutación de un grito salvaje apagado,
la mutilación de un eco feroz.
El miedo es un grito salvaje cercenado,
un grito mutilado que se consume en su furia.
Bajo las polleras de las ventanas, no miro, tartamudeo.
No trino, salvo cuando descalzo recorro
la vendimia de diamantes.
La punta bifurcada del triángulo arde.
Salto sobre figuras geométricas sostenidas por liguitas verdes,
vivo la experiencia,
una tortura,
una comezón pélvica.
He nacido para destruir,
para ver caer cristales transparentes
que multiplican el universo al estallar.
Lo maquiavélico debería empezar con mi nombre
y terminar en mi cama,
esperando la vendimia,
envuelto en gasa.
La noche de las narices blancas,
el minuto de los nudillos orates,
esta vida me la vendieron araca.
Soy el corazón de Jesús,
reviviendo muertos.
En algún lugar, siempre hay alguien
bailando como Michael Jackson.
Esta noche he recibido un solo pasajero,
en esta habitación,
un vagón vacío sin ruedas.
He encontrado a un ser atravesado
por el reflejo de los cristales.
El miedo de la mutilación de un grito salvaje,
la mutilación del grito salvaje del miedo.
Bajo las polleras que esconden cristales,
ya no miro, tartamudeo.
Ya no trino, salvo cuando descalzo
recorro la vendimia de diamantes.
La punta del triángulo que señala el inframundo
se bifurca, se empapa, se quema.
¿Qué hacían los egipcios con sus muertos?
Soy el corazón de Jesús,
escupiendo muertos,
envuelto en gasa,
esperando que me cimbre la sangre,
la noche de los nudillos orates,
el minuto de las narices blancas.
He nacido para multiplicar este universo.
Un cristal cae al piso,
destruyendo esta vida araca.
Chivos en la Tele
Hoy va a ser uno de esos días. Lo sé porque he encendido la tele
y me acaricio más de lo habitual.
Mi inconsciente sabe que estoy a punto de sumergirme en los vacíos más oscuros,
cosas con cuervos, colmillos y jorobas, ese tipo de cosas.
También he encendido la vieja grabadora de la vieja,
pero esta vez se ha negado a acompañarme.
Hace un instante, las cenizas me han hablado,
me han dicho que la treta está a la vuelta de la esquina.
Han salido de su silenciosa sabiduría para contarme que ha llegado la hora.
Tengo un leve presentimiento mientras atravieso el túnel vertical
que, en realidad, es un pozo, y es muy oscuro.
Aún no he visto los cadáveres, pero ya me he prendido y he roto el espejo.
No hay nada más delicado que eso.
La canción suena, pero no en mis oídos.
La puerta se acaba de cerrar sola y la mesa del frente no estaba ahí,
lo sé por la luz y por la sombra, por las dos sombras.
Mi mirada se ha perdido
y he visto una perpendicular desenfocada,
mientras mi mente ha pintado un manifiesto con lugares y tinta.
En este punto ya he dejado de idolatrar cualquier cosa,
hasta a ese niño,
y bien sé que el humo del cigarro no se va a llevar ningún equipaje.
No vivo en una granja,
pero los malditos chivos han comenzado a gritar por todas partes
y deben estar comiendo mi comida.
He cerrado los ojos. Mis labios están secos.
Mis pies están fríos y estoy entrando cada vez más en la vertical constante.
Los de siempre han comenzado a manifestarse.
¿Acaso no le pasa a todo el mundo al verse perdido?
Estar rodeados solo de nosotros mismos
y arrodillarnos en las esquinas de la habitación del piso de arriba.
Hoy no quiero que me miren
Desde una vista vanguardista
del Mercado Campesino
Pido un minuto de silencio
Por el minuto que acaba de pasar
Pido perdón
A Robando y el Mokito
A Alejandro y Bismark
A la memoria de mi tía Justicia
que bailaba como una hermosa lavadora
en las fiestas de navidad
Amigos míos que quiero y nunca he conocido
Vengan
Esta es un oda a la mutilación
Que quede claro
Ni una gota de sangre será derramada
Pura transparencia, transpiraciones tal vez
Como dice Papasquiaro: Netez no Nitidez
Lágrimas
Botones
Regresemos a las mutilaciones
Ya pasamos los anuncios comerciales
Hablemos de los cuerpos desmembrados por los ojos
calcinados por los bordes de la memoria,
Desplazados
En las esquinas repletas de chinos
Grandes y gruesas
Como las venas abiertas de América Latina
Pienso en cuchillos y sopapos
Hachazos
En el acto de colar
En la coladera
Botones
Cercenar desde una silla
A todo costo de una columna vertebral
A la memoria de algunos árboles
Alguna ventana
Alguna vida sin romper
Antiguos fuegos
Incendiaron modernos edificios
Mojokollano
Ayer, mi madre, con los ojos llorosos, me dijo cantando
Que los demonios entran por las ventanas
El otro día mi novia me dijo
con los ojos vidriosos:
Bebé, a ver cerrá la ventana, tengo frío
Y yo, medio llorando, le respondí:
—A ver al cine, bebé, tengo calor
A veces las aceras brillan, como si alguien les
hubiera pasado un buen trapo sucio, mojado
Llueve
Desde mi ventana
Quiero escuchar a ese gil andando en skate,
Seguro no desayuna cereales con leche
Seguro los perros guardianes
lo tiran al piso
y de paso seca un poco
esas veredas brillantes
que me rompen tanto los ojos.
—Todo es mentira, bebé,
le dije al final.
—Todos los demonios vienen de adentro.
Ella sonrió,
y susurró:
(leer con voz de susurro)
—Ya lo sabía, bebé.
Screenshot
Hola, Carmen, ¿qué haces, bebé?
Nada, ¿y vos?
Nada.
Che, ¿me puedes decir qué es esto?
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Puntitos parecen.
No son puntitos, es un cielo estrellado, bebé.
¿Y qué es esto?
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Jaja, opa, ya sé... es una constelación.
Jaja, sí. ¿Y esto?
.
Un puntito jaja, mentira, es una estrella.
No, eres vos...