Claridad, la revista de la élite intelectual sucrense

Oscar Córdova recupera la memoria de una revista casi olvidada por la comunidad intelectual sucrense y boliviana.

Claridad, la revista de la élite intelectual sucrense

Claridad, la revista de la élite intelectual sucrense Foto: Internet

Claridad, la revista de la élite intelectual sucrense

Claridad, la revista de la élite intelectual sucrense


    Oscar Córdova Sánchez
    Puño y Letra / 07/07/2025 02:32

    Durante los primeros años de la segunda década del siglo XX, Sucre, la bella ciudad que mantuvo el arte y la literatura en su forma más estilizada, tuvo su máxima representación en la Revista Claridad, dependiente de la Sociedad Filarmónica Sucre, entidad que aglomeró lo mejor y más talentoso de la elite intelectual sucrense, particularmente, de los años 20. 

    Bajo la dirección de Eduardo Berdecio (1869-1927), fundador de la Sociedad Filarmónica Sucre en 1883 -existía una antecesora con el mismo nombre en 1856-, realizaría, con esta sociedad, primeramente, la noble tarea de hacer el arte lírico una necesidad ante el inmenso paisaje agitador y destructivo de aquella sociedad boliviana viciada de revoluciones y desdichas anárquicas. Junto con su hermano Carlos y sus socios Manuel Caballero, Atanasio de Urioste, Martín Paravicini, José María Urdidinea, Mariano Enrique Calvo y Luis Nuñez del Prado emprenderían una hazaña para dar voz a la composición musical de Sucre. Sus máximas aspiraciones: la búsqueda de la belleza artística y dar realce a la noble estirpe de la sociedad chuquisaqueña a través de la difusión cultural de su ciudad expresada en veladas musicales con una gran audiencia que escucharía los nuevos talentos de aquel tiempo. De estos salones se descubrió el talento de un joven Simeón Roncal, quien revolucionó la música boliviana años más tarde.

    Esta labor realizada bajo la bandera de arte, belleza y moral constituye su culminación al proveer a la ciudad de los cuatro nombres una revista cuyos miembros se inscribirán para formar un cenáculo artístico-literario-musical, en el cual se promoverá la cultura chuquisaqueña. Siendo encomendado para la dirección de la revista Ignacio Prudencio Bustillo (1895-1928), escritor de una pluma exquisita, provocadora y sincera, dirigirá la ruta cultural de esta nueva propuesta.

    El primer número de la revista salió en junio de 1921. Claridad, nombre atribuido para iluminar mediante las artes literarias al colectivo social, es publicitado con una hermosa portada del artista Luis Groc. En el arte se ve radiante el sol iluminando al ser humano y la ciudad de Sucre, absorbiendo toda aquella luz de conocimientos para expandir hacia nuevos horizontes. El discurso de la revista estaba dicho: volver al cultivo de las letras y explorar los rincones donde se encontrarían nuevas corrientes. Bustillo, joven intelectual, para este primer número expresaría su más sincero agradecimiento a Eduardo Berdecio con un homenaje sobre su labor cultural que, para ese tiempo, ya iba por cumplir 40 años dedicándose a las funciones artísticas desde la Sociedad Filarmónica. “Cree en el poder moralizador del arte […] espera provocar una resurrección de las energías de estas tierras […] mediante una activa propaganda artística”, son algunas frases de elogio que Prudencio enunciaba al ideólogo de la revista. 

    Entre los primeros colaboradores -ensayistas y poetas en su mayoría- se contó con la pluma venerable del vate Ricardo Mujía (1861-1934), quien hacía de su poesía una fragancia rica en recursos y técnicas literarias que, junto a su esposa, la destacada poetisa Hercilia Fernández de Mujía (1860-1929), publicaban excelsos poemas sobre la vida, la patria y nuestros héroes; Adolfo Costa du Rels (1891-1980), diplomático, cuentista y uno de los mejores novelistas bolivianos, destacaba con sus colaboraciones de cuentos, ensayos y homenajes, todo de un aroma exótico por describir la psique humana en cada uno de sus personajes; Alfredo Jaureguí Rosquellas (1879-1952), ensayista, historiador, geógrafo y uno de los máximos valores literarios de la sociedad sucrense, destacaba por sus polémicos ensayos sobre la cuestión del indio, el advenimiento del cholo y la decadencia del blanco, probando, una vez más, la cuestión social irresuelta de nuestro país. Entre otros intelectuales que se unieron a este emprendimiento cultural se encontraban: Nicolás Ortiz Pacheco (1893-1953), poeta humorista y crítico a las malas costumbres; Claudio Peñaranda (1883-1921), poeta modernista y profesor destacado; Agustín Iturricha (1863-1934), ensayista, jurista e historiador de gran talento en el ámbito de la veracidad de los hechos; Gregorio Reynolds (1882-1948), triunfador de la poesía modernista boliviana que conquistó los cenáculos literarios de La Paz con su pluma ágil, sincera y responsable. También se encontraba los noveles escritores Alberto Ostria Gutiérrez (1897-1967), Guillermo Francovich (1901-1990), Saturnino Rodrigo (1894-1988) y Carlos Medinaceli (1898-1949) quienes, en los siguientes años, tendrán un lugar prominente en la literatura boliviana.

    Como se puede leer arriba, son varios de los intelectuales que publicaron en Claridad para ofrecer sus inquietudes mediante la poesía, ensayo, relato y cuento. Pero, además, el repertorio de la revista destacaba a las escritoras, quienes fueron las pioneras en el discurso sobre el quehacer femenino de esa época, tales son los casos de Josefina Goitia, Raquel Ichaso, Elena Merino, Elena Ostria Gutiérrez o Rosa Sempertegui, despegando con sus ensayos y poesías el valor literario y la equidad de género de la revista. 

    Dentro de las características de la revista era su publicación ocasional -no era ni semanario, ni publicación trimestral-, debido a que los auspicios corrían por parte de los mismos editores y colaboradores, en su mayoría. Salía cada dos o seis meses. El tiraje era reducido -por eso de su rareza encontrar todos los números- y el precio rondaba los sesenta centavos, siendo distribuido en las principales librerías del país. El segmento de crónicas sociales era dedicado a las actividades realizadas por la Sociedad Filarmónica Sucre y a las nuevas composiciones que se presentaban durante un acto cívico o aniversario de una institución sucrense. Además, se hacía conocer los logros de varios miembros de la revista con notas sobre sus condecoraciones, premios literarios, publicaciones de libros y comentarios elogiosos. Asimismo, se publicaba la convocatoria para el certamen de los Juegos Florales, concurso para premiar las mejores poesías del medio. A diferencia de otras revistas de ese tiempo, la propaganda comercial era nula en sus páginas, destacando su esencia en la fotografía, tipografía y calidad literaria.

    Con el paso del tiempo la revista se dividiría en dos épocas:  la primera del No. 1 al 18 (1921-1938) y la segunda del No. 19 al 25 (1946-1949), y, en este transcurso de décadas, la revista tuvo que resignarse con las grandes partidas de sus más connotados hombres letrados que partieron de este mundo como Berdecio, Prudencio Bustillo y Mujía. Cronológicamente dirigieron la revista:  Prudencio Bustillo, los primeros cinco números (1921-1923); Ricardo Mujía, los siguientes desde el número 6 al 16 (1923-1932); René Zamora solamente el número 17 (1936); Rafael García Rosquellas igualmente el número 18 (1938) y Joaquín Gantier continuó desde el número 19 al 25 (1946-1949). Así, a pesar de las inclemencias políticas e ideológicas, la revista rindió con solvencia y persistencia su labor prolífica por más de dos décadas.

    Los temas publicados en la revista eran variados. Poesía, ensayo, cuento, crítica literaria, reseña, fragmentos de novelas y crónica.  Todos estos géneros fueron un acicate para crear un colorido fondo de diversos pensamientos, discursos y creaciones intelectuales. Además, se hizo hincapié en resaltar el talento joven. El caso del tarijeño Oscar Alfaro (1921-1963) fue singular por la cantidad de versos escritos para la revista en su segunda época.

    La revista Claridad demostraría constancia, voluntad y disciplina en sus miembros, ya que a pesar de las calamidades bélicas como la Guerra del Chaco (1932-1935) o el colgamiento a Gualberto Villarroel (1946), no dejaron entorpecer la misión ética de divulgar las bellas letras sin ningún tinte político ni partidista del momento, como varios de sus colegas hicieron al aleccionarse a un gobierno o caudillo, divulgando ensayos o crónicas manchadas por la bulla del partidismo y arribismo.

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