Muere Ozzy Osbourne, legendario vocalista de Black Sabbath
Compuesta en 1970, la canción nació de apuro con la necesidad de rellenar espacio en el álbum que se encontraba trabajando la banda. Sin saberlo, dieron vida a un hit y que además sirvió como su última canción en vivo el pasado fin de semana. Esta es la historia.
Ozzy Osbourne, quien alcanzó un enorme éxito como pionero de dos géneros de entretenimiento muy populares, la música heavy metal y las series de telerrealidad, murió el martes. Tenía 76 años.
Sus familiares anunciaron la muerte en un comunicado. No dijeron dónde había fallecido ni especificaron la causa. En los últimos años había sido tratado de una enfermedad genética inusual llamada parkinsonismo, con síntomas similares a los de la enfermedad de Parkinson, exacerbada por el abuso crónico de drogas.
Aunque Osbourne anunció varias veces su retiro profesional a lo largo de los años —denominó gira “No More Tours” a una serie de fechas en vivo en 1992 y “No More Tours II” a otra serie en 2018—, dio su último concierto este mes, en un festival en su ciudad natal, Birmingham, Inglaterra, en su honor. Sentado en un trono negro, visiblemente emocionado por el entusiasmo de la multitud, cerró su carrera con la reunión de la formación original de Black Sabbath, su banda de heavy metal.
Como vocalista de Black Sabbath, Osbourne fue uno de los inventores del heavy metal. Como solista, se convirtió en una estrella extraordinariamente longeva con 13 álbumes de platino y el apodo del “príncipe de las tinieblas”.
Pero alcanzó una fama aún mayor por sus excesos de estrella del rock, incluido un incidente en el escenario en el que mordió la cabeza de un murciélago.
The Osbournes, el exitoso programa de telerrealidad de MTV, presentó un contrapunto cómico a su fama sombría y a su gusto por las imágenes satánicas, se mostró como el patriarca aturdido de una familia caótica pero cariñosa y se convirtió en una estrella de la televisión.
“Todo lo que pasa en el escenario, la locura, es solo un papel que interpreto, es mi trabajo”, insistió Osbourne en una entrevista con The New York Times en 1992. “No soy el anticristo. Soy un hombre de familia”.
Nacido en Birmingham el 3 de diciembre de 1948, como John Michael Osbourne, fue el cuarto de los seis hijos de John Thomas Osbourne, un fabricante de herramientas que trabajaba en el turno nocturno en una central eléctrica, y Lillian (Levy) Osbourne, que trabajaba en el turno diurno en una fábrica de refacciones automotrices. Los Osbourne vivían apretujados en una casita de clase obrera; cuando Ozzy era pequeño, no tenía cañerías interiores.
Estudiante indiferente, con dislexia y déficit de atención no diagnosticados, Ozzy abandonó los estudios a los 15 años y tuvo una serie de empleos efímeros, entre ellos estuvo 18 meses en un matadero local. Tras ser despedido de ese trabajo (por pelearse), emprendió una breve carrera como ladrón; cuando fue detenido, su padre se negó a pagar la multa, y Ozzy pasó tres meses en la cárcel, lo que hizo que abandonara sus ambiciones delictivas.
Sin embargo, su padre compró un sistema de megafonía para que Ozzy pudiera perseguir su sueño de ser cantante de rock. Ese equipo, más un folleto en el que se leía “Ozzy Zig busca un toque”, lo llevó a formar parte de una banda en 1968 con tres jóvenes músicos de Birmingham: el bajista Geezer Butler, el batería Bill Ward y el guitarrista Tony Iommi.
Tras algunos comienzos en falso, incluido un periodo como una banda de blues llamada Earth, el grupo adoptó la lógica de que la gente pagaba por asustarse en las películas de terror, y los jóvenes músicos se rebautizaron Black Sabbath, inspirándose en una película de Boris Karloff. También utilizaron el nombre para una de sus primeras canciones, que establecía su plantilla sónica: volumen ensordecedor y tempos machacones, con Osbourne aullando letras que presagiaban fatalidades.
Himnos para los alienados
En 1970, el cuarteto lanzó su primer álbum, también llamado Black Sabbath, al que le siguieron siete más en los ocho años siguientes. La música de la banda fue muy denostada por la crítica y despreciada por las emisoras de radio, pero sus álbumes lograron sistemáticamente el platino, y canciones como “Paranoid”, “Iron Man” y “War Pigs” se convirtieron en himnos para generaciones de jóvenes descontentos.
Osbourne ingresó dos veces en el Salón de la Fama del Rock & Roll, como miembro de Black Sabbath en 2006 y como solista en 2024. En la ceremonia de inducción de Black Sabbath, Lars Ulrich de Metallica elogió los “inmensos himnos de perdición” del grupo. “Cuando se trata de definir un género dentro del mundo de la música pesada”, dijo, los “Sabbath destacan solos”.
Billy Corgan, de Smashing Pumpkins, le dijo al Times en 2025: “Escuché por primera vez ‘Master of Reality’ de Black Sabbath cuando tenía 8 años y desde entonces he perseguido ese sonido como músico. Lo que me atrajo fue esa sensación de hastío cósmico y una calidez sombría que es única”.
El compositor y autor John Darnielle, que publicó un EP de temática Osbourne con su banda Mountain Goats y una novela sobre Black Sabbath, dijo en una entrevista para este obituario: “El tono vocal de Ozzy es característico, sin duda, pero creo que lo principal es que sus líneas vocales imitan implacablemente la progresión de acordes con una insistencia que la mayoría de los cantantes probablemente evitarían para parecer más listos”. Añadió que Osbourne “logró que cantar fuera pesado como el plomo, sin intentar cantar como un cantante de blues, que es lo que hacían la mayoría de sus contemporáneos”.
Osbourne llevaba mucho tiempo bebiendo en exceso, pero cuando Black Sabbath alcanzó el éxito pudo permitirse una mayor variedad de intoxicantes, y los consumió todos con entusiasmo. Como escribió en su autobiografía, Soy Ozzy (2009): “En los últimos 40 años me he cargado de alcohol, coca, ácido, quaaludes, pegamento, mezcla para la tos, heroína, Rohypnol, Klonopin, Vicodin y demasiadas otras sustancias de uso pesado como para enumerarlas”. A lo largo de su carrera anunció con frecuencia su sobriedad, solo para recaer en la adicción.
Cuando no estaba de gira con Black Sabbath, vivía en la campiña británica con su esposa, Thelma, en una casa a la que apodaba Atrocity Cottage. “La gente venía a quedarse con nosotros”, escribió en su autobiografía, “y nunca volvían a ser los mismos”. Se permitía todos sus caprichos, por tontos que fueran; tras reprobar repetidamente el examen de conducir y cansado de ir al bar local en su cortacésped, se compró un caballo.
Black Sabbath despidió a Osbourne en 1979, poco después de que se quedara dormido en la habitación de hotel equivocada en Nashville –y al parecer se despertó 24 horas después– para descubrir que se había perdido un concierto. La banda continuó con una serie de otros vocalistas, entre los que destacó Ronnie James Dio.
Osbourne, mientras tanto, se refugió en una habitación de hotel de Los Ángeles, revolcándose en sus malos hábitos, hasta que Sharon Arden, la audaz hija de su representante, Don Arden, fue a echarle la bronca por haberle robado un sobre con dinero (él se lo gastó en drogas). Al día siguiente, volvió y le ofreció ser su representante. Después de que Osbourne aceptó, padre e hija se demandaron mutuamente y estuvieron distanciados durante décadas.
Ozzy Osbourne y Sharon Arden se casaron el 4 de julio de 1982, fecha que él dijo que eligió para no olvidar su aniversario.
Ventas de 55 millones
En 1980, Osbourne publicó un álbum como solista alegremente apocalíptico, Blizzard of Ozz, que contenía su canción característica, “Crazy Train”. Fue un éxito. Salió de gira y grabó sin descanso, convirtiéndose en una estrella más grande que nunca y llegando a vender más de 55 millones de álbumes en todo el mundo.
A medida que crecía la fama de Osbourne, su comportamiento excesivo seguía el mismo ritmo. Mordió la cabeza de una paloma viva en una convención de una compañía discográfica. Mordió la cabeza de un murciélago muerto durante un concierto en Des Moines (un fan lo había arrojado al escenario; Osbourne dijo que supuso que era un juguete de goma). Arrojaba carne cruda al público. Cuando se le acabaron las drogas, esnifó una raya de hormigas. Ataviado con el vestido de su mujer, orinó borracho en el Álamo, posiblemente su transgresión más cara, ya que significó que no pudo actuar en San Antonio, Texas, durante años.
Aunque muchos seguidores se emocionaron con estas anécdotas de estrella rockera, las acciones erráticas de Osbourne cuando estaba ebrio tuvieron víctimas reales: a veces animales (armado con una escopeta en su finca británica, sacrificó un gallinero entero y una familia de gatos), a veces humanas. (Le dejó un ojo morado a su primera esposa y, tras intentar asfixiar a su segunda esposa, Sharon, se despertó en una celda, acusado de intento de asesinato. Ella retiró los cargos creyendo que estaba arrepentido).
La tragedia llegó en 1982. Cuando Osbourne dormía en su autobús de gira aparcado en Leesburg, Florida, su guitarrista principal, Randy Rhoads, se fue de paseo con la maquilladora Rachel Youngblood en un avión pilotado por Andrew Aycock, el conductor del autobús. La avioneta pasó dos veces por encima del autobús y, a la tercera, chocó contra el vehículo matando a todos los pasajeros de la aeronave. Osbourne siguió adelante y acabó eligiendo a Zakk Wylde como guitarrista.
Una canción que había escrito con Rhoads sobre su propio alcoholismo, “Suicide Solution”, puso a Osbourne en el centro de una demanda en 1986, cuando los padres de un adolescente de California afirmaron que la canción lo indujo a suicidarse. La demanda fue desestimada.
Impertérrito, Osbourne volvió a la imaginería suicida en “Close My Eyes Forever”, su dúo de 1989 con Lita Ford, su único sencillo en el Top 10 de las listas de pop estadounidenses. Su otro único sencillo en el Top 40 de Estados Unidos fue la balada sentimental “Mama, I’m Coming Home”, que alcanzó el puesto 28 dos años después y participó en “Take What You Want”, una canción de Post Malone que llegó al Top 10 en 2019.
Cuando Osbourne quiso tocar en el festival Lollapalooza en 1995, fue rechazado; enfadada, al año siguiente Sharon Osbourne inició el Ozzfest, que se convirtió en una larga y lucrativa gira de verano con actuaciones de hard-rock y heavy-metal y se celebró hasta 2018. El cabeza de cartel solía ser el propio Osbourne, a veces reuniéndose con Black Sabbath.
Fuera del escenario, una persona hogareña
Aunque Osbourne se presentaba como una amenazadora banshee, fuera del escenario era una persona hogareña y de buen talante. Los seguidores devotos lo sabían al menos desde 1988, cuando el documental de Penelope Spheeris El declive de la civilización occidental 2: los años del metal mostró a un Osbourne amistoso haciendo huevos revueltos vestido con un kimono con estampado de leopardo.
El resto del mundo descubrió ese lado de su personalidad en 2002, cuando empezó la serie de TV The Osbournes, que mostraba la cariñosa (pero a menudo censurada en el audio por obscenidades) vida hogareña de Ozzy y Sharon Osbourne y sus hijos adolescentes Jack y Kelly (otra hija, Aimee, prefirió mantenerse alejada de las cámaras).
Aunque periódicamente se quejaba de que se suponía que era el Príncipe de las Tinieblas, el programa, que duró hasta 2005, lo presentaba aturdido por el control remoto de la televisión, los gatos domésticos y las máquinas de burbujas. Fue el programa más popular que MTV había emitido e inspiró a decenas de famosos a permitir que las cámaras entraran en sus casas, esperando el mismo salto cuántico en su fama.
“Un día éramos normales”, dijo Kelly Osbourne a Rolling Stone en 2002, “y al día siguiente éramos la familia más famosa de Estados Unidos”.
Cuando Osbourne se paseaba por su casa de Beverly Hills, los espectadores podían ver que tenía un temblor notable. Con el tiempo descubrió que padecía parkinsonismo.
Su salud empeoró tras un accidente casi mortal en 2003, cuando volcó un todoterreno en su propiedad de Inglaterra. “Llevaba décadas tomando combinaciones letales de alcohol y drogas”, reflexionó en su autobiografía, “pero fue pasar por encima de un bache en mi jardín trasero a tres kilómetros por hora lo que casi me mata”.
A pesar de esos contratiempos, Osbourne siguió aprovechando su improbable fama en una amplia serie de empresas. Protagonizó un programa de variedades que fracasó, Osbournes Reloaded; rodó una serie de TV de temática histórica con su hijo, Ozzy & Jack’s World Detour; e incluso escribió una columna de consejos para Rolling Stone.
Entre quienes le sobreviven se encuentran su esposa y sus hijos; tres hijos de su primer matrimonio: Jessica, Louis y Elliot; y numerosos nietos.
Osbourne seguía dedicado a su familia y agradecido por su éxito. Pero dijo que sabía exactamente cómo sería recordado:
“Ozzy Osbourne, nacido en 1948. Murió, cuando sea. Arrancó a mordidas la cabeza de un murciélago”.