MEMORIAS MUSICALES
DISCURSO VERTIDO EN LA PRESENTACIÓN DEL PROYECTO “MEMORIAS MUSICALES: DIÁLOGOS CON COMPOSITORES BOLIVIANOS DE MÚSICA ACADÉMICA” EN LA CIUDAD DE LA PAZ
La música contemporánea es una suma de miles de músicas que vienen sonando desde principios del siglo XX hasta nuestros días. El rasgo común que es un envolvente en verdad teórico, es que se trata de la música de tradición escrita de nuestros tiempos. Nuestros tiempos vendrían a ser, por decirlo así, los que van desde 1907, o 1913, según la versión del nacimiento de la música contemporánea, hasta nuestros días. Quiere decir esto, que son más de cien años que vienen estas músicas sonando. Nadie, creo, ha vivido para contarlo todo, por lo que nuestros tiempos, como concepto, se va a tener que dividir en segmentos más cortos y que a cada quien le toque una parte. Asumiendo la convención social en el planeta, que propone que una generación se considera a la gente que comparte su existencia, con otra gente, entre veinte y treinta años, la música contemporánea, llevaría ya al menos tres generaciones de personas haciendo música académica del período contemporáneo en el mundo. En algunos lugares del mundo más que en otros mundos a los que se los considera menos mundos que el que suponemos como el verdadero y modelo para el resto. Desde este mundo, el del eurocentrismo, es que se expandió una actitud, primero, que sumada a diversas técnicas de composición, dio lugar a rupturas e innovaciones en las músicas académicas. Pero esa actitud no fue nunca gratuita, caída de los árboles. Fue el resumen de una serie de acontecimientos sociales, políticos, económicos, culturales y por supuesto, personales. Las guerras, el manifiesto futurista, el surrealista, Los carteles de Lautrec, la tristeza de las gimnopedias, las máquinas de vapor, la preocupación de los carboneros, las primeras grabadoras de sonido, los dolores sostenidos durante la posguerra, y más, mucho más, tuvieron que resultar en expresiones de las artes, provocadoras, explosivas, dolorosas, sorprendentes, denunciantes. De hecho, y como dato para el rigor histórico, es más frecuente escuchar decir que en verdad la denominación de música contemporánea, es la que se produce desde el tiempo de posguerra, de la segunda guerra mundial. Las músicas del siglo XX han desarrollado tendencias, escuelas, técnicas, algunos modelos de comportamiento social y por supuesto, grandes, maravillosas y bellas obras musicales. Eh aquí un listado breve de algunas palabras alrededor del tema:
Modernismo, dodecafonismo, serialismo integrado, posmodernismo, nacionalismos, eclecticismo, conceptualismo, minimalismo, posminimalismo, electroacústica, electrónica, neo romanticismo, espectralismo, música fractal, neo tonalismo, neo simplicidad, aleatorismo controlado, nueva complejidad, arte sonoro.
Detrás. Estuvieron y están, las personas que componen, que son gente como casi cualquier otra gente, que necesita un lugar para vivir, que tiene gustos distintos, a veces encontrados, que adquiere deudas, que tiene filias y fobias. Como casi cualquier gente, porque como resultado de un giro durante el romanticismo, las personas que componen, fueron elevadas, como una construcción del imaginario de las sociedades de ese entonces, a un lugar cuasi divino en el que habitaban creadores de toda índole, elegidos, incomprendidos, individualistas, seducidos por las emociones, seres fuera del alcance de otros seres comunes y corrientes. Salvo la inclinación por las emociones, dirigidas ahora a la razón, los siglos XX y XXI, heredaron todo el resto y en algunos casos se amplificaron, haciendo de estos rasgos una suerte de condición natural o, en el mejor de los casos, aprendidos y asumidos casi religiosamente.
Con el público, hay una evolución parecida, pero en sentido contrario. Se le exige aprender a escuchar, se lo expone a lo desconocido, a lo inusual. Acostumbrado a lenguajes familiares, después del romanticismo tiene que optar por descubrir mucho de lo nuevo, musicalmente hablando. A sentirse alejado y a la vez, empequeñecido por la figura de los creadores. El alejamiento, con frecuencia se argumenta, desde el público mismo, como que se trata de música que no se entiende, pero resulta que si en un esfuerzo masivo por la formación en teorías y técnicas de las músicas contemporáneas, se pudiera formarlo, el público seguiría alejado, entonces no se trataría de entender, ni de comprender asuntos de la teoría musical. Tampoco el público, en general, entiende a Bach pero no deja de escucharlo. Se trata de otras cosas, de otros tantos temas y tan complejos. Nunca antes se han enfrentado, músicos y público, a una convivencia de lenguajes tan diversa y tan grande, cualitativa y cuantitativamente hablando. El cine, ha hecho el trabajo de contrabando de música contemporánea, más eficaz e inteligente, sin proponérselo, a lo mejor. Ha logrado que el público, escuche estas músicas, sin chistar.
En América Latina, desde el siglo XVI, las músicas se fueron transformando, se fueron trenzando entre múltiples elementos y decisiones culturales para dar lugar, siempre, a nuevos lenguajes, abstractos, con o sin texto. A nuevos instrumentos, sean estos un producto de adaptaciones o transformaciones. Con músicas regionales, con formas locales consolidadas como rasgos de las identidades nacionales, el siglo XX se vuelve el tiempo de afianzar las fronteras, la producción simbólica detrás de ellas y por supuesto, la divulgación oficial de los sentidos de pertenencia, aunque en muchos países, las gentes se desconocieran entre sí. Pues resulta que el pensamiento hegemónico se sustenta en la afirmación que podría resumirse con “el país es la ciudad”. El mundo rural se descubrirá quizás con el impulso de la revolución mexicana de 1910, y con este descubrimiento, por parte del mundo urbano, sus músicas, que terminarían, en el entretenimiento, en la cabeza de Carmen Miranda, en forma de exotismo y frutas. La palabra exótica, quiere decir fuera del centro.
Las músicas en América Latina, en el siglo XX, se construyen, heredan y se prestan, y no es distinto el proceso, de otras sociedades en el mundo. Mismos procesos, resultados diferentes. Porque los ingredientes son distintos. Aquí hubo una avalancha cultural de múltiples dimensiones que dio lugar también a lenguajes de múltiples elecciones, musicales, técnicas, organológicas, ideológicas. Se fundaron movimientos, de música nueva, liderados, algunos, por músicos huidos de la guerra, otros, por músicos locales apasionados por la búsqueda de identidad, nacional y propia.
García Caturla, Revueltas, Aharonián, Koellreuter, Etkin, Bolaños, Villalobos, Villalpando, Roldán, Ponce, Orellana, Paraskevaidis, Maiguashca, Guarello, Ginastera, Gaudini; son unos poquísimos apellidos de esos pensamientos que, formados o no en rigurosas academias, optaron por múltiples elecciones compositivas para formar un cuerpo musical cargado de identidad y de memoria.
De eso se trata. Este no es un ensayo sobre las músicas contemporáneas, ni en el mundo, ni en América, ni en Bolivia. Es un recuento de memoria, una forma de conocer y de recordar, que está hecha por conexiones. Todo conocimiento está hecho de conexiones, como lo plantea Edgar Morín. Así, toda obra, suelta o una suma de obras de una vida, son el resultado de esas conexiones, de las reacciones a todo evento, bueno o malo, de la formación académica, cuestionada o no, de otras personas, para bien o para mal. Y luego, todo deviene en memoria.
Este trabajo, todo un esfuerzo y una impecable realización, es, efectivamente, una memoria hecha de muchas memorias, una colectiva, hecha por individualidades y muchas, memorias personales. Es posible que en las largas conversaciones grabadas en este trabajo, se encuentre versiones distintas de un mismo hecho, más de dos, quizás. Pues se trata de personas que tienen distintas maneras de relacionarse con el mundo así como también distintas formas de pensamiento musical. La diversidad es, como una de las características de la música contemporánea, también una fortaleza. Detrás de todos los testimonios, anécdotas, confesiones y también silencios, están las músicas. Para sabernos, para entender que hay un nosotros, como una suma silenciosa de individualidades, hechas de luces y de sombras, como todos.
El impulsor y autor del proyecto referido es: Ernesto Flores Meruvia. Es posible encontrar los productos audiovisuales en distintos repositorios de Bolivia o en el canal de YouTube del autor: https://youtube.com/@ernestofloresmeruvia8878?si=dJTr4DZiiBUZhWEy