Un poco de nada, lo nuevo de Gabriel Salinas
Acaba de presentarse en Sucre, en El Mercadito de Kimsa Molle, acompañado por Pepe Logia y Fleurs, que interpretaron dos de sus canciones, el último poemario del escritor sucrense, Gabriel Salinas, Un poco de nada.
Acaba de presentarse en Sucre, en El Mercadito de Kimsa Molle, acompañado por Pepe Logia y Fleurs, que interpretaron dos de sus canciones, el último poemario del escritor sucrense, Gabriel Salinas, Un poco de nada. El libro fue publicado por Editorial 3600, e ilustrado por Daniela Peterito Salas. Puño y Letra tiene el gusto de presentar algunas aproximaciones críticas a la obra, así como tres poemas de este creador contemporáneo, fundamental en nuestra literatura.
Tres poemas de Gabriel Salinas
Gusano
Vivo para aletargar mi existencia
tímido y desorientado
siguiendo la voz de la tierra, regida por el caos
cabo mi propia tumba más allá de la culpa
viviendo el terror al tiempo extra
de todos esos juegos perdidos
donde no había nada que ganar y todo que perder.
Mientras que, a algunos, el destino
errante premia con algo tan raro como una bendición,
yo me aferro a todas las maldiciones del porvenir…
Un día más
Y piensas en esto y aquello
la sutil dirección de una taza de café
el aroma dulce de una amante
cualquier cosa, la apuesta perfecta.
Darlo todo, en ningún lugar.
Eso que no existe sin lo otro
todo lo que pudo pasar y pasó
ese algo que te aleja y te retrae
siempre al mismo punto
cuando te dejas llevar.
Hasta que el desconcierto muere finalmente
y solo se halla una voz opaca e irreconocible
esa, que señala las cosas hechas para abandonar
un martes por la tarde a finales de junio.
Es simplemente un susurro de esperanza marchita
ya nada hay, más allá de todo pensamiento
un día más, de lo mismo…
Menos estas palabras
Y ni siquiera había un poco de nada
menos estas palabras,
quizás un vacío ausente de sí mismo
cuyo nombre inconcebible
era apenas un incólume silencio
y mucho menos,
algo que es imposible…
Menos estas palabras
donde todo cobra sentido, al menos,
por unos mezquinos segundos,
que son suficientes…
Un poco de nada, la apuesta perfecta
Por Daniela Peterito Salas
En Un poco de nada, Gabriel nos empuja a experimentar un ejercicio de condensación donde cada verso se repliega sobre sí mismo, exigiendo al lector un ritmo lento y una lectura de ecos.
La brevedad de los textos contrasta con la densidad de sus imágenes, entonces, tratamos varias veces de llegar a lo que nos dice, quizás nos habla de un poco de nada, quizá, pero con frases terriblemente distintas donde nos dice:
La apuesta perfecta/Darlo todo/en ningún lugar
O lo hace con pistas terriblemente cercanas:
Una a una,/se reencuentran las presencias nocturnas del adiós/movilizando la marea crispada, de la nostalgia que invade mi memoria
Todo y nada es posible porque a menudo los poemas bordean lo onírico y lo filosófico. No es una lectura ligera, sino un recorrido que requiere detenerse, volver atrás y, en ese movimiento, descubrir la fuerza de su entramado.
No se deja leer de una sola vez o una sola vez. Cada poema llega como un golpe seco, un mapa mínimo que nos guía, posiblemente con palabras camufladas, donde sus poemas nos llevan a un universo denso y vibrante. Su brevedad no economiza, sino expande hacia nuestra introspección, detrás de cada línea se esconden múltiples resonancias, invitando a habitar las pausas, los silencios y la intensidad de lo que habita Gabriel en su tercer libro y segundo poemario, éste último de la editorial 3600.
Cuando uno logra sumergirse en este libro, no se devuelve con la expectativa de un viaje largo, sino con la certeza de haber entrado en un territorio concentrado. Un poco de nada es un libro que exige al lector otra forma de atención: leerlo es detener el tiempo, habitar la intensidad, dejarse atravesar por lo mínimo que resulta, en realidad, inmenso.
DPS, septiembre 2025
“Un poco de nada” o una nada de a poco
Por Micaela Mendoza
[…] el decadente mundo que nace de
esta imaginación errada,
es algo, es un poco de nada.
Gabriel Salinas infiere desde lo vacuo y rueda existencialmente en su tono poético, se inserta en el sonambulismo de una escritura filosófica que genera contrasentidos a su paso cuando “[…] en las penumbras habita/el misterio de la fuga”.
Así, extrae de los abismos alguna sustancia que conforme ese “poco de la nada” desde la cual enunciar el vacío.
Los versos se intercalan con rastros de tinta china a manera de agujeros negros que detectan a las palabras o las absorben y se fusionan como una caligrafía gráfica.
La tintura se esparce de forma inter(entre)textual creando una especie de imaginario Rorschach desde el cual la subjetividad emerge como un loto de ese charco de pigmento que contiene las preguntas inmersas en la mancha.
“Cercenado el halo de la revelación” el tedio redunda e impregna las páginas de un manifiesto (¿o un enigma?) que tensiona lo apolíneo con lo dionisiaco dando a las palabras una silueta entintada de cuestionamientos.
En “Un poco de nada”, la maldición del gusaneo mental no se redime en la posterior metamorfosis, sino que paradójicamente hace que el cuerpo enajenado busque enterrarse y posteriormente excavarse pues “[…] lo sublime florece dolorosamente, /entre la sucia mecánica de lo rutinario, que/ahoga todo bajo las sombras grises de los/engranajes que terminamos siendo…”
¿Poco o nada?, ¿nada o poco?, se torna acertijo lanzado a aquel espacio que carece de nombre por su inexistencia o por su lugar de totalidad imposible como cuerpo etérico, divagante, orbitante, enteramente rodeado de la gula autocontemplativa que permite zanjar la inercia y aliviar sus conjeturas en una única resolución: la finitud…la gozosa finitud.
Sobre
Un poco de nada
Por Benjamín Chávez
Los poemas de este libro breve son también breves. Apelan a la contundencia del primer impacto, a un decir directo y sincero, o quizá, sin-ceros, es decir, recurren a frases como una cifra única, solitaria, sin la cola de los ceros como una estela de ecos, empero, no exentos de resonancia.
Son versos gestados en lo recóndito que hacen aflorar imperceptibles destellos hundidos en esta terra nostra que todos poblamos. Si bien al inicio el autor reconoce un estado de ausencia de palabras (mudez), al expresar cierta condición existencial, apuesta por una enunciación que, para decir lo suyo, acomete un tránsito, un traer un poco de nada, que deviene testimonio de un habitar a golpes de emoción y una sospecha ontológica como telón de fondo.
Pero esa nada nombrada es un orbe que exhala sentidos (o sinsentidos), que terminan por corporalizarse poéticamente. Acto creativo puro, nace un mundo ex nihilo donde “todo sucede y deja de suceder inevitablemente” como “una caricia divina que te condena”, o el “beso infiel de [una] prostituta sabia”.