Sobre Tupiza. Un viaje hacia los recuerdos
Hace rato me estaba animando a sacar una reseña de este libro, pero el tiempo, la vida, los recuerdos propios hicieron que la postergara de una manera cuasi indefinida.
Hace rato me estaba animando a sacar una reseña de este libro, pero el tiempo, la vida, los recuerdos propios hicieron que la postergara de una manera cuasi indefinida. No obstante, en tanto la olla a presión termina de pitar, anunciando que mi sopita de fideo con pollo está casi lista, tengo el tiempo necesario como para otorgarle unas palabras muy merecidas.
A Hugo Jose Suarez lo conozco desde hace tiempo como el perfil de un escritor y analista social que, cosa común en Bolivia, “no lee ni escribe narrativa”, un lector de sociología muy alto y con pedigree intelectual arraigado a la tradición que tiene todo intelectual de verdad: No se olvida de dónde viene, esto es, que tiene raíces a las cuales rendirle homenaje, y Tupiza (3600: 2025) su más reciente (esperemos que no último) libro, resulta siendo un sentido trabajo de melancolía viva, que resulta más poética que la nostalgia común que le nace a uno por sentirse ya mayor, ya que, como dirían los amantes de Radio Panamericana: “(…) las calles donde vivía ya no son como cuando era muchacho, ay”. No es Octavio Campero Echazú lamentándose en “Diez años”, su poema más llorón, ni un fanático de la juventud perdida, estilo Oscar Wilde personificado como lord Henry Wotton en “El retrato de Dorian Gray”, sino un atisbo literario, que funciona al mismo tiempo como un homenaje de pasión cinematográfica, al Tornatore de “Cinema Paradiso” o al más grande Fellini de “La strada” y “Amarcord”, y menciono más películas que otros libros de referencia, porque Tupiza es, sobre todo, un libro visual, sensitivo y hermoso en su propio discurso literario.
Las anécdotas, las descripciones y la interacción entre el presente y el pasado, los vecinos que vivieron por acá o por allá, los hitos en el crecimiento de un pueblo que lanzó al interior urbano de Bolivia personajes monumentales o la gran alegoría de la “aldea universal” que hace emparentar este libro con las películas ya mencionadas, determinan una nomenclatura fina de ver atrás con orgullo y si bien sin sonar idílicos, con cierta criticidad y objetividad. Qué equivocación pensar que Suárez no escribe narrativa por ser sociólogo (esperemos que nunca ociólogo), porque Tupiza, como libro testimonio, tiene un universo en sus calles, de la misma naturaleza como las calles de los pueblos narrados por Ray Bradbury o Jack Ketchum. Una melancolía digna de ser disfrutada, que impulsa al lector a viajarse hasta allá y visitar las calles que el mismo Suárez ha recorrido en su infancia y juventud.
Obligatorio conseguirlo, leerlo y disfrutarlo
En la pasada FIL La Paz, Suárez fue al stand de Kipus para charlar un momento conmigo. No pudo llevarme su libro, tampoco se lo pedí, pero yo me lo “presté” gracias a un amigo muy distraído que colecciona publicaciones de autores nacionales. Ya cuando retorne Suárez, me encargaré de pedirle que me venda uno de sus ejemplares.
Resérvamelo cumpa.