La Mariposa Mundial, Nro. 29
Como siempre que aparece un nuevo número de la Mariposa Mundial, es un gusto tenerlo, leerlo del derecho y el revés, a más de gustar de sus detalles diagramatorios, tipográficos y, frecuentemente a lo largo de los números
Como siempre que aparece un nuevo número de la Mariposa Mundial, es un gusto tenerlo, leerlo del derecho y el revés, a más de gustar de sus detalles diagramatorios, tipográficos y, frecuentemente a lo largo de los números, del despliegue de rincones y alturas menos conocidas de la literatura boliviana -u otras. En realidad, inevitablemente debo confesar que desde hará más de un mes que tengo la revista, pero llegada en una época en que tanto se acrecientan los traspapaleos; además, no es la única lectura cuyo comentario sigue pendiente.
Es particularmente interesante, en este número, el rescate o recuperación de páginas de Hilda Mundy (Oruro 1912-1982). Con tan breve obra, con tan largo silencio y aparecida en ese rutilante fin de mundo que era Oruro, cada papel que se rescate de ella relumbra como joyita en un pajar.
Y en estas páginas rescatadas y bien prologadas, logramos divisar algunas imágenes del “cinematógrafo interior” que llevaba ella y en su proyección somos testigos de que hay “ángeles desalados”, mientras tiene lugar la “ocurrencia de producir corto circuitos por choque de infaltables puntos suspensivos y vocablos sonrientes que dejen huir mucha picardía por las rendijas…”.
¿Y qué leería Hilda Mundi, qué tanto conocería? ¿Qué libros llegarían, hacia los 1930s a Oruro? O podríamos preguntarnos, en la misma línea o el mismo estante: ¿de qué y cuánto estaría HM anoticiada? Anoticiada, decimos, pensando en vanguardias, irreverencias, informalidades. ¿Habría ella llegAado a enterarse, por ejemplo, de cosas como el surrealismo? Es claro, en todo caso, que sí conocía, y citaba, las greguerías de Ramón Gomez de la Serna, como bien lo establece Eduardo Mitre en su magnífico ensayo sobre la orureña, y a cuya relectura (ver ‘Las páginas del árbol’, p. 159-174) me animó justamente esta Mariposa. Papeles llaman a papeles: es conocida esa ley.
Pero la revista sigue y, como podrán ver por su índice, trae mucho más.
El grueso de este número, su parte central, celebra la aparición, traducción al inglés y presentación del libro de poemas SO-LAIR STORM del chileno André Ajens. La cercanía de Ajens a Bolivia es, poco menos, un rasgo y hasta posición suya. Lo atestiguan 24 números de la buena revista MAR CON SOROCHE, que en transfronteriza labor tanto avivó e internacionalizó el trajín de letras.
Sin extenderme más en ese aspecto, lo cierto es que seguí con mucha atención, en este número de la Mariposa, las páginas dedicadas a Ajens y de él mismo.
La aventura poética del poeta chileno es tributaria, de alguna manera, del viejo sueño anti babélico de hallar o formar una nueva lengua dentro de la lengua, recogiendo en su seno y curando las heridas que la historia deja en las lenguas, manejándose a partir de retazos orales o escriturales, restos, apelando a cuanta vuelta pueda ofrecer una retórica desmembrada.
Digamos que desde las antologías/traducciones de Jerome Rothemberg al Finnegans Wake de Joyce, queda rayada una cancha en la que, además trasladada o traslapada al sur, juega Ajens.
Abajo está reproducida una página en que se muestra un poema, o ‘textil’, fiel a esas posibles intenciones. Ahí pueden ver no sólo cómo quedan los poemas (con un nuevo suspenso respecto a la misma palabra ‘poema’), animados por tan polifónicos e intricados impulsos, sino lo que hizo Erin Moure por traducir tales líneas. Rodolfo Ortiz, a su vez, tradujo al castellano, destaquémoslo, la presentación de la misma Mouré del texto de Ajens…
Remarquemos, finalmente, que la empresa de Ajens guarda un (muy) lejano parentesco con lo que indaga Umberto Eco en su hermoso libro ‘La búsqueda de la lengua perfecta’. Y conviene citar las últimas líneas de dicho libro:
“La lengua madre no era una lengua única, sino el conjunto de todas las lenguas. Quizá Adán no tuvo este don, tan sólo se le había prometido, y el pecado original interrumpió su lento aprendizaje. Pero a sus hijos les queda la herencia de ganarse el pleno y armónico señorío de la Torre de Babel.”
Y sigue la revista, con variadas joyas y como pueden ver en el índice.
También merece destacarse en este número, páginas más allá, la publicación de una capítulo de LA TRAZA, el último libro que acaba de sacar Alan Castro, también él mismo involucrado en la Mariposa. En las imágenes de abajo, vean una página de ese libro, que también se me traspapeló en diciembre/enero y al que aún me referiré más luego.
Y hay más todavía, que el lector ya sabrá degustar…
Por último, anexamente y en cuanto a la separata de esta Mariposa, ella provoca sentimientos encontrados. Es una traducción, o ‘traslucine’ como la llama su traductor, o traslucinador Andrés Ajes. El texto ‘traslucinado’ es de Jaques Derida y su título es “Titulo por precisar”. Trata, entre vueltas y más vueltas, y todavía más vueltas, sobre lo que es, sería, podría ser, para qué, de quién, cómo, etc… un título.
No osaría, por supuesto, levantar una palabra contra tan gran y siempre deslumbrante filósofo, aunque sí me atrevería a cuestionar la elección de semejante texto para la Mariposa. Así como el filósofo francés tiene libros cortos, ensayos o capítulos absolutamente hermosos e inagotables, también a veces parece emplearse demasiado en las excesivas y parisinas piruetas conceptuales, propias de un Derrida exasperante, que sí lo hay. Como en este texto.
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Y después de todo, a la hora de reflexionar sobre el título, lo que es un título, lo que determina y lo determina, el artículo “Kafka. Ante la ley” del mismo Derrida, ya se preocupaba sagazmente del tema del título, en una lectura que ya bastaba, mucho más rica, directa y sin tanta voluta tras voluta tras voluta. No había, en fin, porqué atragantar al vecindario.
Y por si acaso, el título siempre pendiente y de cuya interrogación pende y se-pende Derrida, gira alrededor de otro libro, este de Blanchot y que a su vez titula La folie du jour. Omitían avisarnos que está traducido al español: El instante de mi muerte/La locura de la luz. Tecnos. Madrid 1999.
A estas alturas, finalmente, habrá que buscar el numerito que recién salió en Alacitas! Aun me falta esa revistita.