«Tan faltos de aire» y los vaivenes de la relación entre Bolivia y Estados Unidos
Presentación de Ever Romero Ibañez del libro "Tan faltos de aire", de Gonzalo Mendieta y Rafael Archondo, realizada este viernes 11 de septiembre en el Salón Auditorio del ABNB
Ever Romero, al micrófono durante la presentación, junto a Oscar Díaz, también comentarista, y los autores. Foto: Gentileza Los autores, Gonzalo Mendieta y Rafael Archondo, finalizan el libro con una afirmación representativa de la obra: «El caudal de experiencias, conceptos y balances que todavía une a Bolivia y Estados Unidos son parte de esta memoria».
Y la larga memoria reconstruida por los autores, responde al rigor metodológico que todo abordaje académico serio, impone. Está presente, además del método histórico, la investigación cualitativa que aporta la perspectiva personal de los protagonistas de las relaciones diplomáticas entre Bolivia y los Estados Unidos. Los autores, despejan dudas o confirman hipótesis o conclusiones preliminares —en los casos en los que la evidencia documental o hemerográfica haya sido insuficiente—, a través de entrevistas a personajes de primera línea del quehacer diplomático.
La información del accionar de la embajada norteamericana en Bolivia, ha sido obtenida mediante la exhaustiva revisión de cablegramas y documentos oficiales remitidos desde la embajada a su departamento de Estado; de las memorias, biografías o historias de vida de los exembajadores o de las entrevistas concedidas en otros tiempos por ellos a medios periodísticos. En el caso del país, se ha realizado la reconstrucción histórica-contextual al momento estudiado, en base a una abundante revisión bibliográfica: libros de historia, revistas especializadas, documentos oficiales o memorias institucionales diversas.
Simplificando demasiado la obra, establezco algunas conclusiones generales:
1. La postura estadounidense en relación Bolivia, giró en torno a temas recurrentes como condición para la ayuda económica, a saber: la exigencia de determinados tratados comerciales, la prioridad estadounidense de fortalecer las instituciones republicanas, la defensa de los intereses de sus empresas en Bolivia, la suscripción de tratados de extradición, la vigencia de la democracia como condición indispensable, lo posición política a asumirse por los gobiernos bolivianos en torno al avance del socialismo, y en los últimos años la lucha contra el narcotráfico y los cultivos excedentarios de hoja de coca.
2. El reconocimiento a los gobiernos bolivianos, dependía de la posición política de cada gobierno en relación a los intereses norteamericanos. El libro describe los tres criterios utilizados por los embajadores, en el reconocimiento de los sucesivos gobiernos: a. Que el gobierno controle su territorio y población, b. Que reconozca sus obligaciones internacionales y c. Su identificación con los intereses de occidente. Con estos parámetros se reconocería a Saavedra, a Villarroel, a Víctor Paz. Incluso, como un añadido, si un gobierno mostraba señales de rechazo al avance comunista, se lo consideraba cercano a ellos.
3. La embajada de EEUU, ha jugado un papel activo en las posibilidades o no, de constitución de un gobierno.
4. Para los gobiernos bolivianos, sería de máxima prioridad el logro del reconocimiento de Estados Unidos, siempre pensando en la ayuda económica.
5. La embajada de EEUU, por su labor de inteligencia, tenía información de primera mano sobre inminentes hechos políticos, mucho antes de que se produzcan.
Las conclusiones que preceden, impiden ver la riqueza de recuperación histórica realizada por los autores; por ello, comparto —para motivar la lectura del libro—, detalles que convierten la obra en aporte indiscutible.
En el libro podrán encontrar incontables posicionamientos de EEUU, en relación a cada coyuntura boliviana. Ejemplo: el 30 de abril de 1953, en un memorándum que el funcionario Hudson le dirige a Atwood desde La Paz, dice: «La revolución boliviana presenta una oportunidad para una posible cooperación exitosa con un gobierno popular para distinguirnos de varios gobiernos dictatoriales a los que se nos acusa de favorecer». Posturas de esta naturaleza, comunicadas desde Bolivia, podían determinar la posterior posición institucional formal de los Estados Unidos en relación a nuestro país, para apoyarnos económicamente o no.
A través de los reportes oficiales de la embajada a su departamento de Estado, se muestran caracterizaciones, lecturas o problemáticas de Bolivia que subsisten como preocupación actual, que no han sido superadas, que se reiteran. ¡Qué duda cabe! Es también otra contribución del libro para entender que el presente, no deja de ser el resultado de una larga repetición del pasado, de experiencias olvidadas o deliberadamente obviadas. Seguimos recorriendo los mismos viejos caminos, sin llegar nunca al destino imaginado. No terminamos de aprender, sería la conclusión.
Como ejemplos que forman parte del libro, encontramos lo siguiente: El presidente Belzu, en 1851, decía: «Mi país está aún en su infancia», hoy, dada la desinstitucionalización del Estado, podríamos repetir lo mismo. O, lo señalado por el británico John Lloyd que, en 1852, avisaba que en el Chapare hay coca. Es un «narcótico venenoso», diría. El tema del Chapare y la coca, sabemos lo que hoy representa por sus derivaciones en el narcotráfico, su penetración en el Estado y la violencia en las calles.
O lo expresado por el diplomático Dana que, en 1860, sostenía que los indígenas «no sienten ninguna obligación hacia el Estado». Hoy, seguimos sin encontrar el rol del Estado respecto a la economía y la sociedad, tampoco logramos concertar una forma organizativa que genere adhesión indubitable: ya lo sabemos: el estado-nación nunca pudo ser una forma universalmente respaldada y el Estado Plurinacional, genera más dudas que certezas y se exige su reforma. O lo indicado, en 1860, por el general Smith: «Bolivia es un país con tensiones raciales a flor de piel». Hoy, en 2026, no obstante, la Ley Contra el Racismo y toda forma de discriminación, el racismo y la discriminación, de unos y de otros, sigue imponiéndose en la vida social y política.
O los enredados préstamos de recursos económicos a los que ha recurrido el país, como el crédito de Stifel Nicolaus, en 1922, minuciosamente descrito en el libro y realizado en el gobierno de Bautista Saavedra, titularizando ingresos futuros. Hoy, como en otros años, se exige la revelación de las condiciones de los préstamos. Bautista Saavedra, tampoco garantizaba la aprobación del préstamo por el parlamento. Es la historia que vuelve a repetirse.
O lo aseverado por los banqueros norteamericanos que reconocían que Bolivia poseía «grandes recursos internos, que creemos solo esperan el apropiado desarrollo», que es un tema que vuelve al debate en cada momento, cuando el país se sumerge en periodos de crisis.
En suma, el libro demuestra que no podría generalizarse la afirmación de que Estados Unidos haya antepuesto siempre sus intereses económicos a los políticos. Lo ejemplifica muy bien la nacionalización de la Standard Oíl de Rockefeller por el gobierno de David Toro, en 1936. Estados Unidos no salió en defensa de la empresa y, contra lo esperado, reconocería el gobierno de David Toro, sin dejar de solicitar la indemnización por la nacionalización. Aunque años más tarde, Alfredo Ovando, en 1969, expropiará la Gulf con un argumento nacionalista: «Al nacionalizar la Gulf, hemos eliminado del esquema nacional a un súper estado, que no sólo saqueaba las riquezas de Bolivia con una mínima participación del Estado, sino que además pretendía intervenir en los asuntos internos mellando la soberanía». En 1970, el embajador Siracusa, dirá: «Estados Unidos respeta y respetará siempre el derecho de cualquier nación a nacionalizar sus riquezas en beneficio del interés público».
Pese a la posición de Estado de los norteamericanos, por otros mecanismos se movían resortes e injerencias activas que el libro detalla. Es el caso denunciado por Pereda Asbún, acusando a la Gulf de sobornar a funcionarios de Barrientos. La Gulf no lo negará: «fueron contribuciones políticas de 460 mil dólares», dirían.
Siempre a modo de ejemplos, recojo aquí, apenas como muestras, lo que podrán encontrar en Tan Faltos de Aire: Es el caso del estocado de reservas de estaño boliviano en Estados Unidos, comprado por ese país, y que serviría de base reiterada de negociación entre ambos países, en función de los intereses de Bolivia.
O los efectos de las medidas de la Revolución Nacional, que generaron un proceso intenso de negociación para el reconocimiento de Víctor Paz. En 1954, un reporte oficial de la embajada de Estados Unidos, expresaba: «el gobierno boliviano es amistoso y cooperativo con Estados Unidos»; por ello, implementaron un programa de asistencia económica de 23 millones de dólares, aceptando la nacionalización de la Patiño Mines, registrada en EEUU.
También aparece descrita la concepción del plan dirigido por Merwin Bohan, presente en Bolivia desde 1937, con su tesis central de la diversificación productiva y la marcha hacia el oriente.
Hasta antes de Evo Morales, los gobiernos bolivianos tenían como prioridad, lo dijimos, lograr el reconocimiento de EEUU. Un ejemplo extremo, es el detallado por los autores: a raíz del Putsch nazi y como demostración de la falsa acusación de nexos con Hitler, el gobierno boliviano, como prueba de fe, detiene y entrega a EEUU, a ciudadanos alemanes, italianos y japoneses que vivían en Bolivia, que terminaron presos en Dakota.
O el dato llamativo del esquema de acceso a información de primera mano, descrito por el diplomático William Cobb, quien decía: «Paz Estenssoro tenía un ministro de Trabajo llamado Juan Lechín, que era más de izquierda. Era de origen libanés. Lechín era el líder de los mineros. Tenía una novia que trabajaba en la embajada y a través de ella, era accesible a los funcionarios de la misión. Se lo podía llamar y preguntar: ‘¿puedo ir a verte?’ y él te decía, ‘seguro’». Hallazgos documentados como el precedente, dan cuenta de detalles exquisitos impensados.
Pese a la política de Estado de los norteamericanos en relación al país, el libro da cuenta de los impulsos particulares que le daban ciertos embajadores a alguna temática. Ben Stephansky, por ejemplo, buscaba contrarrestar la proliferación de las ideas marxistas, a la par de impulsar la minería y la migración a tierras bajas. Los autores, tampoco se guardan el dato de la llamada de Walter Guevara, hombre fuerte de la revolución, al embajador, para solicitarle la ampliación de la beca de su hijo en EEUU. Cualquier parecido con los tiempos que corren, no será una mera coincidencia.
Otro dato no menor. Los autores del libro, se llevan por delante a René Zavaleta, hombre cercano a Víctor Paz del 64 y considerado uno de los ensayistas más lúcidos del país, al sostener, a la luz de testimonios, que EEUU no apoyó el golpe de Barrientos a Paz Estenssoro. Zavaleta, estuvo equivocado, dirán. EEUU, reconocería a Barrientos como presidente legítimo.
En el libro también se describe la presencia del Che en Bolivia y el papel marginal de EEUU, según la narración realizada; se cuenta la liberación de Regis Debray y su cercanía familiar con De Gaulle, en Francia, que la hizo posible.
En los años 60 y 70, el criterio para reconocer a los gobiernos bolivianos, no pasaba por conocer su ideología; no era relevante si eran de izquierda o derecha, sino saber si son o no son antinorteamericanos. Ovando da el golpe de Estado a Siles Salinas, y fue reconocido.
El libro ofrece ejemplos de la caracterización de los presidentes, que forman parte de los reportes oficiales de la embajada. ¿Qué se decía?: de Víctor Paz: «Es un revolucionario, pero no procubano»; de René Barrientos: «es un hombre popular»; de Alfredo Ovando: «es cercano a EEUU, aunque nacionalista»; de J. J. Torres: «es ultranacionalista, izquierdista y antiestadounidense». Por ello, Estados Unidos decidiría bloquear préstamos a Bolivia. La CIA, contribuiría a derrocar a Torres; de Hugo Banzer: «Banzer era una bocanada de aire fresco para nosotros» Para el embajador Siracusa, Banzer «es un hombre de coraje».
Con abundancia de testimonios, el libro da cuenta del golpe de Natusch. La embajada conocía en detalle que el golpe se iba a producir, e incluso le disuade a Paz Estenssoro de apoyarlo. El golpe fracasa, porque careció de apoyo político y porque EEUU suspende la ayuda económica y militar. Años después, el embajador Greenlee, diría de Guillermo Bedregal: «era contacto mío. Sabíamos del golpe, sabíamos que estaba involucrado».
Tan faltos de aire describe una confidencia de Goni Sánchez de Lozada, ministro de Planeamiento, recogida en reportes oficiales de la embajada, a raíz de la propuesta de coca cero. El embajador en su informe afirmaría por escrito: «si cortábamos el flujo de dinero de la droga, sus esfuerzos para restaurar la economía pudieran fracasar». Goni, ya de presidente, le diría Greenlee: «quiero vender gas a EEUU, vía gasoducto por Chile. Puede que caiga, tratando de hacerlo». Y cayó, lo sabemos.
En el libro, encontrarán pormenores del rol activo de la embajada sobre el MIR. Según Rafael y Gonzalo, la mala relación tendría un punto de partida. El embajador Gelbart, en 1989, le pide a Paz no votar por Banzer y sí votar por Goni. Paz Zamora, le responde que no votará por Banzer. Paz cumplió, no votó por Banzer, pero votó por él. A partir de ahí, la historia es conocida: retiro de visas, narcovínculos, veto a candidatos o el encarcelamiento de Oscar Eid. Años más tarde, Gelbard les diría a los autores del libro que «Oscar Eid, jamás estuvo involucrado en narcotráfico»
El caso más emblemático de injerencia es contra Capobianco. Gelbart, le comunicaría a Paz que Capobianco no debía seguir siendo ministro. Jaime Paz, dirá: «Dios, lo que tengo que hacer con mi país». No se queda ahí, la embajada, por escrito, veta a Capobianco, incluso como candidato a diputado. Jaime Paz, le endilgaría a Goni como el promotor persecutorio del MIR. Goni, diría: «el problema de Jaime Paz, es con el imperio».
Un caso de presencia en el Estado, es el control directo de la embajada en la policía, con la creación y control del Centro Especial de Investigaciones Policiales. El jefe de este centro, se reportaba directamente ante la embajada. En el caso del asalto a la casa de secuestro de Jorge Losdale, no informaron de la operación a los mandos policiales ni a Capobianco, ministro de Gobierno; ni acerca la detención de Arce Gómez.
Una muestra adicional del papel de la embajada en la política boliviana: en 2003, Greenlee, le diría a Carlos Mesa: «si no apoya a Goni, porque no renuncia». Mesa dirá más tarde: «no renuncie para evitar el vacío de poder». Más tarde aún, el 2007, Greenlee, sobre la caída de Goni, diría: «me equivoqué, no era un golpe más. Era un momento revolucionario». Equivocado no estaba. El Greenlee de marras, es el mismo que organizaría el hurto de los 28 misiles chinos, el 2005, en el gobierno de Rodríguez Veltzé.
Finalmente, cabe decir, que la larga relación entre los dos países, iniciaría John Appleton, como primer diplomático estadounidense que llegaría a Bolivia, a la ciudad de Sucre, en1848. Bolivia enviaría a un representante recién en 1889. El corte histórico de las relaciones, se produciría durante el gobierno de Evo Morales, con la declaratoria a Goldberg de persona non grata, la expulsión de la DEA y de USAID. Al respecto, comparto la conclusión de Carlos Mesa, quien dirá que Evo Morales, demostró que se podía ser gobierno y gobernar sin la embajada y sin Estados Unidos.
Una conclusión emergente: el libro no debería ser leído como un pretexto para declararnos o renovar nuestros votos proimperialistas o antiimperialistas, en caso de que tengamos una posición asumida. El libro deberíamos leerlo como es, como una investigación histórica que aporta saberes en base a evidencia verificable.
No con el ánimo de acrecentar la vanidad de los autores, que de hecho no la necesitan debido a que la calidad del libro habla por ellos, podría decirse que su ambición investigativa ha sido coronada con incuestionable éxito. El contenido del libro, Tan faltos de aire, historia de las relaciones de Bolivia y los Estados Unidos (1848-2008), que logra, en la narración, la coexistencia del humor y la ironía con la seriedad de sus fuentes, no debemos verlo como una contribución periférica, sino como un aporte central para la comprensión de la relación entre dos países, sin olvidar el peso y la gravitación asimétrica de cada uno.