Drama en pleno centro urbano: accidentes que sacudieron Sucre
Las condiciones del tráfico vehicular hace cuarenta o cincuenta años eran muy diferentes a las que se observan hoy en día.
RIESGO. Buses de la empresa "El Chaqueño", fundada en Camiri a principios de 1960. Foto: Camiri de Antaño Las condiciones del tráfico vehicular hace cuarenta o cincuenta años eran muy diferentes a las que se observan hoy en día. El flujo de vehículos era escaso y las calles de la capital no parecían intranquilizar a nadie, aunque a veces la fatalidad se precipitaba como una sombra amenazante sobre la apacible Ciudad Blanca de América...
Uno de esos hechos ocurrió una tarde de primavera de 1972. Transcurría el mes de noviembre en Sucre, cuando la ciudad virtualmente se detenía por las vacaciones de fin de año. Una calurosa jornada, un bus de transporte de la empresa “El Chaqueño”, que hacía el servicio regular entre Sucre y Camiri, ingresaba a la zona central por la calle Calvo tras el largo y extenuante viaje desde la “Capital Petrolera”. Debido a la hora (cerca de las dos de la tarde), las calles estaban casi vacías y en esos tiempos los semáforos solamente cubrían las primeras cuadras alrededor de la Plaza 25 de Mayo.
El vehículo descendió desde El Abra (por entonces muy despoblada) y llegó a El Guereo, donde empezaba el tramo pavimentado. Viró a la izquierda y empezó su descenso por la empinada calle Calvo. El bus (un Ford -700 muy utilizado en esa época en el transporte de carga y pasajeros) sufrió la rotura de frenos –según recuerdan testigos del hecho– a la altura del templo de San Lázaro. En esa época, el tráfico de vehículos pesados se desviaba en la intersección con la Abaroa, para luego seguir hasta la Camargo.
La improvisada Terminal de Buses estaba ubicada en la avenida Hernando Siles, donde tenían sus oficinas de despacho todas las empresas de transporte de pasajeros y carga.
Aquella funesta jornada, el bus fue ganando velocidad a medida que el conductor hacía esfuerzos para mantener el control. A la altura del templo de Santa Clara encontró un primer vehículo estacionado (eran pocos en esa época y a esa hora de un sábado), al que luego de impactar arrastró por varios metros.
La descontrolada carrera del motorizado continuó hacia la Plaza 25 de Mayo. Un segundo automóvil fue golpeado en la intersección con la calle España. Todavía con alta velocidad, el autobús impactó contra la esquina del edificio de la Alcaldía (salvando la vida milagrosamente un niño encargado de la venta de periódicos) para luego, en un efecto de carambola, estrellarse contra otros inmuebles de la calle Arenales y finalmente detener su marcha en puertas de la iglesia de San Miguel.
El resultado de este aparatoso accidente pudo ser peor. Los pasajeros y el conductor de la flota sufrieron algunas contusiones, así como el dueño del taxi estacionado en la puerta de Santa Clara. Ese vehículo, de reciente fabricación, quedó totalmente inutilizado. El incidente pagó un bajo precio ante lo que pudo haber sido si ocurría en una jornada de mayor afluencia de tráfico vehicular y peatonal.
TERROR EN PLENO CENTRO
Promediando la década de 1980 se suscitó en Sucre otro impresionante accidente de tráfico. Cerca del mediodía, las calles San Alberto y España presentaban el movimiento vehicular y de personas habitual a esa hora. La zona del centro financiero de la ciudad se veía, como es habitual, muy concurrida de gente y de motorizados. Aunque en esos años, la cantidad de estos en las calles era sustancialmente menor a lo que se observa hoy en día, los autos y micros ya se alineaban en importantes columnas esperando las señales del paso de los semáforos.
A esa hora, un camión vacío, de mediano tonelaje, descendía por la calle San Alberto, entonces de doble ruta hasta la intersección con la Abaroa. De pronto, el chofer constató una terrible situación: los frenos no respondían.
El vehículo comenzó a ganar velocidad, mientras el conductor hacía señas desesperadas desde la cabina pidiendo a la gente y conductores que se hicieran a un lado. El camión pasó a gran velocidad la intersección con la calle Abaroa y se precipitó a toda velocidad hacia la zona de peligro. Quienes tuvieron tiempo lo esquivaron, pero el pesado vehículo llegó como un proyectil para impactar con el primer motorizado que encontró en la España, esquina del Banco Nacional y la Fiscalía General. Tras incrustarse de lleno contra un colectivo, arrastró en cadena a más de una decena de autoomtores que se encontraban en toda la cuadra.
Según recuerdan testigos del hecho, la cabina del micro fue arrancada, quedando desprendida del chasis o armazón. Una mujer de la tercera edad falleció en el acto al ser aplastada por los restos del autobús destruido. Cerca de 20 personas quedaron heridas o contusas, entre ellas un motociclista que todavía tuvo tiempo para protegerse. Milagrosamente, tanto el chofer del camión como el del colectivo salvaron sus vidas, aunque uno de ellos, el transportista de pasajeros, sufrió lesiones de consideración. El operativo de limpieza de la calle San Alberto demoró varias horas y fue necesaria una grúa especial para despejar la vía, en la que habían quedado diseminados varios automóviles con importantes daños.
Desde entonces, los responsables de Tráfico prohibieron el tramo de bajada de la calle San Alberto (restituido parcialmente hace algunos años) y ampliaron el radio de restricción de ingreso al centro para camiones de alto tonelaje.
DIFICULTADES
Con la época de lluvias llegaba también un cierto “encierro” de la capital, donde salir o llegar, ya sea por carretera o utilizando otros medios de transporte, se convertía en una aventura.
Una ciudad aislada en tiempo lluvioso
A mediados de la década de 1970 y gran parte de 1980, la precariedad del transporte de pasajeros era evidente en la Sucre de esos tiempos. A la falta de carreteras completamente transitables se agregaba un aeropuerto (Lajastambo) virtualmente inoperable durante la época de lluvias. El servicio ferroviario venía en alguna medida a suplir esas falencias, pero también sufría por las inclemencias del tiempo y los retrasos en sus viajes eran bastante frecuentes.
Con la época de lluvias llegaba también un cierto “encierro” de la capital, donde salir o llegar se convertía en una aventura. La ruta entre Sucre y Potosí contaba con varias quebradas y pequeños ríos que podían interrumpir el viaje por varias horas si las lluvias eran sostenidas. Eran conocidos los pasos de la quebrada de El Retiro o de Chaupi Molino, así como el río de Soico, lugares casi infranqueables cuando las aguas estaban crecidas.7