La información a saber del plasma convaleciente, un tratamiento que toma fuerza en el mundo
En Bolivia, este tratamiento también fue avalado por el Ministerio de Salud y ya arrojó resultados positivos
Estados Unidos emitió una autorización de emergencia para utilizar plasma sanguíneo de pacientes con covid-19 ya recuperados como tratamiento contra la enfermedad.
En Bolivia, este tratamiento también fue avalado por el Ministerio de Salud y ya arrojó resultados positivos, por lo que se emprenden campañas en instituciones y redes sociales promoviendo la donación del líquido.
¿Es seguro y eficaz? ¿Ha puesto la administración del presidente Donald Trump las consideraciones políticas por delante de la ciencia? Esto es lo que necesita saber:
¿QUÉ ES EL PLASMA CONVALECIENTE?
Cuando una persona tiene covid-19, su organismo produce anticuerpos que combaten el coronavirus. Estas proteínas flotan en el plasma, el componente líquido de la sangre.
Los anticuerpos se pueden recolectar de pacientes que se recuperaron de la enfermedad e inyectarlos en la sangre de otros para ayudarlos a combatir la misma infección.
Bautizada "inmunización pasiva", la idea no es nueva. Ya se probó antes contra la difteria en 1892 y luego contra la pandemia de gripe española en 1918.
¿ES SEGURO Y EFICAZ?
La investigación sobre estas cuestiones está en curso, pero algunas señales iniciales fueron alentadoras.
En junio, la Clínica Mayo, con sede Rochester (Minnesota), analizó la seguridad del plasma después de una transfusión en un grupo de 20 mil pacientes con covid-19 y encontró tasas extremadamente bajas de efectos secundarios como insuficiencia cardíaca, lesión pulmonar, reacciones alérgicas y muerte.
"Concluimos que el uso de plasma convaleciente era seguro", dijo a la AFP el doctor Scott Wright, quien dirigió el estudio que se publicó en la Mayo Clinic Proceedings.
Es importante destacar que no hubo signos de un efecto llamado "potenciación dependiente de anticuerpos", generado cuando los anticuerpos que no son adecuados para detener un virus en realidad conducen a que más células se infecten.
Sobre la cuestión de qué tan útil resulta el método, todos los expertos coinciden en la necesidad de más ensayos clínicos para comparar el uso del plasma con la atención médica estándar.
El doctor Soumya Swaminathan, científico jefe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo que algunos ensayos más pequeños informaron de los hallazgos. "Los resultados, en algunos casos, apuntan a algún beneficio, aunque no han sido concluyentes", matizó.
Otro estudio de la Clínica Mayo, que no fue un ensayo clínico y aún no fue revisado por pares, sugirió que el plasma ayudó a reducir la tasa de letalidad entre los pacientes hospitalizados cuando se administró de forma temprana y en momentos en que los niveles de anticuerpos eran altos.
Pero no se usó placebo, lo que dificulta la interpretación de los hallazgos.
En ese estudio participaron 35 mil pacientes y mostró que aquellos que recibieron transfusiones en los tres días después de su diagnóstico de covid-19 tuvieron una tasa de muerte del 8,7% a la siguiente semana.
De su lado, aquellos que recibieron plasma después de cuatro o más días tuvieron una tasa de muerte del 11,9%.
Mientras tanto, investigadores de la Universidad Johns Hopkins –centro de referencia en el tema del covid-19 en Estados Unidos– están llevando a cabo una prueba en la que utilizan plasma para inmunizar a los pacientes antes de que tengan la posibilidad de enfermarse.
David Sullivan, que dirige este ensayo, lo comparó con una "vacuna inmediata".
Si funciona, "podemos decirle a la gente que si tiene un alto riesgo... puede ponérsela y no tiene que preocuparse por ir al hospital", dijo a la AFP.
Si bien científicos creen que hay ventajas con el uso de plasma, a largo plazo se considera mejor apelar a anticuerpos más específicos.
Las ventajas son que los médicos saben exactamente lo que están usando y pueden dosificar las dosis. Además, los medicamentos pueden producirse en masa.
En sentido contrario, y dado que el virus está mutando continuamente, los anticuerpos que se produjeron en un laboratorio para combatir una versión anterior del virus podrían no ser tan efectivos como el plasma recién recolectado.