El ciclo del agua es más irregular e impredecible

La OMM advierte sobre la creciente escasez y estrés de los recursos hídricos mundiales

El ciclo del agua es más irregular e impredecible El ciclo del agua es más irregular e impredecible Foto: EFE

CORREO DEL SUR y EFE
Sociedad / 18/11/2024 03:27

Un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) pone de relieve la creciente escasez y estrés que afecta a los recursos hídricos mundiales y advierte que el año 2023 fue el más seco para los ríos de todo el mundo en más de tres decenios.

Además, en los últimos cinco años consecutivos, los flujos fluviales han sido muy inferiores a los normales, y los flujos de entrada a los embalses han seguido una pauta similar.

Según el documento Estado de los recursos hídricos mundiales, publicado el pasado 7 de octubre, esta situación reduce la cantidad de agua disponible para las comunidades, la agricultura y los ecosistemas, lo que ejerce una mayor presión sobre el abastecimiento mundial de agua.

Por otra parte, en los últimos 50 años, los glaciares sufrieron la mayor pérdida de masa registrada hasta la fecha. 2023 fue el segundo año consecutivo en el que todas las regiones del mundo que cuentan con glaciares experimentaron pérdidas de hielo.

De esa forma, el ciclo del agua se está convirtiendo en el canario que avisa del peligro en la mina del cambio climático.

PRECIPITACIONES Y SEQUÍAS

Dado que 2023 fue el año más cálido del que se tiene constancia, las elevadas temperaturas contribuyeron a prolongar las sequías.

No obstante, también se produjeron numerosas crecidas a nivel mundial. Los fenómenos hidrológicos extremos se vieron influidos por condiciones climáticas naturales, la transición de La Niña a El Niño a mediados de 2023, así como por el cambio climático inducido por el hombre.

"Los recursos hídricos son un indicador de peligro del cambio climático. Recibimos llamadas de socorro en forma de precipitaciones, crecidas y sequías cada vez más extremas que se cobran numerosas vidas y perjudican gravemente a los ecosistemas y las economías. La fusión de la nieve y los glaciares pone en jaque la seguridad hídrica a largo plazo de muchos millones de personas. Y, sin embargo, no estamos adoptando las medidas urgentes necesarias", declaró la secretaria general de la agencia.

Celeste Saulo detalló que, a raíz del aumento de las temperaturas, el ciclo hidrológico se ha acelerado. “También se ha vuelto más irregular e impredecible, y nos enfrentamos a problemas crecientes de exceso o escasez de agua. Una atmósfera más cálida retiene más humedad, lo que favorece las precipitaciones intensas. La evaporación más rápida y la desecación de los suelos empeoran las condiciones de sequía", afirmó.

MEJOR MONITOREO

“Y, a pesar de todo ello, es muy poco lo que se sabe sobre el verdadero estado de los recursos mundiales de agua dulce. No podemos gestionar lo que no medimos”, prosiguió Saulo, añadiendo que el informe pretende contribuir a mejorar el monitoreo, el intercambio de datos, la colaboración transfronteriza y las evaluaciones. “Es una necesidad urgente".

AMÉRICA LATINA

El informe destaca que América Central, Argentina, Uruguay, Perú y Brasil se vieron afectados por una sequía generalizada; esta provocó una pérdida del 3% del producto interno bruto en Argentina, por ejemplo, y a los niveles de agua más bajos observados hasta la fecha en el Amazonas y en el lago Titicaca.

También redujo las condiciones de descarga fluvial en 2023 y en todo el continente americano se observaron caudales inferiores a los normales.

Los niveles de humedad del suelo por debajo o muy por debajo de lo normal predominaron en vastos territorios de todo el mundo y América del Norte y América del Sur presentaron condiciones especialmente secas entre junio y agosto.

Durante septiembre, octubre y noviembre, América Central y América del Sur, especialmente Brasil y Argentina, se enfrentaron a una evapotranspiración real muy por debajo de lo normal. En México, esta situación persistió casi todo el año debido a las condiciones de sequía.

EL CASO BOLIVIA

En Bolivia, la frecuencia e intensidad de los episodios de sequía es cada vez mayor tanto en el altiplano como en las llanuras. En 2023, llegó el período seco más prolongado de su historia, consecuencia de las altas temperaturas y la crisis climática, intensificada por el fenómeno de El Niño. En siete de los nueve departamentos del país, cerca de 2 millones de personas vieron cómo la falta de lluvia secaba sus campos, según un artículo publicado por la plataforma IFRC.

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