Paleontólogo, sobre Bolivia: “Necesitaría tener siete o diez vidas para poder estudiarlo todo”
“Bolivia ha sido oída a nivel de estas investigaciones científicas”, manifiesta el estudioso español profesor en EEUU
Quedaron atrás los años que Raúl Esperante dedicaba a ballenas fósiles. Desde que dio el salto a las huellas y restos de dinosaurios, ha viajado una quincena de veces a Toro Toro, que sigue siendo noticia mundial por el estudio que contó 16.600 huellas de dinosaurios en una sola pampa, aunque estima que la cifra sube hasta 25.000, “fuera de lo conocido hasta ahora”.
Esperante atiende por zoom la solicitud de CORREO DEL SUR en California, Estados Unidos, donde reside. Profesor de la Universidad Loma Linda de ese país, dirigió el estudio y no solo ha visitado el Parque Nacional Toro Toro, situado en Potosí, sino otros municipios donde hay restos paleontológicos.
Tiene pendiente visitar varios sitios a donde ha sido invitado.
“Hay tanto por estudiar en Bolivia que no tenemos tiempo para todo y hay que hacer una buena selección (…) Es uno de los países con una mayor riqueza en yacimientos de huellas de vertebrados, incluyendo dinosaurios; está casi todo por estudiar”.
Califica a Cal Orck’o, en Sucre, donde está el Parque Cretácico, como un “yacimiento importantísimo” de huellas de dinosaurios, con muchos desafíos técnicos por la verticalidad del farallón que las contiene, y destaca los estudios realizados por el paleontólogo suizo Christian Meyer.
Cita Potosí, Anzaldo (Cochabamba), Camargo (Chuquisaca) y su lista puede seguir.
“Necesitaría tener siete o diez vidas para poder estudiarlo todo”, grafica, con una sonrisa en el rostro.
Remarca que la paleontología está desarrollada en Argentina y Brasil, a diferencia de otros países de la región.
“En Bolivia somos muy pocos haciendo investigaciones y la mayoría extranjeros (…) Necesitamos muchas personas para hacer esos estudios y también necesitamos apoyo institucional”.
Explica que a veces es moroso obtener permisos, aunque destaca la buena cooperación establecida con diversas instituciones públicas y pobladores.
¿CÓMO EMPEZÓ?
El investigador español llegó al país en 2019, antes de la pandemia del covid-19, dejando atrás dos décadas de estudio de ballenas fósiles en Perú, en un desierto cada vez más hostil para él. Tras la cuarentena, reforzó el trabajo y determinó con su equipo compuesto por investigadores extranjeros y nacionales llevar adelante dos campañas cada año, cada una de cuatro semanas.
Cuando llegaban a Toro Toro, organizaban conferencias y visitas de campo para los pobladores e incluso participaban turistas, lo que contribuyó con la formación y sensibilización de manera progresiva.
Las 16.600 huellas en más de 7.400 metros cuadrados rompen un récord mundial en cantidad, pero Esperante señala que la cifra no es relevante científicamente, sino sus características: huellas continuas, rastros de natación, arrastres de cola y pisadas de aves.
El estudio describe 11 tipos de pisadas al caminar y tres tipos de rastros de nado, probablemente en una antigua zona costera. Las marcas de natación se cuentan en 280.
SENSIBILIZACIÓN
Esperante está orgulloso: “Uno de nuestros intereses y esfuerzos es sensibilizar a la opinión pública y también a las instituciones y administradores gubernamentales acerca de la importancia de los estudios, del apoyo a los estudios y de la conservación (…) Estamos dando pasos positivos”.
Paralelamente, escribían artículos y presentaban los resultados de sus investigaciones en todo el mundo.
“Bolivia ha sido oída a nivel de estas investigaciones científicas”.
Estos días su teléfono no para de recibir nuevos mensajes de medios de comunicación, colegas y otros interesados en la investigación publicada en la revista internacional Plos One.
“Lo que hay en Bolivia se está dando a conocer gracias a esta investigación y eso creo que es muy importante y las instituciones y personajes de la administración boliviana necesitan ser conscientes de eso”.
Ya planifica su campaña de 2026. El equipo se concentrará dentro y fuera del parque nacional Toro Toro en pisadas fósiles de vertebrados, aves, tortugas –un yacimiento de este tipo es una novedad en Bolivia, dice– y, por qué no, reptiles voladores.
PARA SABER
Muchas más huellas:
Contadas en el estudio en Carreras Pampa: 16.600 en una sola superficie, superando cualquier otro registro previo.
Añadiendo las huellas de natación, unas 2.000
Usando la fotogrametría, que permite ver muchísimas más huellas de las que los ojos perciben: 20, 25% más
En total: 25 mil huellas de terópodos, “fuera de lo conocido hasta ahora en el resto del mundo”
¿A quiénes pertenecen?
En su mayoría a dinosaurios terópodos, carnívoros ágiles que dejaban huellas tridáctilas.
Hay marcas de arrastre de colas y nado, estas últimas se formaban por el arrastre del dedo central del pie de los terópodos mientras nadaban.
También hay huellas de dinosaurios saurópodos, rastros grandes y redondos en su mayoría, de animales cuadrúpedos y herbívoros.
Aunque no en Carreras Pampa, sitio del estudio, en Toro Toro también hay huellas tridáctilas de dinosaurios ornitópodos herbívoros, escasas en todo el mundo.
Rastros de aves y tortuga, pero todavía no estudiadas.
No hay huellas de tiranosaurios, al menos no de gran tamaño.