Bolivia sueña en grande en la fiesta de la Alasita
La gente bendice al mediodía del 24 de enero las miniaturas que son sus deseos
LA PAZ. El Ekeko en la inauguración y en medio de la fiesta de la Alasita 2026, este sábado. Foto: Unitel Grandes sueños de abundancia, buena salud, una casa propia, un negocio, el bachillerato de los hijos o incluso tener pareja fueron expresados este sábado por los miles de asistentes al inicio de la Alasita, la patrimonial fiesta de la prosperidad y donde estos deseos son representados en artesanías en miniatura.
Centenares de artesanos abrieron en esta jornada sus quioscos en La Paz para la venta de miniaturas de billetes, maletas, casas, edificios, víveres, títulos de bachiller o universitarios y vehículos, entre otras artesanías.
La Alasita, que significa ‘cómprame’ en aimara, es una de las tradiciones más antiguas de la cultura andina, cuando la gente en La Paz bendice al mediodía del 24 de enero las miniaturas que representan sus aspiraciones y deseos para el año.
La fiesta celebraba en su origen el solsticio de verano austral el 21 de diciembre, con miniaturas que se colocaban a deidades andinas como las illas para que a lo largo del año los deseos que representan se convirtieran en realidad.
Según historiadores bolivianos, la celebración fue trasladada a enero en 1783 por orden del entonces gobernador de La Paz, el español Sebastián Segurola, para conmemorar la victoria de los suyos ante una sublevación indígena y en honor a la Virgen de Nuestra Señora de La Paz.
La festividad y sus símbolos se transformaron con el paso de los años hasta llegar a la actual expresión que fusiona lo ancestral con lo mestizo y urbano, algo reflejado también en la figura del Ekeko, la deidad andina de la abundancia y la fortuna.
En la época prehispánica lo que hoy se conoce como Ekeko estaba representado por una illa o efigie de piedra del dios Tunupa, mientras que durante la colonia surgió la figura que perdura actualmente, que es un muñeco regordete, con tez blanca y mejillas rosadas, cargado de diversos bienes a la espalda.
En declaraciones a EFE, la historiadora Sayuri Loza comentó que tras los levantamientos indígenas, fue un “logro” de los aimaras sublevados que se aceptara “el culto al ekeko”.
“El ekeko es un dios que resistió a las extirpaciones de idolatrías, a las persecuciones y se quedó como un símbolo de La Paz y actualmente es un símbolo a nivel nacional de abundancia, de sueños cumplidos y hechos realidad”, indicó Loza, que también es artesana.
FE Y TRADICIÓN
Los recorridos rituales que se hacen durante la Alasita en La Paz fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2017.
En el campo ferial, un enorme Ekeko de piedra es uno de los protagonistas, pues hasta allí llegan decenas de personas para “devolver” las miniaturas compradas el año anterior, agradecer por lo cumplido y ‘ch’allar’ o bendecir las adquiridas para la nueva gestión.
Las ‘ch’allas’ las hacen los mismos artesanos y sobre todo los ‘amautas’ o sabios andinos, con sahumerios, el repique de pequeñas campanas y rezos en aimara para pedir que se cumplan los deseos de quienes compraron las miniaturas.