Martes de Ch’alla: Tradición que une gratitud, Carnaval y cosmovisión andina
Esta costumbre tiene raíces prehispánicas profundamente vinculadas al antiguo calendario agrícola andino
El Martes de Ch’alla es una tradición ancestral que marca el cierre de las celebraciones del Carnaval en Bolivia y representa un acto de agradecimiento a la Pachamama —la Madre Tierra— por los bienes y beneficios recibidos durante el año. Su nombre proviene de la lengua aymara y significa “rociar algo con algún líquido”, reflejando el gesto ritual de derramar bebidas como alcohol, vino o chicha sobre la tierra y los bienes materiales para bendecirlos y protegerlos.
Esta costumbre tiene raíces prehispánicas profundamente vinculadas al antiguo calendario agrícola andino. Originalmente, formas de ch’alla o ceremonias similares se realizaban durante el anata, la época de lluvia y fertilidad de los campos, para agradecer a la Pachamama por las primeras cosechas y pedir su favor para el ciclo productivo. Es una manifestación de la cosmovisión indígena de reciprocidad con la naturaleza, donde lo que se recibe de la tierra debe ser devuelto y agradecido con ofrendas.
Con la llegada de los españoles y la introducción del Carnaval europeo, estas prácticas ancestrales se sincretizaron con las festividades cristianas, colocándose el Martes de Ch’alla como el acto final de los días de fiesta que culminan antes del inicio de la Cuaresma. Así, lo que fue inicialmente un rito campesino ligado a las estaciones y al trabajo agrícola, se transformó en una tradición social que también se celebra en áreas urbanas, donde las familias, comerciantes y trabajadores participan decorando y “ch’allando” sus casas, negocios y vehículos.
A lo largo de los años, la ch’alla no solo se mantuvo sino que se ha expandido geográficamente. Aunque estuvo históricamente más arraigada en la región occidental andina de Bolivia, hoy se practica en muchas partes del país, incluyendo regiones del oriente, debido a la migración interna de comunidades que llevan consigo esta tradición.
Parte esencial de la ceremonia es la construcción de una mesa o apxata, un altar colorido con elementos simbólicos como flores, frutas, confites, hojas de coca y bebidas —todo ofrecido a la Pachamama como manifestación de agradecimiento y esperanza para el futuro.
Este gesto ritual reafirma la fe y la espiritualidad de las familias y refuerza los lazos comunitarios y familiares; la ch’alla se realiza en conjunto y con música y danzas propias del mundo andino.